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¿Por qué las luces de freno?

Hay cosas que los conductores damos por naturales y pocos sabemos que todo tuvo un origen, un porqué.

Tenemos asumido que el color rojo señala peligro; lo asociamos al fuego, la sangre, la atracción, y nos sentimos predispuestos a leer o a fijar nuestra atención en este color primario. El color rojo tiene un simbolismo universal y ni siquiera nos cuestionamos por qué la prohibición de pasar es de este color, presente en la mayoría de las señales de tráfico, y sobre todo por qué las luces de freno y traseras son rojas y no azules o verdes. (excepto en Resitencia y Corrientes, ver aparte). 

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La tercera luz de freno no se reglamentó en ninguna de las Convenciones de Tráfico de Viena. Es el producto de una sugerencia del psicólogo norteamericano John Voevodsky.

El color de la luz que emiten los vehículos tiene su origen en la industria ferroviaria a principios de 1800 cuando el uso organizado de señales visuales se hizo imprescindible y se comenzaron a usar lámparas y faros para comunicarse con las estaciones, con otros trenes y con los propios trabajadores.

De hecho, la mayoría de stándares de iluminación que usamos hoy en día provienen del desarrollo del ferrocarril. Unas luces de marcación situadas en los laterales de los vagones, similares a los que usan los camiones con bandas reflectantes, indicaban el tamaño de la estructura en zonas con poca visibilidad. Y esta idea se ha ido mejorando desde entonces.

Hasta 1914 las luces ferroviarias de “go” y “stop” eran de color blanco y rojo respectivamente, hasta que un incidente provocó que estos colores cambiaran cuando un accidente inofensivo hizo que el farol rojo cayera al suelo por el viento, rompiera su vidrio y la luz blanca que emanó de su interior confundiera al conductor, que en vez de parar continuó, causando un accidente. El amarillo por su parte fue escogido como signo de precaución por ser fácilmente distinguible de los otros dos.

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La humilde lámpara ferroviaria, prehistoria de las luces de indicación de los autos.

Poco a poco comenzó a aumentar la cantidad de automóviles en circulación y se hizo necesario un sistema de comunicación y el ferrocarril tenía uno bien probado. Así, los fabricantes comenzaron a situar luces rojas en la parte trasera de los coches, al principio sólo una, después con el mensaje “stop” en su interior. Los intermitentes no llegaron hasta finales de los años 30.

¿Y LA TERCERA LUZ DE FRENO?

En la actualidad, el color de las luces de los vehículos está altamente estandarizado por la Convención de Viena sobre Tráfico de 1949, y posteriormente especificada por la Convención de Tráfico de las Naciones Unidas de 1968 y reformada en el 71. Sin embargo el caso de la tercera luz es diferentes y se originó en EE.UU en los años 70 cuando, cuando comenzó a aumentar la siniestralidad por distracciones al volante. Fue el psicólogo John Voevodsky el que culminó el desarrollo de la tercera luz de freno a raíz de una investigación sobre las distracciones de los conductores.

Colocando una tercera luz de freno en algunos taxis, comprobó que éstos habían sufrido un 60% menos de colisiones por detrás que aquellos que no las tenían. De modo que la tercera luz de freno resultó efectiva para llamar la atención de los conductores, al elevarse el estímulo visual y evitar que se obstaculice.

En estados Unidos es obligatoria desde 1986. En algunos países europeos como España, todos los autos la traen incorporada de serie, pero su instalación es opcional, al igual que en Argentina. 

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Aunque su origen se remonta al 1800 las luces rojas traseras de los trenes se siguen utilizando. Fueron la inspiración para las luces de los automóviles.

 

Una moda que mata

Una peligrosa moda muy extendida entre las motos que revela cuan deficientes son los cursos para otorgar el carné y los controles es el uso indebido de luces en las motocicletas -si es que tienen alguna luz. Es sabido que un “motochorro” que se precie de tal, colocará en su faro delantero una lámpara roja para confundir sobre su sentido de marcha a la noche.

Otros, más inocentes, colocan luces verdes o azules sin molestarse en instalar una que verdaderamente les ilumine el camino. Esos colores se confunden con el entorno durante la noche, invisibilizan al vehículo y no son reglamentarios.

Estos ejemplos no son aislados, se ven luces antirreglamentarias cruzando el puente Interprovincial de noche o paseando tranquilamente ante controles de tránsito que sólo se esmeran en la documentación y el uso del casco (aunque vaya desprendido). Tal vez algún día las autoridades hagan algo al respecto.