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Leticia Muñoz
Por: Leticia Muñoz
La historia de Agustín Carnovale

El ejemplo del capitán: juega la Liga Argentina y estudia para terminar el secundario

El líder de Villa San Martín rindió y aprobó varias materias en este fin de año y está a poco de terminar el nivel secundario en un bachillerato libre de Resistencia.

Viernes 7 de diciembre. Es una tarde agradable de primavera en Resistencia. A las 21.30, ese día, Villa San Martín recibía a Oberá Tenis Club por la anteúltima fecha de la primera fase de la Liga Argentina de Básquet. Agustín Carnovale, capitán del equipo, es un manojo de nervios; pero no por el juego en sí. No al menos esa tarde. Porque antes de ir a la cancha para preparase como en todo partido y como todo profesional de su nivel, tenía otra misión: rendir varias materias en el Bachillerato Libre para Adultos (BLA) Nº 1 “Juana de Ibarbourou”, que funciona en avenida Rivadavia 230, donde estudia para terminar el nivel secundario.

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Agustín Carnovale en acción. Esta temporada es capitán de Villa San Martín y a mitad de año decidió estudiar y rendir para terminar el secundario.

Promediando este año, la decisión firme de rendir las asignaturas de quinto año que le quedaban de la época del colegio en su Rosario natal lo llevó a inscribirse en el BLA Nº 1. Matemáticas, asegura, es una de las materias que más lo apasionan. En el lado opuesto anotaría a Historia, aunque pensándolo mejor reconoce que quizás la “obligación” de estudiarla, memorizar fechas y rendir la hicieron poco atractiva en otra época. Ahora, con otra mirada, puede darle un sentido diferente a Historia, igual que al resto de las asignaturas.

Ese viernes 7 de diciembre, el rosarino de rastas rindió y aprobó tres materias con lección oral. Sin escalas, terminó los exámenes, enfiló para el club de la calle Saavedra para prepararse para el partido y fue goleador de su equipo (20 puntos, 4 asistencias, 7 rebotes) en el festejo ante los misioneros. Piensa, ahora mirando en perspectiva esa situación, que cumplir con la misión de terminar el secundario le dará la tranquilidad necesaria para su carrera profesional y para planificar el futuro luego del retiro de las canchas. Por eso tanta satisfacción con ambos resultados que lograra aquel día.

Agustín remarca, en todo momento, el apoyo de su familia como la base para todo: el de su esposa Paula y su hija Uma aquí en Resistencia, y a distancia el resto, en Rosario. Hubo momentos difíciles, sí, porque algunas veces fue difícil lograr la concentración en un partido (porque la cabeza estaba en los exámenes), y rendir deportivamente al máximo como la competencia siempre lo exige. De esas situaciones la mejor salida siempre fue y es la familia. Y también amigos como Santiago Gonzales y Bárbara Urlich. Por eso los agradecimientos son para ellos, y uno especial para su hermano Franco.

Con los apuntes a todos lados

Varias horas por día dedica a estudiar y, en cada viaje con el equipo “tricolor”, agrega al bolso los apuntes y trabajos prácticos por hacer. Es ahí donde se ve el esfuerzo y la determinación, que parecen más valiosos teniendo en vista la competitividad de la Liga Argentina de Básquet, segunda categoría profesional de ese deporte en el país. Voluntad, perseverancia y garra, en la cancha y también en el aula.

Papá de Uma. Esposo de Paula. 32 años cumplidos el 12 de julio pasado. Agustín es rosarino de nacimiento. Desde este año es el capitán del elenco “tricolor” con el que juega su tercera temporada de la Liga Argentina. Allí ya es un emblema y, más allá de ser un profesional, siente los colores como cualquier simpatizante.

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Su valor de buena gente es reconocido por todos en el club de la calle Saavedra. Un consenso unánime que supo ganarse no sólo jugando al básquet en la alta competencia, sino forjando vínculos genuinos en esta ciudad en la que decidió quedarse más de la cuenta.

