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El encuentro chaqueño es el más longevo del país

La fiesta provincial de teatro cumple 40 años de vida

Las luces del escenario, pocas y precarias, se prendieron en el Teatro Israelita de Presidencia Roque Sáenz Peña. Era la nochecita del 11 de mayo de 1978 y los actores a punto de pisar las tablas, sus pares y el público reunido, estaban por iniciar no sólo la ceremonia de otra función.

Era, ni más ni menos, que el inicio de los Encuentros Provinciales de Teatro que este año cumplen 40 años de vida. Y hay muchos motivos para festejar. Uno de ellos es la permanencia: la fiesta chaqueña es la más antigua en el calendario de todo el país. Otro es, sin dudas, un calendario que ratifica a los teatreros chaqueños como uno de los sectores creativos más comprometidos con su actividad, profundamente dispuestos a construir en el disenso y en la siempre bienvenida confrontación de ideas y postulados. 

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La obra "Don Chicho" se presentó en Encuentro en 1979. Escrita por Alberto Novión y dirigida por Carlos Canto, fue una puesta del grupo TATEQUI.

Esta larga historia -más larga aún si consideramos el corto devenir del Chaco como provincia- tiene su origen en un contexto pleno de paradojas, como la gestión cultural que se desarrolló durante la dictadura militar. La entonces Dirección de Cultura, conducida por Yolanda Perenno de Elizondo, desplegó una política de gran impacto al poner en marcha el trabajo de los Promotores Culturales, agentes de gestión que viajaban regularmente a distintas ciudades y pueblos del territorio para agitar las aguas, formar elencos y producir obras.

Fue pieza clave en ese armado Ercilio Castillo, tanto como el grupo que integró a personalidades hoy referentes de la historia cultural chaqueña como Rody Quintana, Jacinto Reidán y Héctor Veronese, a cargo de la parte teatral del organismo, Carlos Canto, Chichín Obal, Carlos  Schwaderer, Gladis Gómez, entre tantos.

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La obra "Farsa", también dirigida por Canto, fue una de las inaugurales del primer Encuentro, en 1978. El elenco estaba integrado por actores formados en el taller que comenzó un año anterior, en Quitili

El trabajo de los pioneros no tardó en dar sus resultados y la idea de reunir los grupos incipientes en un solo lugar, compartir las experiencias y disfrutar de la pasión compartida, fue indiscutida.

“Eran tiempos de mucho debate político. Estábamos en pleno proceso militar y para nosotros el teatro era una forma de resistir. La mayoría proveníamos de grupos independientes que la peleábamos haciendo obras, una manera de apostar al cambio abriendo las mentes y ayudar a los más jóvenes a generar una resistencia cultural. Cuando se nos dio la posibilidad de ser promotores se nos agrandó el abanico de acción y pudimos generar más cosas, desde el lugar que teníamos” recuerda emocionado Carlos Canto, desde Sáenz Peña, ciudad que vió nacer -y mantuvo por dos décadas- esta fiesta.

Aquel primer encuentro fue organizado entre la provincia una comisión oficial del Municipio de Sáenz Peña presidida por Nany Petroff, directora del coro termal. Participaron el grupo Cacique Pelayo, de Fontana, dirigida por Veronese; el grupo Teatro Vocacional Las Breñas 76 que lo dirigía Pedro Sasovsky; el Grupo 4 de Machagay, que lo formó Carlos Schwaderer; Sáenz Peña con su Teatro Municipal, en aquella época dirigido por Teresa Toledo y Chichín Obal; Quitilipi con el Tatequi que formó Canto y lo dirigió mucho tiempo. Resistencia participó con el grupo Temusdacán dirigido por Teresa Toledo; Tres Isletas con el Teatro Cervantes que lo dirigió primero Veronesse y luego Canto y Villa Angela, con un grupo que se auto dirigía.

“Encontrarnos fue la posibilidad de estar juntos, de charlar mucho. Fue esa primera posibilidad de debatir y discutir, más allá de lo artístico, sobre lo que estábamos haciendo porque, además de ver nuestro propio trabajo, podíamos medirnos t tener referencias. Además, se concretó en una coyuntura de mucha efervescencia: no sólo veníamos al encuentro sino que participábamos de los estrenos, recorríamos la provincia, íbamos a los estrenos. Participábamos del trabajo y los logros. Eso generó una hermandad particular y llegamos al encuentro ya consolidados. La prensa nos daba mucha manija, porque provenían grupos de distintos rincones, lugares donde antes no había nada de cultura” recuerda Canto.

