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El florecimiento de pedagogías alternativas a la escuela tradicional

En el centenario de las escuelas Waldorf, un jardín de infantes de esa modalidad en Resistencia está próximo a abrir una primaria. Sobre el breve e intenso camino de cinco años, la filosofía de su comunidad y las expectativas para 2019 hablan tres de sus integrantes.

El 7 de septiembre de 1919 en una fábrica de cigarros alemana se creó la primera escuela Waldorf. Los trabajadores se lo pidieron al filósofo y profesor de la Universidad Popular de Berlín, Rudolf Steiner, que solía impartir conferencias.

Con la influencia de la obra científica de Goethe Steiner formó a los maestros y en los siguientes años se abrieron escuelas en Alemania y en otros países de Europa, que poco después el nacionalsocialismo cerró. Al término de la Segunda Guerra Mundial se reconstruyeron algunas y se crearon otras, que en la actualidad superan a las 4.000 en el mundo.

En la Argentina el camino comenzó en los años 50 y ya hay instituciones en Córdoba, Santa Fe, San Luis y Misiones, entre otras provincias. Pese a representar una proporción mínima para el sistema, cada vez más familias las eligen por fomentar la creatividad y la imaginación.

Ese interés se evidencia en la gran demanda que existe por contratar a profesores que egresan del Instituto Superior de Formación Docente ‘Perito Moreno’ de Martínez, Gran Buenos Aires. Allí los estudiantes reciben ofertas de trabajo desde el segundo e incluso el primer año de la carrera de cuatro años.

DESDE EL ORIGEN

A diferencia de la escuela más antigua de Buenos Aires, donde una comunidad de inmigrantes alemanes solventó la construcción y propició una educación bilingüe, las comunidades de este siglo responden más a una necesidad de los adultos por encontrar una alternativa a la escuela tradicional.

-¿Qué buscan?

 -’Una pedagogía que tenga un mayor respeto por las necesidades del niño y se focalice menos en hacerlo parte de un sistema, como un engranaje más’, responde Laura, una de las mamás de los primeros tres inscriptos para primer grado en Resistencia. Nicolás, que es parte de la comunidad desde 2014, complementa la respuesta: ‘Si bien el contenido curricular es idéntico al de una escuela tradicional, se enseña de una forma distinta y con otros tiempos. Se presta más atención al desarrollo humano, a los lenguajes artísticos y a los aspectos emocionales, no sólo al intelecto. Por ejemplo, el jardín es un espacio donde un niño desarrolla sus aptitudes a través del juego. Los primeros siete años son fundamentales para su vida; son tan importantes que su salud futura depende de lo que viva en esa primera etapa; muchos de los problemas de los adolescentes se relacionan con haber recibido un bombardeo de conocimiento temprano, a los cuatro o cinco años’.

LOS DESAFÍOS

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La institución que funciona en Monteagudo 537 es 100% autogestiva y recibe donaciones.

Nicolás, que estuvo desde el principio, asegura que el balance es muy positivo: ‘Arrancamos tres o cuatro personas. Después se fue sumando más gente y fuimos a Corrientes, Pampa del Infierno y Sáenz Peña’. Aunque hay muchos interesados un límite a ese crecimiento fueron aspectos formales como las habilitaciones ministerial y municipal para la primaria, que recién a fines de 2018 lograron concretar.

En las entrevistas de fines de 2018 el 80% de las inquietudes de mamás y papás se relacionaban con esa cuestión. ‘Ser pioneros conlleva que todo cueste un poquito más. Es parte de un proceso que reúne el impulso de muchas personas pero que lleva tiempo hasta que se introduzca en un marco institucional’, agrega Mariana, otra mamá. Un aspecto complejo fue encontrar docentes que además de asumir otra formación les exigía dedicar bastante tiempo e implicarse en otras lógicas.

CONDUCTAS QUE SE SOSTIENEN EN LA CASA

Para las familias el compromiso lo es todo. ‘Esta pedagogía te exige coherencia en todo; implica que te involucres siempre al 100%’, afirman Laura y Mariana. ‘No es por unas horas y nada más; se sostiene en la casa y en otros espacios; exige un trabajo de la familia en general’, por ejemplo, en los hábitos de alimentación saludable, consumiendo frutas y verduras o alimentos integrales. A comienzos de año se suele firmar un acuerdo que incluye el respeto de horarios y ritmos, uno de los puntales de la estructura porque para los niños es importante llegar todos los días a un lugar y tener un momento para cada actividad.

‘Les da seguridad, tranquilidad y les resta ansiedad. Si llegan muy tarde pierden el desayuno y la primera parte del juego libre para su grupo. Acá los niños saben qué día de la semana es por el color del mantel y por lo que se come. Por ahí a los adultos eso les parece aburrido, pero para los chicos tener una estructura rítmica sin sorpresas ni cambios continuos, es salud. A los niños todo les cuesta mucho más cuando se les descalabran los ritmos’.

