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Mariana Alegre
Por: Mariana Alegre
Cuando el agua baje

Santa Sylvina ante el desafío de reconstruir su economía

En quince días de enero de 2019 en Santa Sylvina llovió más de la media que suele tener la región en todo un año. Fueron más de 400 milímetros, de los cuales 150 cayeron en un solo día.

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Los campos siguen con espejos de agua y se estima que -sin otra lluvia importante- en unos dos a cuatro meses la situación se normalizará.

Es la tercera inundación casi consecutiva que sufre la zona, y el impacto de las lluvias de hace dos semanas ha generado graves consecuencias. La mirada sobre las pérdidas productivas parecen fríos números, pero el impacto tiene rostros, familias, emprendimientos, una comunidad que aún batalla con el agua y sabe que lo peor llega cuando se va. 

El paisaje se va transformando a medida que vamos llegando a Santa Sylvina, el camino por la ruta 13 hasta Villa Ángela, pasando por Du Graty nos va mostrando diferentes realidades. Ya en cercanías de Du Graty los espejos de agua son cada vez más grandes, y al llegar a Sylvina hay sectores que parecen lagunas.

 

El sol abrasante ilumina los grandes espejos de agua, el panorama es desolador, en la zona rural. Vamos viendo las viviendas y ranchos de pequeños productores a la vera de la ruta, con solo agua a su alrededor, montículos para los animales, para ponerlos a salvo, y la gente. El movimiento es intenso, porque hay familias que asistir, y porque hay animales que salvar. El sol secó las calles y el agua de a poco se mueve, dejando a la vista cultivos sin cosechar, cultivos que están creciendo. Un día antes comerciantes y productores se reunieron con el municipio, porque el golpe se sentirá mayor cuando el agua baje.

Roman Sánchez vive en una de esas viviendas, a ocho kilómetros del ingreso, junto a su mujer y su nieto. Su hija y nieta, están de visita. Llega gente del municipio para acercarle una bolsa con mercadería (asisten a más de 400 familias hace 20 días, con recursos de la provinciales, nacionales, propios y donaciones).

 

Unos 150 milímetros el domingo 27, y unos 50 más el fin de semana siguiente hicieron que su casa esté rodeada de agua, también su ladrillería (fuente económica de su sustento), algunas hectáreas de algodón “que estaba muy lindo”, algunos animales menores, y tres vacas. El agua no ingresó en la vivienda pero está a la orilla de la puerta, amenazante.

Pérdidas de enero

“Hasta ahora podemos tirar, el recurso que yo tenía era la ladrillería”, aseguró Román, quien -según sus cálculos- dentro de dos meses podrá volver a poner en marcha su emprendimiento.

 

“Hace 20 años que esta parte no se llenaba de agua. Estamos 18 metros más abajo que la zona de Charata, pero en enero es difícil. La lluvia de enero es un milagro -dice entre risas- nunca tuvimos lluvias así”.

Román no conoce sobre las medidas de la emergencia hídirica, pide un subsidio por el algodón que perdió y otro para volver a poner en marcha la ladrillería. “Mi hermano está peor que yo, a él se le murió algún ternerito”, agregó. Mientras, su nieto se divierte con los pies en el agua, y la visita de gente nueva no le genera timidez, lo entusiasma. Nos cuenta que no puede pescar, porque “el anzuelo que tiene el abuelo es muy grande para estos pescaditos”.

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La intendente Maggio contextualizó la información a autoridades provinciales y nacionales durante una recorrida aérea.

Hacemos unos kilómetros más. Gabriel está sacando a comer a sus cabritos y ovejas a la vera de la ruta, donde últimamente se ven muchos animales, ya que no hay a la vista -en muchos metros y hasta kilómetros- zonas secas de gran tamaño. Gabriel perdió animales, y está procurando no perder los que tiene. Incluso, hace tres días nacieron dos terneritos. El agua tampoco está en su vivienda, pero la rodea en un gran porcentaje.

Contrarreloj para no perderlo todo

Continuamos avanzando y nos sorprenden jinetes arreando vacas sobre la ruta. Las llevan a un corral donde esperarán su destino: un traslado a tierras secas o la venta a precios muy bajos. En el mismo lugar, en otros corrales, cerditos, cabritos. El productor recibe a los animales de sus vecinos casi todo el día. Hay varios hombres conversando, sobre el destino de diferentes vecinos, y en algunos casos se escucha “empezar de nuevo a esta edad, es un gran problema”.

Allí nos encontramos a Ricardo “Pocho” Sánchez. Su granja está bajo agua, a unos metros de allí. Está llevando cerditos que venderá, y armando corrales para algunos cabritos, porque llegan más de otros productores. Ya trasladó otros animales a Las Breñas “aunque ahí también hay agua, pero no como acá.”

“Hace cinco años comencé con mi emprendimiento de criadero de cerdo, en el cual estaba trabajando bien, y con esto se corta el trabajo. Perdí una vaca con ternero (una infección, tras parir), perdí algunos cabritos, algunas chivas, lechones chiquitos, porque el agua avanzó muy rápido, unos 30 o 40”, relató.

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El movimiento de ganado es incesante, entre los propietarios la mayoría los vende a precios muy bajos. En medio del agua siguen naciendo terneritos.

Hace quince días que el agua está allí y parece que al menos unos meses demorará en salir. Mientras, Pocho vende algunos animales “a muy bajo precio” y “con lo que me quedó estamos con veterinario tratando de cuidar los animales por la sanidad”.

Al consultarlo sobre la emergencia, Pocho tampoco tiene la información, y contándole los detalles y la duración de 180 días estipulada, señaló “acá en ese tiempo no alcanza. Tenemos mucha agua, y entre tres a cuatro meses para que baje nos llega el invierno, vamos a tener que comprar comida”.

