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Resistiendo en pequeñas superficies para no desaparecer

El campo vive y un ejemplo de vitalidad son los pequeños productores que resisten a pesar de poseer pequeñas superficies, no ser pasibles de créditos y tampoco son asistidos por aportes que surgen de diversos estamentos del Estado para posibilitar una mejora en su trabajo.

Los grupos de familias que se afincan en zonas determinadas del departamento 9 de Julio, en algunos casos, cuentan con el acompañamiento del área producción del municipio o de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Las Breñas con su Agencia de Extensión y programas como ProHuerta, Minifundios y otros, que permiten comenzar a trabajar asociativamente, capacitarse para mejorar la producción y lograr rentabilidad, a pesar de contar con pocas hectáreas para trabajar

 

Familias Rurales con emprendimientos productivos

LAS BREÑAS (Agencia). A lo largo de los últimos 100 años fueron muchos los momentos de crisis que les tocó afrontar a los pequeños productores de esta zona de la provincia. En algunos casos por la sequía, en otros la invasión de langostas, los bajos precios de lo que producían y las situaciones económico-financieras del país, entre otros.

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En estos momentos, que se considera que la unidad económica agropecuaria supera largamente las 50 o 100 hectáreas que eran ocupadas por chacareros y permitían su desarrollo junto a la familia, tienen que buscar alternativas para no dejar “el sueño de los abuelos” o “el mandato de nuestros mayores” como dicen los protagonistas de algunos casos que Norte encontró en diversos parajes. Unos produciendo aves para huevos o para carne, otros con cría de caprinos, o con huerta y frutales, o artesanías; siempre, con el trabajo familiar para lograr el objetivo de resistir.

 

Veinte años con frutales y hortalizas en pampa San Martín

Un lote ubicado a unos 13 kilómetros de Las Breñas, en dirección noroeste, está cultivado con una variedad importante de frutales, hortalizas y se observan algunos animales menores. Es lo que queda de un lote de 100 hectáreas que se redujo a 35 por esos avatares de la vida en el campo y que, desde hace 20 años, le permite a Máximo Basilio “Pimpa” Opanasiuk, su esposa y 5 hijos, resistir en la zona rural produciendo alimentos sanos y frescos que se ubican en diversos comercios y familias de la ciudad.

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“Siempre con nuestros propios recursos ya que me cansé de pedir créditos o algún aporte para este tipo de emprendimientos y nunca tuve respuestas”, dice “Pimpa” Opanasiuk.

“Hace más de veinte años que comenzamos a poner planta de durazneros y cítricos, gracias a un proyecto que encaramos con uno de mis 9 hermanos que está en Tucumán. Siempre con nuestros propios recursos ya que me cansé de pedir créditos o algún aporte para este tipo de emprendimientos y nunca tuve respuestas, inclusive en una ocasión les dije a un grupo de políticos que andaban en campaña que se fueran de mi campo porque estaba cansado de mentiras o que te prometan algo y nunca cumplan; así que compramos la semilla y plantines que necesitamos, al igual que motobombas, tubos y caños para el riego en los lugares que necesitamos y estamos produciendo bien. Alguna vez, recuerda, intentamos criar cerdos para lechones y capones pero con tanta burocracia, trámites y alguna mala atención en una oficina pública que, ni me saludaron y empezaron a decirme que me iban a decomisar todo lo que producía; entonces, dejé y me dedico a las frutas, verduras, cucurbitáceas, entre otras”, asegura el productor.

En el espacio que cuenta, destina un par de hectáreas para cítricos y duraznos, otro tanto para higos y otros frutales; un espacio similar lo ocupan las verduras donde se observan espinacas, acelgas, lechugas, cebollas blancas, moradas y de verdeo, apio, arvejas, etc. En otro pequeño sector hay zapallos papa y de tronco, junto a pepinos y pepinillos.

También maní

Por otra parte, “en un campo vecino, alquilo unas 4 hectáreas para producir maní, cuenta, y se obtiene un total de más de 8 toneladas; en un proceso que implica cosechar, secar, lavar, volver a secar, seleccionar y tostar en 3 hornos construidos junto a uno de mis hijos, disponemos de una buena cantidad de maní que se vende en el mercado local y una parte sale para otras localidades”.

