Temas de hoy: Torneo Argentino U19 Somos Parte Chaco Somos Todos Transporte público PASO 2019
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/174788

¿Rezan o bailan?

Disputas en torno de la devoción a San Baltazar por los negros en el Buenos Aires colonial

Por Norberto Pablo Cirio

El 24 de septiembre de 1772 se fundó en Buenos Aires, la Cofradía de San Baltazar y Ánimas, para instruir a los negros en el catolicismo, ayudando así a su control por parte de la Corona. Funcionó en la Iglesia de la Piedad del Monte Calvario, a extramuros de la ciudad, fue la primera destinada a los negros en esta ciudad y pervivió por 84 años hasta 1856, cuando se disolvió. 

SAN-BALTAZAR280.jpg
Saludo al Santo San Baltazar en la casa de la familia Francia. (Foto: Oriana Zucarelli).

En el Archivo General de la Nación se conservan documentos vinculados a ella a través de los cuales puedo construir un tema de interés musicológico: las disputas entre los cofrades y los españoles sobre la manera de venerar al santo, pues los negros realizaban bailes, cantos y toques de tambor propios, en oposición al estipulado rezo católico.

Aunque hoy en día la población afroargentina se halle reducida y dispersa, este culto continúa practicándose en una amplia zona del Litoral: provincia de Corrientes, noreste de Santa Fe, y este del Chaco y Formosa, en personas criollas.

A través de trabajos de campo realizados en las tres primeras, he comprobado que sus devotos mantienen prácticas musicales y religiosas de raigambre afro, algunas de las cuales tienen antecedentes en la antigua Cofradía explica Cirio algunos aspectos de religiosidad afro de la Cofradía en los que la música desempeñó un papel devocional protagónico, aunque aprovecha para plantear las diferencia del culto de los siglos XVIII y XIX, que tenía lugar en el seno de la Iglesia, hoy este culto se practica de manera paralitúrgica pues para la Iglesia Romana, San Baltazar no está canonizado.

Por ello, esta devoción se practica sólo en capillas o altares familiares, englobando dentro de lo que se denomina “religiosidad popular”. Según Rodrigues Brandão (1981), la fiesta constituye una importante instancia devocional en toda celebración religiosa popular; en el caso de este culto ella está sobredimensionada por el hecho de que este santo es tenido como el “patrono del baile y la alegría”, siendo el toque de tambores su signo distintivo.

La alegría de celebrar San Baltazar

La vinculación San Baltazar = alegría, es explicada por los devotos en términos de negritud, pues al ser “un santo negro, es un santo candombero”. Dado que la fiesta de este santo tiene un doble carácter funcional, es momento festivo y momento religioso, las danzas que se practican pueden dividirse en lúdicas y rituales.

SAN-BALTAZAR.jpg
Danza al compás de los tambores en el saludo a San Baltasar en Cambá Cuá, Corrientes. (Foto: Paula Souilhé).

Entre las primeras se encuentra el chamamé, el “valseado” y la cumbia, que se hacen para solaz como en cualquier otra fiesta litoraleña; entre las segundas, la charanda o zemba, el candombe y el chamamé, el “valseado” y la cumbia con tambora, que se practican especialmente en honor del santo y con expreso motivo devocional.

La vinculación del negro con los tambores, tan cara en el imaginario local como en la literatura sobre los afroamericano, cobra aquí sentido identitario pues resulta parte constitutiva del culto, no pudiéndose realizar muchas prácticas musicales sin su participación.

Es posible entroncar a algunas de las prácticas musicales - religiosas de este culto con las mencionadas en los documentos de la antigua Cofradía. Veamos tres de ellas: el toque de tambores, la coronación de reyes y la realización de danzas religiosas.

De acuerdo al discurso y accionar de los devotos, los tambores que se tocan para este santo constituyen un vehículo comunicante con lo sagrado posibilitándoles manifestar su fe a través del baile, al tiempo que expresan la africanía de la veneración estableciendo la vinculación tambores = negros = África.

Al ser su sonido “la voz del santo”, su presencia sonora torna a los géneros musicales en los que interviene de cariz sagrado. Su empleo se halla circunscripto al culto y, como los demás objetos sagrados empleados, se guardan en la capilla. Como todas las prácticas musicales afro de carácter religioso, su ejecución es estrictamente masculina.

La ausencia en nuestro país de tambores percutidos con las manos, tanto en el ámbito indígena como en el criollo, torna al “bombo” de la charanda en un inequívoco exponente de la música afroargentina. 

SAN-BALTAZAR290.jpg
Ensayo de la zemba o charanda del grupo ensamble compuesto por bailarinas del Grupo Danza Identidad y Candomberas. (Foto: Jaoart).

 

La fiesta del “mago” afro

La Biblia dice que viajó en camello junto a Gaspar y a Melchor, guiados por una estrella fugaz que los llevó hasta Jesús nacido en Belén, a quien presentaron ofrendas de oro, incienso y mirra. La historia presenta varias contradicciones alrededor de ellos: que no eran tres sino doce, que no eran de Oriente, sino de Andalucía, que Baltazar no era negro, que no eran reyes, sino solamente “magos”.

Fue canonizado a comienzos del cristianismo y venerado en toda América por la población afrodescendiente, que comenzó a celebrar el culto al también llamado Santo Cambá -proveniente de kambá, que significa “negro” en guaraní-, desde fines de 1700. Sin embargo, el auge fue entre los años 1920 y 1930.

En Corrientes se homenajea al Santo con una fiesta que se realiza durante dos días en el tradicional Parque “Camba Cuá” (cuyo significado es “cueva de negros” en guaraní) desde hace 24 años. Fue denominado así de forma despectiva por la élite de la sociedad del siglo XIX, ya que se trataba de un asentamiento de afrodescendientes que dejaron fuertemente arraigadas sus raíces culturales en la historia de la ciudad. En su interior, mantiene el espíritu humilde que se ve reflejado durante la fiesta, oportunidad donde se recuerda también, el centenario legado de la afrodescendencia.

El Chaco también baila

En la provincia del Chaco existen familias que durante generaciones han sabido mantener este legado ancestral y lo celebran y ofrecen ofrendas a San Baltasar. Una de las familias más tradicionales en Resistencia es Francia, que acompañados por los tocadores de Candombe venidos de la Laguna Argüello cada año renuevan su fe y su devoción, como así también los Ramírez.

Se conoce por otra parte que en la provincia de chaco existen más de un altar de San Baltasar entre los que se conoce en Puerto Vilelas, Puerto Tirol, La leonesa, Taco Pozo entre otras decenas más. Es quizás este tiempo donde con mayor auge, compromiso y respeto las manifestaciones de San Baltasar cobra dimensiones etnoreligiosas que contribuyen a la identidad pluricultural, pluriétnica y plurilingüística.