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Claudia Araujo
Por: Claudia Araujo
Secuestrada en Lima, asesinada en Madrid

El traslado de Noemí Gianetti de Molfino narrado por sus hijos

Más hallazgos salen a la luz sobre el secuestro, tortura y asesinato de detenidos políticos durante la última dictadura, como parte del Plan Cóndor. La conmovedora historia de una familia chaqueña volvió a salir a la luz a partir de una investigación y libro de Marcelo Larraquy difundido este mes.

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El reconocido escritor Miguel Ángel Molfino –habitual colaborador de las páginas de CHAQUEÑA- aportó su vivencia. Mientras se produjo la detención y traslado de su madre, él -que también estaba detenido- fue abordado por sus victimarios esperando que ‘colabore’ y aporte nombres.   

“Lo que no salió publicado en Infobae es lo que me pasaba a miles de kilómetros de donde estaba ella”, adelanta. Se refiere a un extraño diálogo con un general que esperaba quebrarlo al hablarle de la madre.

Pese a haber sido premiado en varias ocasiones por su virtuosidad para la novela y el cuento admite que la angustia le impide escribir sobre la tragedia familiar.

En los cinco años que duró su reclusión la mayoría de las noticias que llegaban en formato impreso estaba censurada. Las hojas de diarios que miraban los internos eran apenas unas tiras recortadas con información sobre espectáculos o temas secundarios. Sin embargo, cuando se publicó la nota que tenía por protagonista a Noemí, el texto completo se distribuyó en el pabellón donde estaba Miguel. “Mis compañeros lloraban y me abrazaban pero yo no me podía sacar el traje de amianto”, recuerda. A partir de entonces los carceleros lo empezaron a perseguir un poco más; recibía algún golpe extra o comentarios socarrones: ‘Así que vos sos Molfino’. “Los odiaba tanto que eso no me hacía nada”, dice. 

¿Cuánto tiempo duró esa detención?

-Cinco años.

¿Fue una eternidad?

-Sí, porque ahí no pasa el tiempo. Se repiten las lunas, los soles. Los horarios de comida que podrían marcar un huso horario, tampoco lo hacían. Todo era un continuo. Cuando empecé a militar era muy consciente de que era muy probable de que me mataran, torturaran o estar preso por mucho tiempo. Y me endurecí con eso.

Sin embargo estar detenido rodeado de compañeros de lucha es diferente, se compartía todo; organizábamos cursos. Algunos aprendieron a leer en la cárcel. La mamá de uno de ellos, al recibir la noticia dijo “no sabía que había ido a la universidad”.  Yo daba un taller literario. Como costaba que entiendan la diferencia entre sujeto y predicado un día pregunté enojado: ¿quién es el que los explota? El patrón, contestaron. Bueno ése es el sujeto (risas).

 

La anécdota

En un encuentro con el general Federico Toranzo Montero, que fue extrañamente cordial al comienzo, Miguel perdió la única foto que poseía hasta ese momento de su madre. El militar le preguntó qué sabía de la estadía de ella en Perú. Él respondió que no sabía nada. Después lo llevaron a aislamiento. Las requisas se volvieron más frecuentes y los golpes también.

“Parte del Plan Cóndor consistió en pasar a los cinco detenidos de Perú a Bolivia”-cuenta Miguel-“Aparentemente ahí no los querían y por eso van a la Argentina. Mi hermana que estaba embarazada permanecía detenida y una hipótesis es que mi mamá acepta ir a Europa, para que no la maten a mi hermana y tal vez a mí, pero no se sabe bien”.

Se cree que al final a Noemí la mataron porque no aportó nada. “Mamá no tenía un solo contacto y si se fue para allá fue para ganar tiempo o para escapar”. 

Cuando apareció su cuerpo sin vida en un departamento de Madrid, el primer diario en publicar el hallazgo era de Buenos Aires y no de España. 

 

No tiene sentido…

-Es increíble. Clarín informó al mundo que habían matado a una argentina desaparecida un mes antes.

 

¿Hubo algo novedoso en la publicación de Larraquy?

-Me llamó la atención que se reflotara el tema en un momento en que no está en juego todavía un juicio por el Operativo Cóndor, porque la causa está en construcción.

Además en Infobae trabaja Raquel Peyro que estuvo presa con mi hermana alejandra. Las dos se fueron a París exiliadas el mismo día. De ahí se hicieron amigas. Mientras mi mamá y mi hermano Gustavo se preparaban para ir a acompañarla Raquel y su familia alojaron a mi hermana.

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En una de las reuniones sociales se apareció un joven que buscaba hacerse amigo, una joven que estuvo detenida en la Esma lo reconoció: era Alfredo Astiz, un represor conocido como Ángel de la Muerte por haber cometió delitos de lesa humanidad y ser sentenciado a perpetua en la Argentina. En Francia también fue condenado por el secuestro, tortura y desaparición de dos monjas francesas y de una adolescente sueca. Como en el grupo de exiliados que frecuentaba su familia sospechaban de él, lo denunciaron a las autoridades e inmediatamente después dejó de aparecer en las reuniones en París.

 

El recuerdo

Hijo de un diplomático, jefe de ceremonial y protocolo en Casa de Gobierno y periodista de Clarín, Miguel pide que la memoria mantenga viva a Noemí tal como era: “Muy querida y muy respetada en Resistencia”. Muestra una foto de ella en la cocina y señala: “Ésa es mamá siempre sonriendo”. Y desempolva la anécdota de la vez que la llamaron de la escuela para advertirle que encontraron a dos de sus hijos fumando; para sorpresa de las autoridades escolares ella contestó que a sus chicos no les prohibía fumar. 

Miguel remarca que era una mujer que se destacaba por su formación, hablaba francés, leía, y que a esos atributos se sumaba haber sido Miss Saladillo, en un certamen de belleza bonaerense.

“Voy al Fogón de los Arrieros y otras personas que la recuerdan me dicen tu mamá tal cosa, tu mamá tal otra. Está bueno que cada tanto, cuando se la menciona, se rescate ese recuerdo. Que una escultura y una esquina lleven su nombre, también es parte de eso”. 

 

¿Todavía afecta hablar de lo que pasó?

-Hablar, no, porque me gusta. Lo que no puedo hacer es escribir. Encuentro las palabras pero me da una angustia terrible en el estómago que me lo impide.

 

¿Se trabaja en terapia?

-Sí. Empecé cuando salí muy mal de la cárcel. Hice análisis por treinta años. Cada tanto vuelvo. Todo el tema de mi vieja, mi familia más o menos lo he resuelto. Ahora lloro, antes no podía. Me pasaba que me tocaban y no sentía nada.

 

¿Cómo sigue la investigación en la Justicia?

-Mi hermano Gustavo está siguiendo más activamente eso. La cárcel para este tipo de delitos es lo mejor.

 

Fotos: Miguel Romero.