Es un trabajo que cuenta con el aporte de toda la familia, entre los que preparan la tierra, siembran, quitan malezas, riegan, cortan y cosechan, trasladan a los comercios de la ciudad y a un local que atiende uno de sus hijos en el barrio Sarmiento de Las Breñas. “Con todo eso podemos vivir dignamente, alimentarnos, vestirnos, hacer estudiar a los hijos y encarar nuevos proyectos para mejorar las instalaciones o conseguir algún elemento necesario”, explica Pimpa.

 

Genética, sanidad y manejo de caprinos con aportes del INTA

Miguel Hemadi, su esposa e hijo Darío, además de otras actividades propias de la zona cercana a Pampa Suárez a unos 40 kilómetros al noroeste de Las Breñas, incursionan en la producción caprina. Darío cuenta a NORTE Rural que “prácticamente siempre se hizo la cría de chivos en nuestra casa, sólo que desde hace unos 12 años se comenzó con más intensidad y mejores nociones para su manejo; sobre todo, el INTA Las Breñas, en 2014 comenzó a visitarnos y dar orientación de qué debíamos cambiar para incrementar la cantidad de cabezas y hacer rentable la producción”.

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Darío Hemadi: “Es muy valiosa la capacitación que nos da el técnico del INTA cada vez que nos visita ya que mejoramos la estructura de corrales”, asegura.

El médico veterinario Aldo Smeriglio comenzó, desde su llegada a la Estación Experimental Agropecuaria INTA Las Breñas, con el objetivo de conocer la realidad productiva del departamento 9 de julio y de otros que conforman el área de influencia de la Unidad de Investigación a hacer un relevamiento del sistema productivo caprino. Se consideró la cantidad de cabezas, discriminando edades, características de los animales que conforman cada rodeo, como así también su condición corporal, estado y sanidad.

En esta visita a la familia Hemadi, previamente acordada, ya se esperaba al técnico con los animales en el corral y, de inmediato, comenzó con la observación en cada uno de los animales de las distintas categorías, especialmente hembras. “El objetivo es saber la cantidad de hembras, sus edades según cantidad y estado de dientes, condición corporal, aplomos y estructura; para ello, registramos cada una de las chivas, explica el técnico, luego volcamos todos esos datos en un programa que nos permite visualizar la situación de cada productor. Todo ello, más el objetivo que tiene como unidad productiva para tener en producción una cantidad determinada de madres, como así también la condición de cada una para dejarlas en el rodeo o derivarlas para faena, por su edad avanzada o por no contar con las condiciones mínimas para ser servidas (preñadas) y alimentar a una o más crías”, determina el veterinario.

Darío Hemadi cuenta que “es muy valiosa la capacitación que nos da el técnico del INTA cada vez que nos visita ya que mejoramos la estructura de corrales, nos dan condiciones para adquirir un buen padrillo y se puede cambiar por carne de animales de descarte, nos aporta un calendario sanitario y orientaciones de mejora del manejo”. Con la capacidad operativa y de manejo para atender en el predio con que cuenta, estima el productor que lo ideal sería contar con 60 o 70 madres; un número ideal para atender y con posibilidad de que sea rentable ubicando la carne en el mercado local.

Se suma a esta actividad, la relacionada con madera del monte que utilizan para transformarla en carbón, leña u otros productos forestales, como así también la cría de otros animales menores.

 

La fortaleza de Sonia en la Curva Novoa

Una mujer con mucha fuerza, optimismo y amplia sonrisa es la que recibe a Norte en su casa, a unos 15 kilómetros de Las Breñas, por la vieja ruta 6, poco antes de llegar a la Escuela N° 591 “Esteban A. Gascón”. Allí se puede observar, mientras deja de cortar pasto para hacer los nidos, a varios grupos de decenas de pavos que son sus preferidos entre otros animales que pastan en el campo de poco más de 80 hectáreas; poco más de 20 bovinos, unas 50 gallinas y pollos entre los que se destacan los de “cuello pelado”, una veintena de cerdos y los más de 120 pavos de los cuales, más de 80 son hembras.

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Sonia Pikaluk, resistiendo, junto a los preferidos para criar en el campo que posee junto a su madre, cerca del paraje Curva Novoa.

