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Eduardo Barreto
Por: Eduardo Barreto
Lideresa de los primeros tiempos

Gabriela Coni, pionera en la lucha por los derechos de la mujer

Las feministas nos enseñan que ya pasó para nosotras el tiempo de la inercia, nuestra Edad Media. Millones de mujeres trabajan en Europa para obtener este resultado; Intentémoslo pensando que muchas piedras alineadas forman también murallas. Tengamos confianza. El tiempo ansiado está por llegar” (Gabriela L. de Coni)

   Llegada de Francia, luego de un fallido amor, esta francesa llegó a nuestras tierras con el que sería su amor hasta el fin de sus días. Su acompañante y compañero de vida fue el médico sanitarista Emilio Coni, por entonces presidente de la Sociedad Médica.

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   Gabriela provenía de una familia noble pero en la Argentina, acompañando a su marido en sus campañas sanitarias, conoció las injusticias, el hambre, las enfermedades y las condiciones de trabajo indignantes para mujeres y niños. 

   Cuando el siglo XX asomaba, con la fanfarria de los grupos dominantes de nuestro país que celebraban el triunfo transitorio del “Progreso Indefinido” basándose en el exterminio de los pueblos originarios, y la violenta represión a obreros y “gringos” recién llegados al país, se crea la Liga de Lucha contra la Tuberculosis. El matrimonio Coni fue un baluarte en esa lucha, que año a año se cobraba miles de vidas.

Modificar la realidad

  A principios del siglo XX Gabriela Coni comenzó a frecuentar las bibliotecas socialistas, y de la vasta lectura realizada entendió uno de los principios básicos del socialismo: la realidad no sólo debe ser descripta, sino también modificada. A partir de ese momento comenzó su vida militante.

   Gracias a su prédica, la Municipalidad de Buenos Aires promulgó leyes para combatir la plaga y para mejorar las condiciones higiénicas en las fábricas, donde se hacinaban las obreras de distintas ramas. Consecuente con sus ideas, en 1901 ingresó al Partido Socialista, encarando su lucha desde el periódico partidario La Vanguardia. Desde ese órgano periodístico bregó incansablemente por una ley que protegiera a las mujeres y a los niños en las fábricas, como así también el castigo para los que incumplían las medidas.

   Adolfo Bullrich, Intendente de Buenos Aires, ordenó en 1901 un Censo General que sirviera como fuente estadística para la elaboración de leyes por las que tanto Gabriela Coni venía luchando. Cuando fue nombrada Inspectora de Talleres nunca dejó a denunciar las violaciones contra la salud de las trabajadoras, aun sabiendo de la connivencia que existía entre los dueños de las fábricas y las autoridades municipales. En paralelo, su militancia por el socialismo la llevó también a escribir varios libros con la misma temática. 

   Entre sus obras en  favor de las luchas por las libertades de las mujeres, figuran: “El descanso de las domésticas”; “Accidentes de trabajo”; “El descanso dominical”, escritas en medio del fragor de las luchas obreras y populares que alcanzaron su auge en las primeras dos décadas del siglo XX. Pero su libro cumbre fue  “El barrio de las ranas”, donde describía las paupérrimas condiciones de vida de los habitantes del Barrio La Quema.

La revolución como única salida

   En ese momento histórico los anarquistas, los socialistas y los sindicalistas tenían fuertes polémicas acerca de las formas que debía adoptar la revolución obrera. Gabriela presentó el Proyecto de Ley para Protección del Trabajo de las Mujeres y los Niños en las Fábricas, aprobada en el Congreso Nacional en 1907, meses  después de su muerte, por iniciativa del diputado Alfredo Palacios.

  Incansable en la lucha por sus ideales, en 1901 fundó, junto a un grupo de mujeres porteñas, la Liga de Mujeres por la Paz, que tenía como objetivo de máxima evitar la guerra entre Argentina y Chile. “No más aristocracia del dinero, no más burgueses”, sostenía esta mujer, la primera en la historia argentina en hablar en un acto político. “En los países europeos el mismo grito resuena. Aquí, allá y más allá, la Liga hace sentir su idéntico gemido: ayudar al pueblo a tornarse dueño de su propio destino, y a encaminarlos según sus propios deseos”.

   Estaba convencida de que solamente a través de una revolución integral que modificara las estructuras  que sostenían al sistema capitalista, podía darse la liberación de mujeres y hombres de este país. Gabriela Coni, que llegó a integrar por su capacidad y entrega el Comité Ejecutivo del Partido Socialista, , no esperaba que las luchas se desataran para sumarse a ellas. Por el contrario, donde veía una necesidad fomentaba la creación de un grupo de lucha: “La huelga general es la revolución”, afirmaba.

   Sin laureles ni títulos honoríficos, esta luchadora falleció enero de 1907.

 

La lucha por la igualdad de género

   En sus borradores y en sus polémicas dentro del Partido Socialista explicaba los orígenes del feminismo en la Revolución Francesa, y desde allí su principal bandera fue la lucha por el sufragio de las mujeres.

   Sostenía, aunque estos conceptos eran severamente reprimidos por una sociedad conservadora, que las diferencias biológicas no condicionaban a las mujeres para destinarlas a ser solamente madres.

   Las mismas tenían (y tienen) derecho a la sexualidad, al control de su cuerpo, y a decidir libremente sobre su maternidad. Es decir, se había adelantado casi ciento cincuenta años en levantar las banderas reivindicativas por las que todavía hoy luchan las mujeres argentinas.

   En una sociedad machista y patriarcal, la palabra de Gabriela Coni representaba un peligro para los detentores del poder nacional. Con el transcurso del tiempo esta discriminación ha ido variando. Estamos convencidos de que si el femicidio hubiese sido reconocido en aquel momento, Gabriela Coni hubiese estado al frente de esa lucha femenina.