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Giovanni Catalano
Por: Giovanni Catalano
Napalpí no se olvida

Una vida dedicada a Napalpí

En 1924 una masacre mató a 700 indígenas. A fines de octubre hallaron a Rosa Grillo, última sobreviviente y que tiene más 100 años.

Albino Juan Oscar Chico tiene 41 años y nació en lo que hoy es Colonia Aborigen, pero inicialmente se llamó Napalpí. Es presidente de la Fundación Napalpí, organización creada con el fin de continuar con la investigación y que se difunda lo que ocurrió el 19 de julio de 1924, uno de los capítulos más sangrientos de la historia chaqueña. 

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Rosa Grillo es la última sobreviviente de la Masacre de Napalpí.

Unos 700 indígenas fueron víctimas de una masacre, donde que no se discriminó sexo ni edad. Asesinaron a hombres como mujeres, ancianos y niños sin piedad. Quienes no murieron por las balas policiales, fueron degollados con machetes y hachas. Hasta hace poco se pensaba que no había sobrevivientes de aquella historia.

El fallecimiento de Melitona Enrique en 2008 fue un golpe duro, ya que hasta entonces era la única sobreviviente, sin embargo este año, a fines de octubre, el historiador y docente Juan Chico se reunió con Rosa Grillo y su familia en Colonia Aborigen, lugar donde antiguamente se encontraba Napalpí, para confirmar la gran noticia.

Se estima que la mujer de la comunidad qom, en la actualidad tiene entre 105 y 110 años. El hallazgo es clave para la causa judicial que se inició en 2014, dado que sería hasta el momento la única persona que puede testimoniar lo que vio.  

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Juan Chico, investigador de 41 años, comprometido con la causa Masacre de Napalpí.

Después de una serie de visitas y de varios encuentros con integrantes de la comunidad qom, Chico y los investigadores Arturo Blanco y Raquel Esquivel pudieron dar con la anciana que vive con su hija Florenciana y sus nietos, en el Lote 40. La falta de precisión sobre la edad de Rosa es porque fue anotada de grande. Su hija contó que la anciana siempre recuerda lo sucedido durante la masacre y que siendo niña pudo escapar junto a su madre Antonia.

Durante el encuentro, la familia contó que ella siempre recuerda la presencia del avión durante esos días de julio de 1924 y los caramelos que arrojaban como señuelo, hecho que quedó en su memoria porque era la primera vez que observaba una situación como esa.

Además contó que esa mañana cuando salieron a juntar los caramelos sintieron el estruendo y la gente empezó a caer herida, su mamá y tíos la tomaron y se la llevaron al monte y así fue como pudieron salvarse. Tuvieron que refugiarse durante varios días y noche sin alimentos, hasta que pudieron escaparse y refugiarse en Machagai. 

“Lo que siempre se dijo de Napalpí es que fue una disputa interna indígena. Nosotros llegamos a la conclusión de que la masacre fue contra la huelga de los aborígenes. Ellos no podían cambiar los vales de comida que le daban los patrones para abastecerse en su misma proveeduría. Y como no eran válidos fuera de esa proveeduría, allí está el punto de conflicto”, señala Chico.

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El gobernador Domingo Peppo y Rosa Grillo, pocos días después conocerse la noticia del hallazgo.

Al historiador le tocó sufrir discriminación de distinto tipo durante sus investigaciones: “Me han dicho indio despectivamente, me han subestimado y a los aborígenes nos tienen de menos. Mientras no haya políticas de Estado de reparación al pueblo indígena, esto seguirá pasando. Siempre hay gestos de los gobiernos, que se valoran, pero lo que necesitamos son políticas de Estado reales, sino quedamos a merced del humor del gobierno de turno”.

Además sostiene que el sistema educativo “siempre negó los derechos de los indígenas”, pero hoy en día “tenemos muchos docentes que reivindican y luchan por los derechos de los pueblos originarios”.

“Sé quién soy, sé de dónde vengo y sé hacia dónde voy. Los que venimos de pueblos originarios lo sabemos muy bien”, sentenció.

“Espero que estos hechos no se vuelvan a repetir. Que no haya más persecución a los aborígenes ni a sus derechos. Tenemos que tener respeto hacia el otro, porque todos somos seres humanos”, concluye.

Se espera el testimonio de Rosa

La Fiscalía Federal fue notificada también del hallazgo de Rosa Grillo y oportunamente la convocará a prestar testimonio en la investigación que se está llevando adelante y que promueve un juicio por la verdad. Lo que se busca es que la Masacre de Napalpí sea juzgada como un crimen de lesa humanidad.

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Comunidades aborígenes de la zona de Napalpí. Imágenes históricas.

La causa ya cuenta con las declaraciones de Pedro Balquinta, de la comunidad moqoit, que fue el único sobreviviente de dos masacres: la de Napalpí en 1924 y El Zapallar ocurrida el 9 de septiembre de 1933. Balquinta falleció a los 108 años el 30 de diciembre de 2015. También la justicia pudo tomar el testimonio de Mario y Sabino Irigoyen, hijos de Melitona Enrique, de la comunidad qom y sobreviviente de Napalpí cuando tenía 23 años. Melitona falleció el 13 de noviembre de 2008 a los 107 años y en su honor se conmemora cada 13 de noviembre el Día Provincial de la Mujer Indígena. Otra de las declaraciones en la justicia federal es la de Carmen Delgado, hija de Rosa Chara que es también otra de las sobrevivientes.