“Esto me permite vivir dignamente junto a mi madre (Olga Szemeniuk, 70 años), sin ningún tipo de ayuda porque siempre falta algún papel o trámite para conseguir crédito, cuando una lo que busca es producir más o mejor, con algunas comodidades; pero, es lo que tenemos y seguimos luchando para defender la tierra, no abandonarla…”. En un tramo de la conversación recuerda a su padre, Antonio Pikaluk, hijo de inmigrantes ucranianos, fallecido a principios de la década pasada y asegura que seguirá su destino de trabajar en el campo. “Mis hermanos varones, los dos, están en Las Breñas, dice Sonia, y mi hermana en Resistencia, por lo que quedamos las dos para hacer frente y resistir a lo venga”, concluye.

 

Del campo a la feria

“No queremos dejar nuestra casa y nuestras cosas ya que vivimos siempre aquí y vivimos con lo poco que tenemos y podemos hacer”, dice Emanuel Claudio Peralta; vive a unos 25 kilómetros de Las Breñas, unos mil metros más allá de la Escuela Primaria N° 121 “Ángel Conesa”, en la que colabora permanentemente su esposa Alejandra Zárate con quien tiene seis hijos, dos con sus propias familias y otros en casa con un estudiante de escuela secundaria por lo que debe pagar los gastos de internado y otra en 1° grado de la escuela rural.

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Alejandra, esposa del artesano Emanuel Claudio Peralta, con los productos que él elabora en un stand de la Feria Franca.

Además de realizar trabajos de monte y de campo en lugares cercanos a su casa, con los cueros de animales del monte como iguanas o víboras, los que consigue cuando faena alguno de los pocos caprinos que tiene y los que adquiere de otros productores, después de hacer cursos de curtido en la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Las Breñas, comenzó a perfeccionar su actividad artesanal con este elemento. De sus manos surgen porta termos, billeteras, bolsos, carteras, pulseras, y otros elementos que ofrece cada sábado en la Feria Franca de Las Breñas. Esta acción a la que suma aves y productos de la huerta en su pequeño espacio de poco más de una hectárea son los que le permiten la subsistencia y lograr que los hijos estudien.

 

Un joven que se aferra a la tierra

Otro joven emprendedor, que renuncia a abandonar las 50 hectáreas que poseen sus padres a unos 10 kilómetros de Las Breñas. Es Miguel Ángel Posternak, el Piki como lo llama su madre Nélida Argentina quien junto a su padre Gregorio Miguel Posternak están en la vieja casita, epicentro de un gran patio. Completan la familia, Javier Exequiel de 36 (en el sur) y Zaira de 33 (Buenos Aires).

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Miguel Ángel Posternak dejó la cría de cerdos hace 5 años para dedicarse a la producción de huevos de gallina y, después de hacerlo en jaulas, lo hace teniéndolas en el piso con techo y patio.

Desde allí se observa todo lo que hay en el pequeño y poblado establecimiento; con gallinas y pavos que corretean entre los árboles, corrales donde están los pocos cerdos que quedan de un viejo proyecto. “Como pasa a la mayoría de los productores porcícolas y a pesar de distintas políticas que se implementaron, destaca Postenak, siempre es un problema la comercialización ya que no tenemos problemas con la genética que logramos ni el manejo que aprendimos; pero, siempre el problema es la venta ya que si lo hacemos afuera (de la provincia) se corren riesgos de no cobrar porque daban cheques a 30 y 60 días; y aquí cerca no había tanta demanda por lo que dejé hace unos 5 años y vendía las 80 madres que tenía y después liquidé los capones, dejando unas pocas madres como para el consumo nomás”.

Ese fue el momento en que empezó con el proyecto de las ponedoras para tratar de abastecer una parte de la demanda de huevos que hay en la ciudad. “Tengo 1200 ponedoras en jaula y ahora se incorporaron 250 hace un año y 300 hace un mes que se mantienen en semicautiverio; con estos se puede notar un mucho mejor rendimiento de las gallinas que están en el piso, por sobre las que están en jaulas, con resultados de un 90% y 60%, respectivamente”. Estos datos le fueron solicitados por el INTA Las Breñas donde funciona el centro de multiplicación de aves, por parte del médico veterinario Martín Asiaín, con quien comparte la información.

Además, se observa cerca de la casa que tiene en construcción, bajo los árboles, distintos pisos hechos con tarimas sobre las que hay 2 variedades de zapallos y calabazas; un poco más allá el silobolsa que contiene forraje producido desde el corte de plantas de maíz para alimentar a una veintena de bovinos que tiene para engorde y con los que abastece a algunos carniceros amigos.