Al ser consultado por cómo se maneja con su personal, Pocho dijo que trata de arreglar por porcentajes en las ventas, aparte el sueldo, “para poder tirar”.

Es la tercera inundación prácticamente consecutiva, pero ésta es la más complicada. “Tengo 60 centímetros de agua dentro de la casa, en las anteriores llegaba hasta 10”, agregó. En la zona hay mucho algodón que venía con muy buenas perspectivas, los productores señalan que será un porcentaje muy bajo el que logren cosechar. Siguen llegando animales y nos vamos hacia el pueblo.

Escasos lugares sin inundar 

Los rastros del agua en el pueblo son escasos, pero se nota su paso. Nos recibe Susana Maggio, intendente de Santa Sylvina, a quien desde temprano en la tarde se la ve activa junto al personal a pesar de una fuerte gripe. A su teléfono que no para de sonar también llegan los videos de parajes, mostrando una situación crítica. A muchos solo pueden entrar con cuatriciclos. Hay mucha gente que no quiere dejar sus viviendas.

“Estamos complicados, pero gracias a Dios tenemos un buen equipo y acompañamiento de organizaciones intermedias que nos ayudan a paliar la situación”, expresó Maggio. La lluvia en el pueblo de 170 milímetros se fue ampliando según la región, llegando hasta casi 300 milímetros en la zona de Cabeza de Tigre, llegando a Chorotis.

“A mitad de enero ya teníamos la mitad de la media anual y se sumaron estos 150 a 300 milímetros, que en la zona rural el impacto fue tremendo. Hay zonas donde los animales no tienen dormideros, nos están quedando muy pocos lugares secos. Se los está mal vendiendo o trasladando. En cuanto a los cultivos, teníamos un 50 por ciento cosechado del girasol, y lo que no se pudo cosechar, ya está perdido. El algodón, que estaba en etapa vegetativa, y algo con mayor crecimiento, en algunas zonas está totalmente perdido. Tenemos un 2019 muy complicado”, describió.

 

En julio no tendremos nada

Maggio, al igual que los productores, explicó que cuando el agua se vaya, llegado el invierno, se podrá llegar a un girasol que se cosechará en 2020. “Necesitamos que apuren las ayudas”, indicó, ya que han llegado al menos 10 intimaciones de AFIP, en estos días, a pesar de la declaración de emergencia.

En este sentido, remarcó: “En julio no vamos a tener nada, si no tenemos agua vamos a poder sembrar girasol, esto tenemos que visualizarlo muy bien. Tanto Nación como Provincia. Tampoco podemos olvidarnos de los comerciantes, porque esto es una cadena, que impacta en todos. Estuve en una reunión con comerciantes y productores, y hace mucho tiempo que no veía gente grande con lágrimas en los ojos”.

El día después de mañana

Mientras esperan que el agua baje es inevitable pensar en cómo se repondrá una comunidad que, al igual que casi toda la provincia vive de lo que produce la tierra. “Sobre todo los productores pequeños, que producen y venden en el pueblo, y hoy no tienen ese ingreso. Nosotros estamos asistiendo con mercadería y remedios, en algunos casos, porque hay gente con escoriaciones en la planta de los pies por tantos días en el agua. Atendemos a 425 familias en la zona rural: desde la ruta 5 hacia el norte, Colonia Ñandubay, la zona de Krempotich, la curva de Nicoloff, Las Tablas, y hacia el otro lado, Villa Correa, y de Ruta 95 hacia el oeste, tenes El Curupi, El Tigre, y de la Ruta 95 hacia el este, tenes Pampa Porteña, Cabeza de Tigre y Las Puertas. Son zonas muy comprometidas, en algunos lugares se hace imposible acceder. A veces, las personas se acercan a caballo en las escuelas y ahí reciben las cosas”, detalló Maggio

Pero no es la única asistencia que brinda el Municipio. “Acá, como pasa en gran parte del interior de nuestro país hay mucha gente que vive del trabajo informal, de la changa, y que en un mayor porcentaje la da el campo. Hoy no la tienen. La primera trinchera donde recurre la gente es el Municipio. Nosotros estamos haciendo un programa de trabajo semanal, que le permite a esta gente cubrir algo del ingreso que tenían (nota de redacción: reciben unas 15 a 20 personas por semana buscando trabajo) y a eso se suma la gente del campo”, señaló.

Recomenzar

Para los pequeños y medianos productores de la zona la coyuntura es complicada, pero aún más se plantea el qué pasará tras los 180 días de emergencia. “No será fácil, porque han perdido su producción y con tres inundaciones casi seguidas es difícil. Se deteriora lo material y lo anímico. Por ende a nosotros (con la voz quebrada y lágrimas) también nos genera desazón, pero Santa Sylvina es una comunidad muy fuerte y vamos a salir adelante”, expresó la intendente.

“Le pedimos a las autoridades de Nación y Provincia que están, de hecho tuvimos la visita del gobernador Domingo Peppo, y de la Primera Dama (Juliana Awada); que estén también cuando llegue la parte más crítica. Cuando se vaya el agua los queremos aquí bien cerca, para poder seguir trabajando”.

Ya es prácticamente de noche, dejamos Santa Sylvina, por la Ruta 5, el panorama del agua continúa varios kilómetros más. Se ven luces de máquinas trabajando en el campo, cosechadoras, sembradoras. Porque si algo tiene el hombre –y las mujeres y familias- del campo, independientemente del tamaño de las hectáreas, es la perseverancia. Pero hoy necesitan una mirada especial, el acompañamiento por un camino que será largo de recorrer y sin fechas vencimiento.