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La poética de Irene Gruss

Falleció días atrás en el Hospital Español. Estaba internada tras sufrir una deshidratación. Es, porque podemos seguir leyendo su extensa obra, una de las voces más potentes de la poesía argentina de las últimas décadas.

Nacida en 1950, a comienzos de los 70 incursionó en el Taller Mario Jorge De Lellis, un grupo de poetas que la tuvo entre sus principales habitués. Por entonces, colaboró en revistas como El escarabajo de oro y El ornitorrinco. Entre sus obras figuran La luz en la ventana (1982), El mundo incompleto (1987), La calma (1991), Sobre el asma (1995), Solo de contralto (1998), En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000), y La dicha (2004). En 2008 vio la luz su poesía reunida bajo el título La mitad de la verdad. La noticia de su muerte el día de Navidad causó honda conmoción y en Twitter su nombre se convirtió en Trending Topic. Aquí la recordamos con parte de su obra poética.

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Gravedad
 

Te das cuenta de cómo pesa el amor

cómo cae sobre algún hombro

el tuyo, el mío

y el peso de la despedida y

la caída del dolor

que no tiene cuerpo.

 

Movimiento

 

 Una mujer sola frente al mar

es más majestuosa que él.

Puede pasar una gaviota

augurando la muerte

o puede caer el sol humedeciendo

las lonas de las carpas

hasta apagarlas,

pero una mujer

frente al mar

mece su soledad como una dueña

y no se estremece.

La luz

del mar tiene la importancia

y el movimiento de su ánimo, de su alma.

El viento suena alrededor

de la mujer

y la despierta:

ahora se trata de la playa sin luz, una mujer,

el sol caído, el sonido del mar,

carpas levantadas,

el viento que lo da vuelta todo.

 

La ficción

 

Creo en lo que dicen las palabras,

no en lo que son.

Por eso

me miento a mí misma.

 

 

 

Zona

 

No escuches. Tus hijos lloran

pero no escuches. Por

un momento

no creas más que en

lo apacible y

bueno

de estar sola,

todo quieto y

sola.

 

Poema

El sol cosquillea en mi nuca.

Estoy lavando de espaldas

 al sol

y de repente

sonrío

porque el sol cosquillea en mi nuca.

 

Fragmento 

garrapiñada, lechón    

hace cuarenta grados      

vitel toné, clericó             

la balanza, un horror