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Los límites de la conducción autónoma

¿Puede un coche decidir quiénes serán las victimas en caso de un accidente inevitable?

Supongamos que  alguien va disfrutando de su coche con conducción autónoma cuando de repente se cruza una pelota, el programa del auto “sabe” que detrás de una pelota viene corriendo un niño y está en condiciones de dar un volantazo al determinar que la distancia de frenado no es suficiente pero –entonces- el coche se estrellaría contra una parada de ómnibus llena de gente. 

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Lo mejor para la inteligencia artificial de la conducción autónoma es convertir a los seres humanos en objetos pero eso puede llevar a situaciones morales mucho más complejas.

¿Qué hace el auto?  Se arriesga a arrollar a un niño o embiste a las personas de la parada?.

La posibilidad de que la inteligencia artificial deba lidiar con un caso así no es nula. Por lo tanto, para el desarrollo del coche autónomo, es necesario que se planteen este tipo de dilemas éticos bastante complicados de asimilar.

Alemania, ya aprobó el año pasado el que sería el primer código ético del mundo para vehículos autónomos. En él dejaron bastante claro que en cualquier situación la vida humana debe prevalecer sobre los costos económicos. Así mismo, los algoritmos del coche deben estar configurados de tal manera que no se haga ninguna distinción por razones de edad, sexo, raza ni constitución física o psíquica.

El documento recoge un total de 20 principios éticos que deben cumplir los coches autónomos. No obstante, son principios bastante generales que no abordan con claridad situaciones concretas.

¿Quién debe vivir?

El prestigioso MIT de Massachusetts decidió poner este delicado tema en estudio realizando una encuesta en la que consulta sobre elegir entre “A” o “B”. Las disyuntivas eran, “A”: “¿Atropellarías a un anciano?” o “B”: “¿Atropellarías a un niño?”, en base a los resultados de la votación se configuraría una moral para la máquina.

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Un coche autónomo que se queda sin frenos puesto en la disyuntiva de decidir a quienes lastima, si a los ocupantes o a los transeúntes.

El experimento adquiere un tono más oscuro cuando las preguntas empiezan a hilar más fino bajo la premisa de la opción “menos perjudicial” para la sociedad. Como era de esperar, el experimento fue duramente criticado y calificado como “un experimento amoral”. 

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El ideal del coche autónomo que permite dedicarse a otras cosas aprovechando el tiempo. En esa instancia el auto tiene poder sobre la vida y la muerte y, ¿cómo decide?

Medir la culpa

Para muchos se trata de un atentado contra la libertad personal de decidir y responsabilizarse sobre los hechos que uno mismo hace. Pero alguien debe “enseñarle” a la inteligencia artificial qué hacer.

Si automatizar la ética parece propio de una película de terror, para algunos escépticos la solución podría pasar por un sistema capaz de ponderar la culpabilidad de los factores. Es decir: ¿el otro pasó el semáforo en rojo? o ¿incumplió alguna ley poniendo en peligro su vida y la de los demás deliberadamente? Como se ve no se trata de crear simplemente una tecnología que permita sentarnos a disfrutar del viaje sino darle al auto un poder de decisión de vida o muerte, un tema mucho más difícil de resolver que la cuestión informática y mecánica.