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Captcha, el desconocido invento latino

Es casi imposible no encontrarse en Internet con esas letras distorsionadas que hay que copiar para confirmar que somos humanos y no un bot (robot de Internet) al tratar de ingresar a un sitio web.

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Luis von Ahn el guatemalteco que inventó el sistema Captcha de seguridad para páginas web. En 2009 lo vendió por una suma millonaria a Google.

El sistema al que la mayoría aborrece es la gran barrera de seguridad de muchas empresas y fue creada por Luis von Ahn: los Captcha. Aunque su apellido induce a equivocación Luis von Ahn nació en Guatemala y creó el sistema a los 21 años con sus compañeros de la Carnegie Mellon University.

En 2009 vendió la idea a Google y comenzó una nueva vida. Ahora es uno más de los jóvenes que llegaron a la adultez como millonarios veteranos y sigue al frente de Duolingo un sitio web destinado al aprendizaje gratuito de idiomas a la vez que una plataforma crowdsourcing (colaboración abierta) de traducción de textos.

El captcha se sigue utilizando pese a que pasaron más de diez años desde su invención porque sigue siendo la única manera de resolver un gran problema en Internet, que es distinguir humanos de computadoras. Y es un problema que afecta a casi todos los grandes sitios de Internet.

“Es cierto que no es cómodo, en su momento intentemos mejorarlo, pero nos dimos cuenta de que era bueno tal como estaba. En promedio necesitas solo nueve segundos para pasar un captcha. Es muy difícil hacer otra cosa que lleve nueve segundos o menos y que demuestre que el usuario es una persona”, dice su creador cuando se le indica lo molesto que puede ser el sistema.

Captcha es la sigla en inglés de “prueba de Turing completamente automática y pública para diferenciar computadoras de humanos” ("completely automated public Turing test to tell computers and humans apart”).  El test es controlado por una máquina, en lugar de por un humano como en la prueba de Turing. Por lo que se dice que Captcha es una prueba de Touring a la inversa.

¿ERES HUMANO?

El test de Turing es un desafío donde la máquina ha de hacerse pasar por humana en una conversación con un hombre a través de una comunicación de texto estilo chat. Al sujeto no se le avisa si está hablando con una máquina o una persona.

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La página web de Secheep muestra el sistema Captcha más elemental.

Si el sujeto es incapaz de determinar si la otra parte de la comunicación es humana o máquina, entonces se considera que la máquina ha alcanzado un determinado nivel de madurez: es inteligente. Von Ahn lo hizo al revés, hay que probarle a la máquina que uno es humano e inteligente.

Actualmente hacer un captcha seguro requiere métodos complicados de implementar que únicamente poseen las grandes empresas. En principio solo se trataba de escribir palabras al azar que lanzaba la computadora pero se volvió fácil burlar el sistema.

Algunos programas de reconocimiento de texto u OCR pueden “copiar” un captcha entonces la idea evolucionó hacia el método del “tachado” que consiste en tachar las letras del captcha de manera que un humano sepa identificarlas pero un software OCR no pueda separar las unas de las otras.

MÁS SEGURIDAD, RECAPTCHA

Alguna vez le habrá pasado al navegante observador que cada vez que entra al mismo sitio se le pide una suerte de test de imágenes y otras veces entra sin más requisitos. Se trata de una variante implementada por Google de un complicado algoritmo que “sabe” si el usuario es un robot o un ser humano porque se utilizan datos internos y pistas no escritas de cada usuario, como la dirección IP o las cookies activas.

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El Google ReCaptcha fue la evolución de la creación de Ahn una vez que este se la vendió a la empresa en una suma no divulgada.

Con estos dos parámetros, el algoritmo de Google comprueba el comportamiento del usuario a través de Internet, asegurándose de que navegamos como humanos. Google también registra el movimiento del ratón hasta hacer click en el botón de identificación, y otros parámetros que permanecen deliberadamente ocultos para que las empresas que diseñan los bots no sepan cómo superar esta línea de seguridad.

Si pese a todo este esfuerzo la computadora no está segura de que hay un humano tratando de interactuar con la página seguirá mostrando pruebas, ahora con imágenes con las que se alimenta su algoritmo de reconocimiento, es el típico cartel “identifique las imágenes que contienen taxis”.

Esa es la historia de los “captcha”, un invento surgido de la mente de un guatemalteco que en 2009 le vendió la idea a Google para evitarse los problemas de los supermillonarios, él se conformó con una fortuna que -dice- le sobra para no trabajar nunca más en su vida ni tampoco sus hijos y llevar adelante proyectos que mejoren la calidad de vida de sus semejantes.

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Ricardo Ambrosig
Ricardo Ambrosig