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Miguel Angel Molfino: “La Brigada de Investigaciones era la antesala del infierno”

El escritor chaqueño Miguel Angel Molfino fue el testigo más importante de la 22ª jornada del juicio que se le sigue a 10 ex policías y 2 ex militares por cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.
Durante su relato aseguró que “si uno alguna vez imaginó cómo era el infierno, la Brigada de Investigaciones era la antesala” de ese horror.

 Sufrió todo tipo de tormentos, hasta una sesión de exorcismo.
Molfino fue detenido el 21 de marzo del ‘79 en Buenos Aires mientras tomaba un café con el arquitecto Eduardo Butticé en la zona de Tribunales. Fue el comienzo de un calvario que no pudo evitar pese a que intentó esconderse de las garras de los represores. En el año ‘74 la Triple A le colocó una bomba en su vehículo. El atentando lo obligó a elegir esconderse en Buenos Aires y evitar todo tipo de relación con sus compañeros del PRT.
Pese a todo el esfuerzo que puso, finalmente fue capturado por los militares en lo que pareció una razzia común, pero Molfino sospecha de una entrega y hasta pidió que se investigue a tres personas que denunció como colaboracionistas del golpe militar.
Su relato dio la impresión de que los represores actuaron con ensañamiento particular y hasta las torturas fueron practicadas por el placer de los captores, sin tener relación alguna con la represión de subversión.

En la Policía Federal

A poco de ser detenido es conducido a la Comisaría Tercera de la Capital Federal, donde fue alojado primero en el subsuelo y con posterioridad lo llevan al 7º piso para torturarlo.
Además de los “golpes que le propinó un karateka” le hicieron “el submarino en un tacho que estaba lleno de orín y excremento humano”. De allí fue trasladado a Coordinación Federal que define enviarlo al Chaco.
Cuando llega se entera de que tenía un pedido de captura del año ‘74 que fue emitido al poco de irse de Resistencia. Aparentemente habrían encontrado en su casa una revista del ERP.

Declaración en el juzgado

Fue uno de los pocos que logró tener un abogado cuando declaró en el Juzgado Federal de Resistencia, ante el entonces fiscal Carlos Flores Leyes y Roberto Mazzoni. El trámite judicial duró poco, pero tras obtener la libertad quedó a disposición del Área 233.
Mofino relató que “lo iban a liberar a la media noche, pero antes aparecieron camiones del Ejército. A todos los presos políticos nos agarró una angustia, varios eran veteranos de Margarita Belén. Y pensamos en resistir”.
“Me convocaron, salí de mi celda y me comunicaron que pasaba a disposición del área militar. Paradójicamente me sentí bien esa noche”, indicó y no era para menos porque de haber salido, la muerte podría estar esperándolo.

A la Brigada de Investigaciones

A los pocos días es sacado de esta cárcel por la Brigada de Investigaciones donde el grupo de tareas lo estaba esperando desde hacía varios años. “¿Sabés qué te va a pasar?”, le preguntó un policía antes de colocarle la venda.
Curiosamente fue alojado en la dependencia de la Juan B. Justo, que había cambiado mucho desde la última vez que fue detenido en el ‘74. Los torturadores ya no propiciaban golpes solapados, ahora eran expertos en la materia.

Reconociendo olores y voces

Por los olores que desprendían y las voces que escuchaban pudo identificar a José María Cardozo, Gabino Manader, Carlos Alcides Thomas, Eraldo Olivera, Emilio Zárate, Carlos Silva Longhi, entre otros.
En un momento dado de su testimonio subrayó en referencia a sus torturadores que “el desagradable olor” alertaba de que “un desagradable hombre” se acercaba para torturarlo.
Tras varias sesiones padece una hemorragia intensa que obligó a trasladarlo al Perrando, bajo un riguroso control policial con dos objetivos: evitar que se escape e impedir que tenga contacto con sus familiares; recibe atención.

Consejo de Guerra

El fin del calvario de Investigaciones fue el comienzo de una nueva aventura: una condena de 15 años. Tras su internación le conforman un Consejo de Guerra que lo encuentra culpable de todos los cargos.
Antes de que le den la sentencia, su abogado -un militar- le sugiere que para salir rápido se declare culpable de asesinar al general Juan Carlos Sánchez, abatido en 1972 por fuerzas del ERP.
Fue trasladado en noviembre de 1979 a la U9 de La Plata. A mediados de 1982 va a Rawson. A principio de 1983 a la U7, donde recupera su libertad.

El Club Hípico

Luego de la declaración de Molfino, cuatro ex presos políticos de Goya subieron al estrado. Todos fueron fuertemente torturados en el Club Hípico de esa ciudad. Como sus declaraciones podrían afectar a otras causas que están en proceso, el Tribunal les impuso que se limitaran al objeto del juicio.
Como ninguno de ellos estuvo preso en dependencias policiales de Resistencia, sus declaraciones no dieron muchos aportes. Pero en la querella esperan que hoy otros ex detenidos puedan identificar a sus torturadores.