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El taller de juguetes de madera fue uno de los más convocantes el último año.

Además de respetarse ritmos diarios y semanales también se recibe cada estación del año con una celebración, observando cambios en la naturaleza. Laura advierte que haber elegido el jardín de la Morada del Limonero para sus hijos fue contribuir a despertar en ellos la curiosidad.

‘Venimos del lado oscuro (bromea), ellos iban a un jardín donde les pasaban películas para pasar el rato y acá todo es muy distinto; implicó dar una vuelta de página. Nada está descolgado de la familia, entre todos tenemos que acompañar el proceso, vivenciarlo y ser parte’.

El camino en la provincia 

En noviembre de 2014 en una columna de opinión presentaba la experiencia que desembarcaba en Resistencia con una nota que mantiene la vigencia para el Waldorf y otros sistemas: ‘Ni mejor, ni peor; otra pedagogía’.

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Como este año se celebra el centenario de esa pedagogía, se organizan acciones con el nombre Waldorf100.

Hoy sus protagonistas cuentan que en los últimos dos años la experiencia autogestiva sigue creciendo con la incorporación de más madres y padres. Mariana asegura que 2017 y 2018 fueron años muy intensos.

‘Los primeros pasos parecen lentos, pero se van multiplicando al punto de que hay una lista de espera para el jardín y no se puede acoger a todos los que quisieran entrar. Nos sobrepasa por espacio y por falta de docentes con la formación’.

La capacitación es una piedra fundamental y en el último año hubo varias instancias en Resistencia y en Sáenz Peña. Uno de los talleres incluyó a Ignacia López Rena, que escribió un libro sobre crianza y es parte del legado de Emily Picler; los españoles de De Rumbo al Cambio dictaron un taller de juguetes en madera, y dos fundadores de la Banca Ética Argentina y especializados en Administración de Empresas, Pablo Resua, y en Administración, Leonardo Breden los asesoraron en el proyecto de la primaria.

Y a mediados de 2018 Chaco fue sede del encuentro sobre otras pedagogías posibles, con referentes de varios puntos del país, que compartieron vivencias como la de niños que nunca pasaron por una escuela o la de jóvenes que sin transitar la primaria ni la secundaria tradicional completaron una carrera universitaria sin inconvenientes.

El patio de Monteagudo 537 huele a menta y a citronella, abundan las plantas de tomate cherry, hay varios frutales: una zarzamora, un árbol de guayaba, otra de moras y una higuera. A largo plazo planean desarrollar una mini granja en un predio más amplio para que haya un mayor contacto con la naturaleza y para ver en lo concreto lo que después se estudia en la teoría.

 

Un año durísimo

‘Quienes quieran traer a sus niños acá son bienvenidos pero somos sinceros: hay que trabajar muchas cosas. No es (pagar) la cuota nomás. Tenemos un valor fijado para cada mes y si no llegamos a cubrir los gastos hay que hacer otras cosas que generalmente exigen tiempo organizando ferias de platos, rifas, u otras cuestiones relacionadas con el jardín’.

Laura y Nicolás reconocen que por la inflación 2018 fue durísimo. Además de los aumentos de salario que correspondían para las maestras, organizaron ‘a pulmón’ tres encuentros por asesoramiento para la apertura de la primaria.

‘El sueldo de los maestros es parte de nuestro compromiso como mamás y papás, porque esta pedagogía implica poner el cuerpo y el pensamiento, comprometerse’, aclaran. En las escuelas Waldorf la lógica económica también es otra: se define por la mancomunión, autogestión y contabilidad abierta sin lucro ni ‘jefes o jefas’.

Lo mismo para contemplar a quien alguna vez no pueda pagar su parte y al mismo tiempo solventar sueldos y otros gastos, son algunas de las cuestiones a resolver colectivamente. ‘Es un desafío para todos, porque no estamos acostumbrados a trabajar en un sistema fraterno, se prefiere pagar de más para después reclamar’, dice Nicolás.

Además de señalar que la inflación los afecta más porque asumen costos sin recibir ayuda estatal ni privada, señala que los fortalece ver cómo resolver desafíos juntos. ‘De alguna manera pateamos el tablero en la idea de que una escuela se crea para un fin económico. Esta pedagogía es alternativa en el sentido de cómo nos organizamos, estamos abriendo una puerta’.

Para reunir dinero suelen organizar venta de productos gastronómicos (locro, empanadas, budines) entre otras actividades. Además hay personas que donan lo que saben o lo que suma para el bien de los niños, tengan hijos o no. Y también reciben donaciones de dinero vía Mercado Pago.

‘Todas las personas que quieran participar pueden hacerlo. Es una escuela para la comunidad, para Resistencia. Quien se quiera sumar con ideas, tiempo y trabajo voluntario nutre a este proyecto educativo. Es la mayor fuente de financiación que tenemos’.

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Claudia Araujo
Claudia Araujo