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Los testimonios de la causa

Ex directora del Servi Trinitatis admitió que hubo "lavado de cerebros" por parte de sacerdotes

Una ex directora del cenáculo que instaló en Santa Rosa el controvertido Instituto Servi Trinitatis relató ante la Justicia Penal su paso por la congregación y admitió que ella y un grupo de internas sufrieron un ‘lavado de cerebro‘ por parte de al menos dos sacerdotes españoles que se instalaron en La Pampa.


‘Cuando empecé a vivir en la casa, era todo normal. Pero fue todo muy gradual, no me daba cuenta de las cosas que me iban metiendo en la cabeza. Teníamos una confianza ciega hacia los sacerdotes, no discutíamos lo que nos decían, fue todo muy sutil, muy de a poco‘, dijo.
El testimonio -al que tuvo acceso en parte Noticias Argentinas a través de la querella- fue ofrecido en el Juzgado de Instrucción 3.
La mujer ingresó a la congregación en 1999 y renunció a fines de 2005, en medio de una crisis interna.
Según una denuncia penal, los curas españoles Antonio Martínez y Ricardo Latorre habrían cometido los delitos de reducción a la servidumbre, defraudación y trata de personas, entre otros.
Los dos curas fueron acusados penalmente porque, según ex integrantes de la congregación, comandarían en la Argentina una agrupación que tendría, entre otros fines, ‘lavar el cerebro‘ de jóvenes y apropiarse de su dinero y bienes.
Los denunciantes dijeron que por el instituto han pasado unas 100 jóvenes de La Pampa, cuatro de las cuales fueron trasladadas a España.
Actualmente, habría solamente cuatro jóvenes internadas en la sede del instituto de Santa Rosa.
‘En febrero de 1999 fui a vivir al cenáculo. Durante todo el tiempo no le dije nada a mi familia que pertenecía al instituto‘, contó la ex directora.
‘No entendían demasiado en mi familia: había cambiado mi conducta, mi forma de vestir y mi postura respecto a la radio y a la televisión. Pero los dos me decían que no debían contar nada porque no entenderían esa forma de consagración‘, dijo la mujer frente a las autoridades judiciales.
Además, contó que incluso viajó a España, sede central del instituto, desde donde trajo euros escondidos en su ropa interior.
‘Nos daban bolsitas como de tela, toda cosida, la colgábamos de la ropa interior (...) No sé ni cuánto traía‘, dijo.
Confirmó también que a las jóvenes del instituto se les retiraban las tarjetas magnéticas para poder sacarles el salario, que quedaba en el instituto.
‘Las chicas no podían disponer de su dinero libremente. Era por el voto de pobreza. Lo hicieron para asemejarse a Cristo pobre y tenían que dar todo lo que tenían‘, dijo.
‘¿Qué hacían entonces con el dinero que sobraba? Estaba acumulado en las cuentas o lo destinaban a solventar las enfermedades de una chica. No le daban el dinero a esta mujer directamente sino que algunas chicas como estudiaban en Capital Federal le llevaban el dinero en lo que podían colaborar. Le entregaban el dinero a la directora de Capital Federal. No sé el destino del dinero‘, dijo.
La mujer señaló que las jóvenes internas tenían ‘gastritis‘ y ‘problemas en la piel‘ por estar en el lugar.
‘Muchas tenían gastritis o problemas en la piel, les salían granos, manchas, no se sabe si sería por la alimentación. No podían comer dulces, ni tomar café, té, mate, no podían comer yogur, salvo que el médico lo recetara‘, dijo.
Posteriormente admitió que había sido víctima de un ‘lavado de cabeza‘ y que los sacerdotes intentaron retenerla cuando ella les expresó que no estaba cómoda allí.
‘Ya pasado el tiempo comencé a sentirme mal en el lugar, en el año 2003 tuvo una crisis, le dije al padre Antonio que había perdido la alegría, que no era la misma de antes. El siempre me dijo que eran pruebas espirituales que las tenía que pasar‘, manifestó.
‘En cierto modo hubo un lavado de cerebro, dejé de tener mi personalidad. El 20 de diciembre de 2005 dejé de pertenecer al cenáculo y al instituto‘, sostuvo la mujer. NA

Testimonios de la Causa Servi Trinatatis

“¿Qué quieres? ¿Vestirte como una puta?”

Esa fue la respuesta del padre Ricardo Latorre a una joven de 18 años cuando le dijo que le gustaba comprar ropa. Fue uno de los pasos -que la joven relató en un testimonio que está en manos de la jueza Florencia Maza- que dieron los curas para ir dominando su voluntad, separarla de su familia e internarla en el cenáculo.

