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Villa Rural El Palmar

Una comunidad con vida propia

Como escondida en medio de las chacras y campos cubiertos por arbustos y palmeras; ¿quién imaginaría que la mitad de ese largo camino, en partes de ripio, en partes de tierra, hay una comunidad organizada que tiene vida propia, con sus instituciones funcionando a pleno, y con gente sencilla, cordial y hospitalaria?

Son las ocho y media de la mañana y desde el camino que va de Quitilipi hacia al norte, recorriendo unos 60 kilómetros, las palmeras parecen abrazar el camino y dar la bienvenida. Allí emerge la Villa Rural El Palmar, población que nació hace 68 años cuando colonos inmigrantes, algunos asentamientos aborígenes y un grupo de criollos comenzaron a trabajar la tierra.
En 1951 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, se construyó lo que hoy es la Escuela 535, institución llena de historias y anécdotas, que marcó un hito en la formación de quienes hoy, incluso, son docentes en la misma escuela y en el colegio secundario.
Pero la pujanza de esta comunidad va acompañada por la firme idea de algún ser de una municipalidad de tercera categoría. Los vecinos, docentes, alumnos y también referentes de las entidades intermedias están dispuestos a volver a insistir con este propósito, ya que lo hicieron tres veces.
Es que El Palmar, tiene vida propia. Funciona una escuela primaria, la EGB 435; un colegio secundario, el CEP 57; un jardín de infantes, el 115 y una Escuela Para Adultos. Además, hay un registro civil, un juzgado de paz y una comisaría, además del puesto sanitario A que cubre una extensísima área geográfica y poblacional, estimada en cerca de los 6.500 habitantes.
El Palmar tiene bajo su jurisdicción a parajes como El Tacuruzal, Pampa Bandera —donde asesinaron al legendario Isidro Velásquez—, La Matanza; El Paraisal; La Pampita y otros parajes más pequeños. En total, una extensión de 923 Km 2.
Todavía depende del Instituto de Colonización, catastralmente, identificado como el lote 16.

Un lugar de tranquilidad

En las calles de El Palmar, se respira tranquilidad, y muy lejos de lo que el ruido de la ciudad, hay un detalle que no es menor: “Acá no hay chicos pidiendo, y todavía se puede dejar el auto sin llave, la bicicleta o la moto sin candado, es más, acá todos nos cuidamos. Y enseguida se pasan el dato si ven personas que no son de acá...”, cuenta el subcomisario Mario Herrera, a cargo de la Comisaría de El Tacuruzal, que curiosamente lleva el nombre de un paraje vecino.
“Hace un rato, vinieron unos chicos y nos avisaron que había dos muchachos sacando fotos... así nomás es aquí... Pero todo tranquilo”, dice el uniformado que tiene a su cargo 25 efectivos, por la amplia zona de influencia.

Entre el fútbol y el truco

La costumbre del picadito de fútbol y las largas charlas de amigos en los almacenes, con truco de por medio, no se han perdido en El Palmar. “Acá juegan a la pelota desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche, hay tres ó cuatro canchas”, comenta el portero de la escuela primaria.
“Y en el bar, se juntan y charlan, y por supuesto, viene el truco después”, añade.

Textos de Hipólito Ruiz - Fotos de César Mendoza