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Eduardo López
Por: Eduardo López

Nos estamos matando

“Mueran los salvajes unitarios”, “Mueran los enemigos de la organización nacional” eran los eslóganes de nuestros antepasados en tiempos de Rosas y Urquiza, que marcaron la historia de una época sangrienta que hoy nos parece inaceptable. Sin embargo, no estamos tan lejos, a juzgar por lo que está pasando hoy entre los argentinos. Estamos divididos en dos grupos irreconciliables que no se toleran. Son los partidarios del gobierno anterior y del que inició su mandato en el 2015 después de haber ganado las elecciones. Y esa división, lejos de irse subsanando, cada vez se pone más tirante. Y así no se puede vivir, ni progresar, ni solucionar los problemas.

Cada uno se parapeta en sus supuestas convicciones y basta que uno diga “a”, para que el otro se pronuncie por “b” y se repudien y acusen mutuamente de corrupción, de ineptitud, de malversación ideológica y de cuanto se pueda imaginar. Claro, esto sucede, sobre todo, entre las élites de ambos grupos. La gran masa de ciudadanos, esa que debe pelearla para su subsistencia, la de su familia y el necesario progreso, queda entre dos fuegos y está atónita.

Se pensaba que el paso de los días iba a ir limando las asperezas, y sucede todo lo contrario. Cada vez el enfrentamiento es más virulento y procaz y esto provoca que la situación empeore. Los costos de los servicios elementales son cada vez más altos, los aumentos de los artículos de primera necesidad continuos y las denuncias de corrupción entre unos y otros, cada vez mayores.

No es suicidio

Esta nota, teniendo en cuenta lo que antecede, iba a titularse “Nos estamos suicidando” recordando que siempre nos predicaron que “somos un gran país” que “tenemos todos los recursos necesarios y más”, que “existen bellezas naturales inigualables” pero que somos al mismo tiempo especialistas en dilapidar todo eso, y vivimos crisis tras crisis cada vez más recurrentes y que, si seguimos así, no pasará mucho en que asistamos al suicidio colectivo de todo el país, especialistas en autodestrucción.

Sin embargo, después de lo que sucedió en la semana que pasó en Sáenz Peña, optamos por cambiar ese título por el de “Nos estamos matando”, evocando a lo de los unitarios y federales. La muerte de un niño aborigen de 13 años, en medio de un supuesto saqueo, puede ser el comienzo de una ola de violencia física que se debe parar ya. No es ese el camino. Independientemente de las investigaciones que se hagan y de lo que quiera concluirse, entramos en un callejón peligroso y sin salida.

“Se va a investigar lo que pasó”, “repudiamos y lamentamos lo que pasó”, “esto no puede repetirse”, “son grupos organizados, no la policía”, “el supermercado retenía las tarjetas alimentarias” y otras decenas de frases se dijeron para justificar lo que pasó y que no puede pasar ni repetirse en una sociedad presuntamente organizada. Se murió un chico de 13 años de un balazo, en medio de un clima irrespirable. Los testimonios del abuelo, de la madre, del hermano, de la maestra, fueron más que elocuentes.

Parar la mano

Tenemos que parar la mano y no que esto sea un nuevo motivo de pelea y de discusión para no arribar a nada y profundizar las diferencias. ¿Es que no vamos a terminarla? ¿Que no vamos a aceptar la alternancia determinada por las urnas? ¿Que vamos a repudiar a ese 51 por ciento que se impuso en el 2015 y no vamos a esperar, para demostrarle en el 2019 los gruesos errores que cometieron? ¿No existe la necesaria madurez para sentarse a una mesa e intercambiar ideas, deponiendo cada uno parte de lo suyo en lo económico, en lo social, en lo educativo, en el manejo de la salud, en las ideas políticas?

La dolorosa e innecesaria muerte de Ismael Ramírez tiene que ser un punto de partida para buscar salidas comunes. Los poderes del Estado tienen que echar mano de la creatividad no solo para producir ajustes sino para aplicar soluciones. No se pueden contentar con repudiar lo que pasó (como lo hizo la Legislatura sentada en sus bancas), tienen que pasar a la acción, más que hacer pomposas declaraciones de pedido de investigaciones como sucedió.

Ese enfrentamiento sin límite que se observa en cada manifestación de uno y otro sector, debe dar paso a una discusión adulta, leal y sincera en beneficio de la gente a la que se dice favorecer. Esto podrá parecer una ingenua expresión de deseo, pero no hay otra forma en una democracia. Los que fueron gobierno ayer y los que lo son hoy tienen que ponerse las pilas, dejar de pelearse, unos para mantenerse en el poder y otros para volver. Eso lo decidirá la gente si cada uno cumple con su rol en la sociedad. Pero no queremos muerte, no queremos violencia, no queremos peleas ideológicas, no queremos corrupción, queremos hechos concretos, soluciones ya. El pueblo está dispuesto a sacrificios siempre y cuando sus dirigentes sean el ejemplo. Y cuando decimos dirigentes incluimos a políticos, empresarios y gremialistas.

Vale recordar el mensaje dejado en el acto de desagravio a los murales de El Diario de la Región por la artista que los realizó, Valentina Mariani: “A las personas que pasen y vean el mensaje de odio, que no le crean, porque otras relaciones son posibles, y lo estamos haciendo, y van a cambiar las cosas”.

 

Copla de Aledo

A los críticos de todo, 

de lo bueno y de lo malo, 

cuadraría preguntarles: 

¿Y por casa cómo andamos” 

(Aledo Luis Meloni, La copla del lunes, 2001)