“El Negro”, como muchos le dicen, es un jugador profesional reconocido en el país por su paso por varios equipos del ex TNA y de la Liga Nacional. Su vida está dedicada a su carrera, en la que registra pasos por planteles importantes como Sionista de Paraná y La Unión de Formosa, ambos en la Liga Nacional; y Unión de Sunchales, Rosario Central, San Martín de Corrientes, Monte Hermoso y Echagüe de Paraná en el ex TNA, hoy Liga Argentina.

La decisión

Para él, la decisión de terminar el secundario estaba tomada desde hace tiempo. Era una cuenta pendiente y sólo había que prever una fecha, un lugar y empezar. Nada menos. Siendo adolescente, en Rosario había cursado quinto año de la escuela secundaria, pero ese año su foco ya era decididamente el básquet, por eso casi todas las materias le quedaron pendientes.

Justo por esa época, Sionista de Paraná (Entre Ríos), equipo que jugaba la Liga Nacional, lo buscó para reclutarlo. No desaprovechó la oportunidad y emigró. Igual, siempre pensaba que rendiría las materias pendientes del secundario de a poco hasta terminar y tener el título. Pero el básquet era demandante. “Necesitaba entrenar todo el día”, resume y reconoce que eso le valió el enojo de su madre por abandonar los estudios. Igual, pese a todo, la familia entendió que su sueño era ser jugador profesional de básquet, y lo respaldó.

Con el sueño cumplido y ya afianzado como profesional en las ligas más importantes del país, hace cinco años retomó los contactos para terminar el secundario. En la escuela de Rosario, sin embargo, la exigencia era superlativa porque la modalidad requería rendir libre todas las materias. Con los esfuerzos que le demandaba su carrera y a la vez trabajo, terminó por desechar la opción.

Luego de otra experiencia frustrada vía online con un programa nacional, este año, cuando él mismo se percibe más maduro y con otra mirada sobre ciertas cosas, esa mochila del secundario incompleto le pesó de otra forma y por eso la decisión de terminar fue más firme. Incidió también que su hija Uma, en primer grado, pudiera tener el ejemplo del padre con sus estudios completos. El camino era irreversible ya: averiguó, hizo trámites por las equivalencias entre Rosario y Resistencia y logró inscribirse en el BLA Nº 1 a mitad de año. Entonces, tras las vacaciones de invierno, empezó a estudiar. “Estoy contento. Cada vez que rindo y apruebo siento que me saco un peso de esa mochila. Me queda un poco todavía, pero la sensación que tengo es muy reconfortante”, confiesa, sin saber que tal vez su historia, una buena historia, inspire a muchos y muchas, porque cuando de educación se trata, todo esfuerzo siempre vale.

 

A sólo tres del título

Para comenzar en el Bachillerato Libre para Adultos Nº 1 de Resistencia, Agustín Carnovale se inscribió en algunas materias con cursado presencial y en otras con la modalidad “libre” (a distancia), teniendo en cuenta su profesión y trabajo, y buscando balancear tiempos y fechas.

Para finalizar el secundario, debía 13 materias en total, y por tanto la mitad eligió cursar y el resto rendirlas libre. No fue al azar la elección de las “libres” porque son aquellas materias donde Paula, su esposa, puede ayudarlo como Matemáticas, Química y Física. Y si de ayuda se trata, hay un agradecimiento especial a Francisco “Pitu” Alasia, su compañero de equipo, que le dio una mano grande en Inglés.

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Los exámenes son con trabajos prácticos referidos a una de las varias unidades que tiene cada materia, o a dos unidades en algunas como Geografía. Este año rindió y aprobó 10 materias en total y sólo tres le quedan por rendir en marzo de 2019. Por los viajes en esta parte de la temporada y también por tiempos, no pudo llegar a las fechas programadas por esos exámenes. Igual sus sensaciones son de satisfacción y misión cumplida por ese buen número de aprobadas y también por las calificaciones (mayoría de 10).