Una joven contó cómo ingresó a ST. Fue a los 18 años. “Me peleé con mis amistades, estaba mal y un día pasé por la catedral e ingresé. Encontré una chica que pertenecía a la Acción Católica, y me invitó a hablar con el padre Ricardo, diciéndome que me iba a hacer bien, porque me había visto llorando en la iglesia”, dijo.
Después la invitaron a los campamentos de la Acción Católica (la dicente no pudo ir por el trabajo), pero Ricardo ya le había ofrecido ser su director espiritual. Se confesó y como de penitencia Ricardo le dijo que debía ir todos los días a misa, empezó a darle libros de santos y empezar a corregir cosas, no decir malas palabras y le daba ciertas metas para una semana. Ella iba y le contaba al cura cómo había cumplido.
Esta chica relató que el padre Ricardo le dio “una hoja llamada ’estadillo’, que tenía desde el 1 al 31, que eran los días del mes. Al costado estaba escrito, como ítems, lectura espiritual (le), rosario, visita al santísimo, oración de la mañana (om). Cuando recién empezaba lo hacía en una hoja cuadriculada y era todo más corto, las visitas al santísimo duraban quince minutos o no rezaba un rosario entero al principio. El estadillo era secreto, no se lo podía mostrar a nadie, salvo a mi director espiritual”, relató la chica.
¿Qué significa que el padre Ricardo era su director espiritual? “Consiste en que cuando una persona quiere llevar una vida espiritual más comprometida, busca un sacerdote que la guíe en todo sentido. La dicente le contaba todo, de su familia, su madre, su padre, sus materias. El le decía todo lo que tenía que hacer referido a lo espiritual pero que afectaba toda su vida. Le decía que no tenía que ir a lugares mundanos, como los boliches, porque ahí Dios no estaba, nada de chistes de doble sentido, debía defender la iglesia a cualquier precio y delante de cualquier persona”, consta en el acta de declaración.
Una vez la testigo dijo que le planteó a Ricardo que a ella le gustaba comprarse ropa y verse bien. El de mala manera le preguntó: “’¿Qué quieres? ¿Vestirte como una puta?’. Que la ’dejó helada’. Cuando comenzó a avanzar en la espiritualidad, le prohibió mirar vidrieras, tenía que ’mirar sin mirar’. Le tenía que contar las tentaciones, por ejemplo si había tenido ganas de mirar vidrieras, por culpa, como lo tenía prohibido, le contaba y él le decía que tenía que confesarse, que no estaba bien”.
En el mismo año, en 1998, el padre Ricardo le planteó el tema de la vocación. Le dijo que la iba a invitar a un cursillo vocacional, porque la veía que había crecido mucho en la espiritualidad. El cursillo se hacía cuando no andaba gente en la Catedral, a la siesta o los domingos. “Había como cuatro o cinco chicas, algunas ya estaban viviendo en el cenáculo”, relató la testigo en la causa judicial.
Allí la convencieron de enviar una carta al padre Gratiniano Checa Colmena para ingresar a ST. “Ahí comenzó a ir a la casa, le explicaron qué era el cenáculo, que su familia ya no era su familia, sino que era Servi Trinitatis. A los seis meses de concurrir a la casa todos los días, se fue a vivir allí en octubre del año 1999, en calle O’Higgins”, relata el acta.
Le presentaron a su directora, quien le dijo que debía hacer un plan de vida, poniendo hora por hora todo lo que iba haciendo. Con la directora ella debía tener “claridad de conciencia”, debía contarle qué había hecho con su sueldo si no vivía en la casa, todo tenía que coincidirle, los ingresos con los egresos. Cuando se fue a vivir les contó la verdad a sus padres, quienes se pusieron remal, porque le dijeron que la habían perdido. Comenzó a ver a su familia cada vez menos.
“La casa tenía horarios para rezar. Se levantaban 6:30. Era todo rápido, en el primer ’pip’ del despertador había que levantarse, si no era pereza. Había que orinar rápido y lavarse la cara, e ir a arrodillarse a rezar en la capilla de la casa. De allí se iban a misa a las 7:15 a la Catedral. Era todo en silencio, no podían hablar desde las oraciones de la noche anterior. El desayuno era en silencio, podían tomar leche sola, no podían tomar ni té ni café ni mate, no podían comer cosas dulces”, según describió la joven.
“No podían condimentar las comidas porque buscaban el gusto, sentían placer”, dijo. “No podían tomar ni jugo ni gaseosa. A la hora de comer no hablaban, ponían cassettes de vidas de santos. Les habían prohibido decir ’chau’, tenían que decir ’adiós’”, contó.
Continuando con su relato, expresa que después de comer estaban en silencio hasta las cinco de la tarde y sólo podían dormir media hora de siesta. A las cinco se rezaba el rosario y la merienda era igual que el desayuno. “Las hacían bañar con agua fría aun en pleno invierno. Si alguien quería darle un beso había que decirle ’yo no saludo con besos’, no podían tocarse entre las chicas, no podía existir amistad para que no se formaran grupos, tenían que tratarse todas igual”, dijo.
Este testigo dijo que el obispo Fidel Brédice sabía todo del instituto. “Al obispo siempre le molestaron (las chicas de ST), nunca las quiso, nunca fue a la casa, las retaba en la Catedral. Es mentira que no sabía nada, padres fueron a hablarle sobre el tema y nunca les dio bolilla”, dijo en la causa judicial.