Desde aquel lejano 78 hasta el presente, muchos cambios se produjeron, en el país, en el teatro y en el mismo encuentro. Por 20 años la movida tuvo como epicentro a Sáenz Peña, que ocupó salas de El Ateneo y el Teatro Español. 

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Entre la itinerancia y la competencia

Dos hechos modificaron la estructura del Encuentro Provincial de Teatro. Uno fue la creación de las Fiestas Nacionales, en 1985, que empujaron a los elencos a la competencia por un lugar en la grilla federal. Otro giro fue la itinerancia: agotada la experiencia en Sáenz Peña, en el 2002, la convocatoria comenzó a recorrer el territorio chaqueño, tomando como sede distintas localidades.

La historia de la competencia tiene sus ribetes y dejó su impronta. El entonces llamado Encuentro Provincial de Teatro fue, desde que nació y durante muchos años, sólo eso: un encuentro. Sin embargo, la instancia nacional empujó a los grupos a generar la competencia entre sí que, para muchos significó una motivación extraordinaria no sólo como motor para la creación sino como posibilidad de acceder a una instancia que favoreció la visibilidad de los creadores, el intercambio con sus pares y el conocimiento del mapa teatral del país. Sin embargo, el nuevo perfil esconde sus paradojas: “Con la participación del Instituto Nacional del Teatro y la llegada sistemática de críticos y realizadores de las grandes ciudades se modificó la estructura y la valoración de los trabajos: muchos compañeros comenzaron a cambiar sus estéticas en función de ser elegidos y eso fue un error. Algunos que se coparon y encontraron el código imperante, aprendieron lo que votaba el jurado y producían en función de eso”, reflexiona Hugo Blotta, una de las piezas claves en toda esta historia.

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La obra Sinvergüenza, dirigida por Carlos Schwaderer participó del Encuentro en 1979. Analía Gómez Ferreyra, Susana Romberbesky, Norberto Emerich y Norma Aguirre. Sentados: Ricardo Depedro y Hugo Blotta.

El Instituto Nacional, por su parte, puso en marcha una nueva instancia -no competitiva- como la Fiesta Regional que, previa a la federal, permitía y permite aún hoy a los grupos correntinos, formoseños, misioneros y chaqueños, tener un encuentro que los une.

La itinerancia -instancia que registra la investigadora Mirna Capitanich, entre otros temas en el 23 Encuentro de Historia Regional- arranca en el 2001 y comienza a recorrer el territorio: en el 2002 Charata y luego en Villa Angela y General San Martín (en dos oportunidades), La Tigra, Puerto Tirol; Las Breñas y Pinedo.

Etapa superada

“Mantuvimos el encuentro durante más de 20 años en Sáenz Peña pero fue un evento que se agotó en sí mismo por varios motivos. Las sucesivas administraciones municipales no nos daban siempre el mismo apoyo, había una saturación por parte del público, los teatreros locales estaban exigidos y teníamos una sola sala para todas las funciones. Esto producía muchas demoras y complicaciones a la hora de diseñar la grilla y poner los espectáculos en escena” reflexionó Blotta.

Carlos Canto, anfitrión durante toda esa época termal desde su Sala Setiembre, coincide con el diagnóstico: “Nos encontramos con mucha apatía por parte de las autoridades municipales. Siempre muy duro conseguir el apoyo y resolver cuestiones claves de estrategia, como la hotelería y la comida para tantas personas. Cuando se resolvió en asamblea cambiar de sede, la municipalidad no ofreció resistencia y de alguna manera nosotros tampoco: lo queríamos mantener en Sáenz Peña, pero nos dábamos cuenta que era muy dificultoso”.

La mayoría de los teatristas coinciden en que la itinerancia fue un acierto, pero que también se precipitó su idea. Todos los años debían acordar con las distintas municipalidades cuestiones organizativas que siempre terminaban en desborde: “La cuestión es que, de un día para otro, llegaban a las ciudades o pueblos más de 100 artistas, que había que alojarlos, darles de comer y organizar actividades. En muchas localidades los más viejos íbamos a los hoteles más completos, muchos terminaban en pensiones y, en una oportunidad, un grupo tuvo que alojarse en un hotel de alojamiento por horas” recuerda, en una mezcla de picardía y algo de tristeza Hugo Blotta.

