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Eduardo López
Por: Eduardo López
La página del lunes

Prioridad en la educación: solo en los discursos

Si hay algo en la que todos los políticos coinciden en época de elecciones (al menos en las palabras) es en que, bajo su mandato, “la educación tendrá la prioridad de las prioridades”. “Ellos -los alumnos- son el futuro y no se puede hipotecar ese futuro”, son algunas de las grandilocuentes frases que se pronuncian y que quedan en el total olvido apenas llegan al poder.

Hace años, décadas, en que los sujetos de la educación -los alumnos- son los permanentes olvidados y toda la “prioridad educativa” se reduce al enfrentamiento entre las autoridades y los “demasiados” gremios docentes por los salarios que perciben los maestros, bajo la pasiva mirada de los padres y entonces la pretendida “prioridad” cada vez es peor y las escuelas, llamadas templos del saber, están convertidas en lugares de peleas y de desorientación.

Récord de paros

Como apelar a los hechos es la única realidad, otra vez en el Chaco se han batido todos los récores del país en cuanto a días de clases y de paros. Hasta fines de la semana última, sobre un poco más de 150 días hábiles de actividades escolares, se han dictado sólo 83 días de clases y hubo 62 días con paros, unos guarismos que no se modificarán mucho ya que ha empezado noviembre, el último mes completo de actividades. Y dentro de esos 150 días se incluyen feriados, asuetos, días de “jornadas” de supuesta capacitación docente. No ha habido una semana completa con dictado de clases y los paros ya no producen para nada el efecto deseado de una medida extrema y las autoridades ni se alteran.

Es cierto que no todos los docentes se adhieren a esas medidas, pero institucionalmente, semana a semana, se anuncian las huelgas que piden mejores salarios y que no son atendidas por las autoridades porque afirman que “no pueden pagar más”. Pero el clima que se ha creado no es el mejor porque no existe para nada el diálogo constructivo, que se supone, debería haber entre educadores y quienes toman las decisiones. Si ese diálogo no se consigue cómo se puede pretender que otros sectores también se pongan de acuerdo.

Sin diálogo y con tensiones

Esta semana que pasó hubo episodios que pusieron al descubierto situaciones que pasan desapercibidas pero que contribuyen a tensar las relaciones. En el acto de apertura de la jornada de lectura “Letras con voz”, que se hizo en la Escuela Primaria 737 de Resistencia y al que asistieron el gobernador y la ministra de Educación, fueron recibidos por un grupo de docentes que reclamaron recomposición salarial y contra los descuentos, la corrupción y el cierre de cursos, e incluyó pancartas, silbidos, abucheos y algunos gritos. La ministra expresó, luego, su tristeza por la situación, que “arruinó una jornada de fiesta en toda la provincia”. El gobernador fue más directo: “No son docentes, son veinte maleducados que le dan un mal ejemplo a los chicos. Y si éstos son los que tienen que educarlos, ¡no sé adónde vamos a ir a parar!”. Olvidó decir que el comportamiento de esos veinte docentes es su responsabilidad.

Es evidente que las relaciones están muy lejos de ser las mejores y más por otras declaraciones de la ministra en otra oportunidad, en las que afirmó que “hay dos gremios que sólo saben denunciar cosas y otros que sí aportan a la construcción pedagógica en el Ministerio”. Reveló que no se están cerrando cargos. Dijo, y no fue desmentida, que sobre todo en Resistencia existen escuelas secundarias que tienen matrículas de seis y cinco estudiantes por cada sección y que el Estado “les paga a esos profesores por enseñar en un curso a esa cantidad de estudiantes”. Fue más allá y dijo que “es muy baja la matrícula que tienen las escuelas secundarias. El Estado está pagando durante un año a profesores que no tenían ni un estudiante dentro de su curso”. Y profundizó: “En vez de manifestarnos, tenemos que empezar a trabajar en serio. Los padres ya están cansados de los paros y de las inasistencias. No llevan a ninguna solución. Dejen de hacer paros que no nos llevan a nada y empecemos a pensar en el derecho que tienen los estudiantes de asistir todos los días a la escuela”.

Esto nos indica que, en la Educación, la “prioridad” y “lo más importante”, está todo mal. Los alumnos no tienen clases como deberían tener; los docentes ganan mal y muchos hacen gala de falta de vocación; los padres muestran poca preocupación y los alumnos no tienen quién les defienda.

Si a esto se suma que los planes de estudio y sobre todo de formación para la vida son obsoletos y alejados de la realidad de los niños y jóvenes, el panorama es más que oscuro. Y lo peor es que para quienes deberían buscar el cambio, esto no es un problema ni tampoco una tarea a cumplir. Mal pronóstico para el futuro si no se toman urgentes soluciones en el diálogo constructivo y no en la pelea por los medios de comunicación. Evidentemente la prioridad educativa está sólo en las palabras.