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Eduardo López
Por: Eduardo López
La página del lunes

Decente

Mientras los ciudadanos programan cómo subsistir cada día con la comida, la ropa, la medicina y la educación de sus hijos, y hacen miles de equilibrios para salir adelante, los “políticos” ya están tratando de ganar posiciones para las elecciones de dentro de un año.

No se tiene en cuenta que, en casi de cuarenta años ininterrumpidos del ejercicio de la Democracia, la gente se ha hartado de los políticos. Fracaso tras fracaso, mentira tras mentira, han llevado a esta situación de hartazgo en la que se piensa que “son todos iguales”. Corruptos, nepotistas, vividores del Estado, perpetuos en los cargos y aprovechadores, como si los fondos públicos nunca se acabaran y la carga tributaria, ya insostenible, podría aumentarse indefinidamente.

Para tomar conciencia de todo esto basta con escuchar y ver por la TV alguno de los muchos programas con contenido político con los discursos de los responsables de esta degradación de la política o en las redes sociales con las opiniones de sus usuarios sobre los dichos y las declaraciones, en más de un noventa por ciento adversas, sean del color que sean.

Política y partidos

Los resultados cantan. La “política”, así como está ejercida es un fracaso y aquellos que la ejercen, los miembros de los “partidos” parecen no tomar conciencia de que así la cosa no va. De que no se puede vivir pidiendo indefinidamente paciencia, que va a venir un futuro venturoso que nunca llega. Desde las décadas de los 50, 60, 70, cuando se soñaba con justicia social, con la independencia económica, con la liberación de los poderes monopólicos, con la observancia de una auténtica democracia, se ha recorrido un largo camino en permanente declinación al que no le vemos salida.

Los partidos van desapareciendo cruzados por estos problemas. Eso les pasa a las democracias europeas (España, Italia, Francia, Alemania) y a las de las tres Américas, incluidos Brasil, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia y por supuesto a la Argentina. Queda un largo camino de regreso que alguna vez hay que comenzar a andar.

En las paredes de las ciudades de la provincia, en especial en Resistencia, ya hace tiempo que aparecen costosas gigantografías con caras de supuestos nuevos-viejos líderes que quieren acceder al poder a través de las elecciones en 2019. Algunos para seguir en los lugares en los que se sienten muy cómodos, a pesar de las penurias de los ciudadanos y otros, para ingresar en esa cofradía que parece que los va a salvar económicamente para toda la vida.

Decencia

Hay uno de esos carteles que es llamativo por el contenido, pero que parece resumir en una palabra lo que ofrece a la ciudadanía. El cartel dice solamente en letras de molde la palabra DECENTE con una cara de trasfondo. El posible candidato ofrece como carta de presentación para ser votado la Decencia. Algo que debería ser un presupuesto indefectible para ejercer la función pública y cualquier otro oficio. Sin embargo, hoy se ha llegado al extremo de señalarlo como una virtud extraordinaria, fuera de lo común.

Esto implica que el pueblo se ha percatado de que se trata de una virtud de la que hoy carecen los que nos gobiernan. Se ha llegado al límite de que lo que debería ser algo imprescindible, hoy se lo ofrezca como una virtud para merecer el voto. Por el mismo hecho de que hay varios funcionarios enjuiciados y presos en el orden provincial y no son pocos sobre los que se tienen fundadas sospechas de una no clara administración.

Ser decente es algo primordial para para la vida, pero lo es mucho más para estar en el Poder al servicio de la comunidad y hoy ha pasado a ser una virtud de excepción. Algo similar a lo que hacen los funcionarios de hoy que publican todo lo que hacen o deben hacer por ser su deber como hechos extraordinarios, cuando para eso la mayoría de las veces emplean, y en exceso, fondos que son de todos.

Da pena ver como los funcionarios andan a los codazos para cortar las cintas en las inauguraciones como si se tratara de obras faraónicas, cuando es simplemente cumplir con su deber, como es deber del maestro enseñar, del médico sanar, del panadero hacer pan y de los padres criar a sus hijos. Los gobernantes deben hacer calles, plazas, rutas, escuelas, redes de agua potable, de energía eléctrica, asistir a actos, no porque son buenos, sino porque ese es su trabajo, es a lo que se comprometieron hacer bajo juramento, no hace falta que lo pregonen a los cuatro vientos, ni que se saquen fotos a cada momento. Eso es la decencia que les exige la gente y que deberán cumplir si quieren, como pregonan, mejorar la vida de los chaqueños.