Finalmente la intervención de Marcelo Padelín, por entonces representante chaqueño del Instituto Nacional del Teatro, la Fiesta Provincial hizo pié en Re-sistencia, para no moverse más.  La decisión fue lógica y respondió a todos los problemas planteados: la ciudad capital posee salas tanto oficiales como inde-pendientes para disponer una grilla cómoda, la capacidad hotelera permite absorber la llegada de los elencos de toda la provincia, existen posibilidades gastronómicas para resolver las comidas y hasta un colectivo que recorre una sala tras otra para llevar al público a ver las funciones cronométricamente diseñadas.

El aterrizaje en Resistencia tiene, sin embargo sus bemoles: “Si bien se pueden superar muchos inconvenientes, uno de los desafíos es que el Encuentro se enmarca en una ciudad grande, con mucha actividad y que debe hacer un esfuerzo para que sea visible y mantenga su identidad”, apunta Blotta. Canto, por su parte, insiste en la importancia de concretarlo en un ámbito donde tienen sede los organismos del gobierno responsables de la organización: “Aquí están las oficinas y los funcionarios. En Sánez Peña no teníamos, muchas veces, a quien recurrir para resolver las cuestiones que se nos presentaban”. Sin embargo, admite que en este proceso, hubo un desbalance territorial: “Los encuentros fueron perdiendo mayoría de grupos del interior y con el tiempo se impusieron numéricamente los de Resistencia. Esto, claro está, es también resultado de las políticas oficiales. De todas maneras, es más fácil traer los elencos de distintas ciudades a la capital, que al revés”.

La celebración del presente

Con sus luces y sombras, el Encuentro Provincial de Teatro siempre fue una fiesta. Y no sólo para los protagonistas, sino para el público que siempre respondió con contundencia. Entre estos dos polos, una multiplicidad de sectores se movilizan e intervienen para que la convocatoria sea, cada año, una realidad por vivir.  Muchas personas, durante estos años, han aportado esfuerzo y recursos para que la vigencia sea posible y estos 40 años son un premio para todos y cada uno de ellos.

“Chaco tiene una de las producciones teatrales más contundentes de la región y, si lo vemos en perspectiva demográfica, un número relevante de obras es-trenadas por año. Esta fiesta es una posibilidad de celebrar ese espíritu creati-vo, acercarnos al público y apostar por un crecimiento que responde a la fuerza del trabajo y la historia que tramamos todos los días” celebró el actual delegado del Instituto Nacional del Teatro, Guillermo Elordi, una de las patas organizativas del Encuentro, junto a la dirección de Teatro del Instituto de Cultura del Chaco y la Asociación de Actores.

El telón se levanta o las luces se encienden en escena. Así, como hace cuatro décadas, el ritual del teatro vuelve a mover la sangre de sus venas y, con ella, la pasión de artistas y público reunidos en una celebración que nos devuelve, como un espejo, la imagen de nosotros mismos.

¡Viva el teatro!

 

El año negro

El Encuentro Provincial de Teatro debería contar, este año, con edición 41, no la 40 como se celebra. Ocurre que en su historia existe un año negro. No fue la dictadura ni la censura, no fueron las crisis económicas. Fue, simplemente, la necedad de una gestión.

En 1992, durante la gestión de Rolando Tauguinas y el subsecretario de Cultura Aldo Pértile no se concretó el encuentro.  Muchos argumentos se esgrimieron por entonces, pero la verdad fue que Tauguinas, enojado por la ausencia de un elenco de Sáenz Peña, le retiró el apoyo: “Cuando comenzamos a organizarnos, nos reunimos con el gobernador quien planteó que, si no había ningún grupo de Sáenz Peña, la fiesta no se haría. Le repliqué, por aquel entones que por qué no generaba políticas culturales para que eso ocurra” rememora Blotta.

Los comunicados oficiales, de ese entonces, justificaron la suspensión en cuestiones presupuestarias. Al año siguiente, el pulso de los artistas no dejó lugar a las tinieblas y el Encuentro volvió a realizarse, ininterrumpidamente, hasta el presente.