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Zitto Segovia volvió a tener su luna, en un sentido homenaje

El cantautor chaqueño Zitto Segovia volvió al festival de la mano de su hijo Lucas y fue en la octava luna de la edición que rumbea a cumplir sesenta años de fragua en el cancionero popular.

Por Pedro Jorge Solans

COSQUÍN - Acompañaron a Lucas Segovia, el misionero Joselo Schuap, el chaqueño Coqui Ortiz y el jujeño Bruno Arias y entre todos celebraron la vigencia del ícono de la canción identitaria del noroeste.

Fue una noche donde la luna coscoína entibió los cerros e iluminó el misterio segoviano que insinuaba más que un repaso de éxitos. Así fue que parecían encenderse las fogatas de la plaza España de la lejana Resistencia.

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Joselo Schuap, Coqui Ortiz, Lucas Segovia y Bruno Arias encendieron el fuego de las peñas chaqueñas en el público de Cosquín.

Se encendía y acrecentaba la leyenda en otra plaza, la Próspero Molina, que tan rigurosa como respetuosa siempre da sorpresas. Esa plaza maravillosa le rindió uno de los mejores reconocimientos.

Fue el halago más sensible y de aprobación que puede recibir un juglar litoraleño: sin pedido previo le lanzaron varios sapucay al aire mientras sonaba un repertorio bien segoviano: El río va, siguió con Cacique Catán, Tus nueve lunas, Las voces de mi gente, Cristo de los villeros y Nocaut González.

Segovia visiblemente emocionado recorrió con la mirada el escenario que vio consagrarse a su padre y con la voz que parecía la de todo el Chaco arrancaba dibujando el mapa de los sentidos y de la fuerza de una tierra que necesita como nunca las canciones necesarias.

A 30 años de aquel enero consagratorio, la chaqueñidad se asomó para que los duendes coscoínos celebren y compartan un mate, sientan el calor montaraz, se encandilen con el blanco algodonal y resistan las tormentas como los quebrachales.

La leyenda que empezó en Bella Vista cuando las aguas del río Paraná ahogaron voces y destinos seguirá sumando páginas. Nadie vio llorar a Lucas, tal vez lo hizo para adentro como para aplacar la nostalgia, tal vez lo hizo para que el corazón no se detenga.

Ni lo inexplicable que pasa en nuestra tierra a lo que Alejo Carpentier llamó ‘lo real maravilloso‘ faltó para que la evocación sea completa. 

PUBLICADO EN EL DIARIO DE CARLOS PAZ