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Eduardo Barreto
Por: Eduardo Barreto
13 de agosto de 1964

El día que intentaron matar a Frondizi

A mediados de 1964 la paz social de los argentinos navegaba por aguas encrespadas. Aún estaba fresca en la memoria colectiva, la coacción militar contra el expresidente Arturo Frondizi, derrocado en un golpe palaciego en 1982.

Acorralado por casi todas las fuerzas productivas, políticas y económicas, el presidente Arturo Illia, carente de una fuerza electoral que lo sustentara, llegó al poder con el 25 % de los sufragios. Debió sortear infinidad de dificultades para mantenerse en la primera magistratura, sin lograrlo ya que fue también destituido. Gobernó con una inflación incesante; con un aumento permanente del costo de vida, a lo que hay que agregarle la violencia política acicateada por la Resistencia Peronista y el fogoneo militar de azules y colorados, que llegaron incluso hasta el enfrentamiento armado. El desabastecimiento de los artículos de primera necesidad completaba el panorama difícil, al que los medios de comunicación le agregaban su dosis de pesimismo.

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El presidente Arturo Frondizi salvó su vida de milagro.

El plan de lucha de la CGT

Referirse a la vida gremial argentina de esos tiempos es aludir a la acción del sindicalismo peronista, con varios gremios intervenidos y otros ‘amigos’ del gobierno. Al estar proscripto el peronismo, debieron elaborar estrategias para mantener en vigencia algunos de los derechos conquistados durante los diez años de gobierno del General Juan Domingo Perón, durante las décadas del 40 y 50.

Las huestes cegetistas conducidas por el dirigente textil José Alonso elaboraron un plan de lucha que comprendía tres etapas y que duraría todo el año.

El plan consistía en la ocupación y toma pacífica de las plantas fabriles, entidades estatales y privadas de todo el país. Las 62 organizaciones peronistas y otras que adhirieron espontáneamente, coordinaron este movimiento de fuerza gigantesco e inédito en el país, socavando las bases esenciales del Estado nacional y de la vida privada.

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Dardo Cabo fue uno de los atacantes identificados.

Desde la Casa Rosada abundaron los comunicados condenando este plan, hacia “los que no dejan mover la rueda económica”. Una campaña nacional busca desprestigiar al gobierno, sostenían. Afiches con la imagen de una tortuga fueron desplegados en todo el país, aumentando la imagen de ‘lentitud’ del presidente.

En marzo de 1964 la CGT, Regional Chaco, recibió a los dirigentes nacionales Pío Domínguez y Andrés Framini, que afirmaban: “Estamos en la provincia Presidente Perón y desde aquí difundiremos los lineamientos de nuestro plan de lucha, a la vez que condenamos la influencia de los imperialismo sobre el gobierno nacional”.

En mayo de ese año un informe oficial de la provincia aseveraba que fueron tomados cuatro establecimientos de productos alimenticios y diez empresas cerámicas. José Alonso informó que en cuatro días de ejecución del plan de lucha se ocuparon 3.850 empresas en cuatro regionales, con la participación de 1.900.000  trabajadores. Al finalizar el plan se habían ocupado 11.000 empresas.

“Tiren contra Frondizi”

Nos pareció pertinente describir el contexto en el cual se cometió el atentado contra la vida del expresidente argentino. En un clima político y social enrarecido, tormentoso y alterado por la intranquilidad que generaba el accionar gremial, era casi lógico que ocurriera un hecho de tamaña gravedad. 

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En 1958 Sylvestre Begnis fue elegido gobernador de Santa Fe.

A toda esta situación hay que sumarle la incorporación al escenario político de los grupos guerrilleros que estaban realizando su bautismo de fuego, tanto en la Capital Federal como en las sierras y montes del noroeste argentino. En esta región los grupos armados tenían afinidad ideológica con el Che Guevara.

En la noche del 13 de agosto en los salones de la Sociedad Gallega se realizaba una cena de la amistad en la que un grupo de simpatizantes del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) rendía homenaje a Carlos Silvestre Begnis y al expresidente Frondizi.

Al grito de “Viva Perón” irrumpió en el salón, un comando armado integrado por diez jóvenes, que inmediatamente abrió fuego contra la mesa cabecera, donde se encontraban las autoridades.

Frondizi y S. Begnis salvaron milagrosamente sus vidas. El atentado dejó cuatro heridos, uno de ellos, Oreste Frondizi, hermano del exmandatario, que fue trasladado en estado grave hacia una clínica cercana.

Pasada la conmoción del momento en el lugar del hecho se recogieron volantes que decían “Perón Vuelve”, “La juventud de pie para realizar la revolución – JP Comando Norte” y “Felipe Vallese, tu nombre es sed de Justicia y grito de guerra de toda una generación. JP Comando Revolucionario”.

En inmediaciones del salón fue encontrada una bomba que no alcanzó a explotar. Pero no todo terminó esa noche: dos días después, en plena sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, falleció de un infarto el diputado correntino del MID, Fernando Piragine Niveyro. En ese momento estaba  pidiendo informes sobre el atentado a Frondizi a las autoridades nacionales.   El extinto había sido gobernador correntino. 

El 18 de agosto el jefe de la División Delitos Federales de la Policía Federal informó que las fuerzas de Inteligencia habían logrado identificar a uno de los atacantes (al parecer al líder del grupo), que resultó ser Dardo Cabo, de 23 años e hijo del dirigente sindical peronista. Luego de varios allanamientos se detuvo a otros tres de los atacantes (Página Versión País, 2015).

“Las aguas bajan turbias”

De ahí en más las críticas contra el Ejecutivo arreciaron con más fuerza. El bloque de diputados justicialistas del Chaco repudió el atentado; lo propio hizo la CGT Regional Chaco, que responsabilizó al gobierno de “estar engendrando esta acción, por su indiferencia, por su sordera, su indiferencia, su parcialidad”. Los sectores más duros sostenían que con esta inacción se facilitaban los atentados. Y el gobierno aprovechaba los hechos para realizar razzias y detenciones.

El reloj de las FF.AA. se detuvo por esas horas. Si el gobierno no modificaba su gestión de gobierno, al pueblo argentino le esperaban horas aciagas. El movimiento obrero puso en marcha la tercera etapa del plan, lo que ahondó la brecha social entre las fuerzas gobernantes y la oposición (de todos los colores políticos).

La presión militar aumentaba día a día y no se advertía mejoras en la marcha de la economía nacional. El día tan temido llegó el 28 de junio de 1966, en que el sector militar que encabezaba el general Onganía, derrocó al honesto cordobés. Los militares no tenían tiempos para gobernar, habían llegado para cumplir objetivos, que no fueron precisamente populares.