Los sueños

En otro tramo, la testigo relató que el padre Ricardo Latorre Cañizares “le había dicho que debía anotar qué cosas sentía en los sueños, si tenía orgasmos, que debía anotarlo, sacar todo afuera y tenía que contarle a él. Un día le dijo Ricardo: ’mirá, para que no haya nada oculto entre nosotros tenés que contarme todas las cosas impuras que has hecho en toda tu vida’, la dicente no entendía por qué si Dios la había perdonado y se había confesado, no entendía por qué debía contarle”.
La joven contó que “esas cosas le hacían mal, se enfermó, estuvo quince días en una cama sin saber qué tenía. Después que le contó todo al cura, él le dijo ’bueno, ves, con eso que me contaste, ahora te quiero más’. A veces sentía que Ricardo se obsesionaba con algunas personas, a la dicente la elegía como todo, él siempre decía que era ’la mejor’, en realidad la usaban”.

La santa

Este testimonio es uno de los que hablan sobre una mujer que los curas decían que era “santa”. “Nosotras teníamos que poner plata que se la daban a la directora, ésta supuestamente la mandaba a Buenos Aires y no se sabía qué pasaba con el dinero. Ese engaño fue durante cinco o seis años”, dijo.
“Ellos, los curas, decían que la mujer también los había engañado y que había sido todo una mentira. Algunas chicas empezaron a preguntarse cómo engañó esa mujer a los curas si ellos son revivos. Cuando las chicas comenzaron a avivarse, empezaron a echarlas del instituto”, dijo la testigo.
“Desde ese incidente nunca más le habló Ricardo, al poco tiempo le dijo que no la necesitaría más en la radio, que era una mentirosa, una irresponsable y que se fuera, hiriéndola, dijo que (Ricardo) es bruto y desagradable”, dice la testigo en la causa judicial que tiene en su manos la jueza Florencia Maza.

La huida

Dijo que se fue de Servi Trinitatis el 25 de diciembre de 2005. “Lloraba todo el día. Pero fui a celebrar la Navidad en Servi Trinitatis. Leyeron una carta donde en vez de feliz Navidad eran todas amenazas, provenía de España y era de Mariángeles. Al escuchar todo eso la dicente no volvió nunca más. Ahí quedó su tarjeta de débito, nunca se la dieron”. Desde el año 2007 está con tratamiento sicológico.
La joven contó que fue a España. Y vio cómo otras chicas trajeron dinero. “Estuvo en España, en Cuenca y en Madrid en el año 2003, viajó con otra chica. Fueron a conocer el instituto y al padre Gratti. Tuvo que decir que iba a España a hacer un curso por la vida. Les daban un diploma que decía que habían estado en un curso internacional y en realidad eran sólo cinco personas”.
Contó que “vio que las chicas armaban bolsitas de tela de plata que se las cosían en la bombacha o corpiño y las llevaban en el avión. Que llevaban dólares o euros. Se les prohibía decir para qué llevaban el dinero o por qué ni cuánto, el motivo era hacer obras de bien, o para la mujer que decían era santa”.
La joven dijo que en el instituto “siempre le enseñaron ’vos no sos nada’. Cuando salió del instituto no sabía tomar una decisión por sí misma, ni se valora como persona aún en la actualidad. Expresa que en la actualidad todavía las cosas están metidas en el fondo, y a veces se siente culpable de verles la cara a los curas, porque ellos se hacen los dolidos, las víctimas. Que muchas chicas no quieren remover el pasado porque sufren igual que la dicente. Que todo lo que hizo ahí adentro lo hizo de corazón, pero la engañaron, con ellos perdió la fe. Recién hoy pudo rezar un rosario, lo que más le duele son los años que dejó de su vida ahí adentro, siendo engañada”. 
Fuente: El Diario de La Pampa