El viernes 5 de octubre, como parte de la investigación judicial que lleva adelante la Unidad de DDHH de la Fiscalía Federal, integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense visitaron el Lote 39 “Fosa de la Matanza Napalpi”. Allí se estudia la posibilidad de realizar exhumaciones que aporten información relevante para la investigación judicial.

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Una represión sangrienta

El motivo de la represión fue la negativa a ser mano de obra esclava, denunciar maltratos y, también, el ser indígena. Según escribe el periodista Darío Aranda de Página 12, la orden fue política; el motivo, económico (el avance algodonero y la necesidad de brazos para la cosecha), y los ejecutores fueron la policía y grandes terratenientes.

En 1922, el radical Marcelo T. de Alvear había reemplazado en la presidencia a Hipólito Yrigoyen. El Territorio Nacional del Chaco ya se perfilaba como el primer productor nacional de algodón. La superficie sembrada en Chaco era de 100 hectáreas en 1895. Para 1920 había crecido exponencialmente: 50 mil hectáreas.

La Reducción Aborigen de Napalpí (a 10 kilómetros de Resistencia) era un espacio de sometimiento donde los indígenas eran obligados a trabajar en condiciones de semiesclavitud. Los maltratos eran frecuentes y no tenían los mismos derechos que el resto de la población.

En julio de 1924, los indígenas qom y mocoví se declararon en huelga. Denunciaban los maltratos y la explotación de los terratenientes. Y planeaban marchar a los ingenios azucareros de Salta y Jujuy. Pero el gobernador Fernando Centeno les prohibió abandonar Chaco y, ante la persistencia indígena, ordenó la represión. El argumento oficial fue una supuesta ‘sublevación’ indígena.

El 19 de julio unos 130 policías y civiles (enviados por grandes estancieros) rodearon a los grupos en huelga y dispararon con rifles durante 45 minutos.

Un mes después de la matanza, el 29 de agosto, el exdirector de la reducción Enrique Lynch Arribálzaga escribió una carta al Congreso Nacional: “La matanza de indígenas continúa en Napalpí y sus alrededores. Parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presentes en la carnicería del 19 de julio, para que no puedan servir de testigos”.

La prensa de la época repitió el discurso del gobierno u omitió el hecho. Pero hubo excepciones. El periódico Heraldo del Norte denunció: “Sin que los inocentes indígenas realizaran un solo disparo, los atacantes hicieron repetidas descargas de disparos en medio del pánico de los indios, más mujeres y niños que hombres. Se produjo la más cobarde y feroz carnicería, degollando a los heridos sin respetar sexo ni edad”. El corresponsal del diario La Razón escribió en julio de 1924: “Muchas hectáreas de tierra en flor están en poder de los pobres indios; quitarles esas tierras es la ilusión que muchos desean en secreto”.

El sociólogo Marcelo Musante, de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena, se especializa en el proceso represivo de Chaco. Explica que Napalpí fue parte de un sistema de reducciones estatales implementado en Chaco y Formosa, suerte de campos de concentración para poblaciones originarias donde se ejercían acciones de control y dominación. “La discusión pública debe preguntarse por qué el funcionamiento estatal, cuando refiere a pueblos indígenas, promueve recurrentemente acciones represivas”, expresa Musante.

 

Retrato de un historiador

Juan Chico es qom, nacido y criado en Napalpí, hoy Colonia Aborigen. Escribió (junto a Mario Fernández) el libro Napalpí. La voz de la sangre. Recuerda que las comunidades siguen peleando para que el lugar se vuelva a llamar Napalpí y valora que en el Chaco se hable cada día más de la masacre de indígenas. También trazó un paralelo al presente: “Argentina ha avanzado mucho respecto de los derechos humanos, pero pareciera que los indígenas tenemos derechos humanos de segunda, parte de la sociedad nos sigue considerando inferiores y nuestro genocidio sigue invisibilizado”.

 

El recuerdo de Melitona

Juan Chico definió a Melitona Enrique como una “valiente”, y no es para menos. Melitona Enrique murió en 2008 a los 107 años, y hasta hace unos días era la última sobreviviente de la Masacre en fallecer, idea que dio un giro tras conocerse la noticia de Rosa Grillo. Cuando Melitona tenía 23, sobrevivió a la masacre de Napalpí, y recién en 2007, y a pocos meses de su muerte, pudo contar lo sucedido. De esa manera, la anciana echó por tierra la versión oficial que había negado la matanza y responsabilizó a las víctimas de generar una sublevación. 

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Melitona Enrique falleció en 2008 a los 107 años.

Había nacido un 16 de enero en tiempos remotos en el paraje chaqueño El Aguará. Según relata el escritor Pedro Jorge Solans en el libro “Crímenes en sangre. La verdad sobre la Masacre de Napalpí”, Melitona Enrique apeló al silencio para salvarse. Tuvo su prueba de fuego cuando la arrastraron hacia el corazón del monte bajo la balacera policial. Tenía que aguantar el dolor.

Aquella mañana, Melitona corría hacia el monte y cayó. Entre todos la arrastraron más de 500 metros. Estuvo días sin comer ni beber, desnutridas, deshidratadas, heridas, arrastrándose. La madre no aguantó. Se desangró. Melitona se salvó. Siguió escondida por los bosques hasta que pudo llegar a Quitilipi, aunque luego volvería al paraje que la vio nacer.

En 2008 el gobierno de Chaco pidió públicamente perdón por la matanza y entregó una vivienda a la sobreviviente Melitona Enrique.

En homenaje a Melitona, cada 13 de noviembre se conmemora el Día Provincial de la Mujer Indígena, instaurado por ley provincial N° 7702.