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Paulo Ferreyra
Por: Paulo Ferreyra
Charla con la artista Licha Bernal

“El muralismo tiene un compromiso social”

Desde hace unos años Licha Bernal comenzó a trabajar haciendo murales dentro y fuero de la provincia y el país. En esta entrevista cuenta cómo empezó y lo que significa su retrospección en el dibujo.

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Licha sonríe. Llegamos junto a un bar del centro de Resistencia, el cielo era azul y el clima cálido en ese mediodía. Nos reímos. Licha Bernal es artista plástica, muralista, docente. Realizó murales junto a su grupo en Villa Ángela, Du Graty, Charata, Quitilipi, Resistencia, Corrientes, Mocoreta, entre otras ciudades de la región. También llevan su estilo murales que realizó en Bolivia.

“Soy laburadora”, se define. “No hago prensa. Tenemos el espíritu del docente. Vamos a laburar y volvemos a nuestra casa. Después de vuelta al trabajo. No tenemos tiempo para hace marketing. La única publicidad son las redes sociales y la red de amigos que uno va sumando con los trabajos y la edad. Esa es mi carta de presentación”, afirma y su voz se escucha alegre, feliz, segura.

Empezó a estudiar arte cuando aún estaba cursando los últimos años de la escuela secundaria. “Antes se podía comenzar el magisterio a la noche, sólo te pedían el ciclo básico. Dos años después que terminé el secundario me recibí de maestra y desde entonces no paré de trabajar. Comencé a trabajar y estudiar. En el magisterio teníamos materias de taller, dibujo, pintura, grabado y escultura. Tuvimos hermosos profesores. En la escuela era muy activa y no me quedaba quieta”, cuenta.

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Muralismo

El muralismo es parte de su lenguaje artístico, del lenguaje plástico. “Trabajé mucho con murales con los alumnos en la escuela, eso es lo que siempre me gustó. El muralismo es bello en todo el proceso de creación, desde el nacimiento de una idea ya se viven cosas profundas”, explica.

Su primer mural esgrafiado, de gran formato, lo hizo para Sameep, entre Pellegrini y Don Bosco de Resistencia. “Antes de hacer el mural había hecho esgrafiado pero ya sentía que quería largarme a algo grande. Cuando hablamos con las autoridades acordamos hacerlo y se comprometían arreglar la escuela. Para esa ocasión seleccioné a los alumnos Kike Yorg, Juan Pablo Arias y Walter Meza. Hoy son todos artistas. Armamos el grupo y ellos diseñaron la imagen. Desde entonces no paré”.

Antes de emprender la obra, Licha cuenta que se fue a Corrientes con una mochila de preguntas para el artista José Kura, “recuerdo que él fue respondiendo todo. No me conocía y fue ahí muy generoso conmigo. Me dio tics de cortes y cosas para encarar el muro”.

“El muralismo me gusta porque soy del palo del grabado. El grabado es popular y el muralismo también, es para la gente. La pintura en cambio es individual, es para uno solo. Hay una retrospección diferente y un trabajo en equipo a la hora de hacer grabado. En el muralismo de acuerdo a la técnica siempre necesitas la mano del otro. El esgrafiado lo descubrí cuando Soto, Kura, entre otros, hacían una técnica novedosa en la provincia de Corrientes. Ellos enseñaron a otros que la tomaron y así se multiplico este arte”, explica.

Licha es profesora de grabado. Cuenta que desde chica tiene recuerdos de que le gustaban trabajos manuales, cortar, serruchar, pegar, pintar, lijar. Después de este primer mural siguió en Villa Ángela. “Este arte es precioso, tiene algo muy caro a los sentimientos que es un contacto directo, puro, curioso y constante con la gente, en el que los que están cerca se arriman a charlar, a mirar, a preguntar, algunos te traen de comer mientras otros ceban mate. Esas cosas nos gustan mucho. Con el tiempo fuimos mejorando y teniendo mejor resolución”, destaca y se sonroja por un momento. 

Tridente

Hace unos años Licha trabaja junto a Mónica Vakarud y Daniela Gutman. “Nos llevamos muy bien, ellas son profesoras de pintura entonces ellas se apoyan en mí y yo en ellas. Ya realizamos algunos trabajo en la región”.

“El muralismo es un trabajo en equipo, entre las tres consensuamos lo que vamos hacer. En la mayoría de los casos es un trabajo a pedido, entonces estamos condicionadas por la manera y cómo lo quieren. Pero el mural genera pertenencia, tratamos de que sea fiel al contexto porque es parte de la función del arte público. Esto no es arte callejero y el muralismo tiene un compromiso social que no tiene el grafitero u otro arte urbano. No importa la técnica sino el concepto de la obra, podes hacer muralismo con aerosoles, no importa la técnica”, insiste.

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El arte es retrospectivo

“Mi arte es el dibujo”, desliza y hace un silencio. La charla se dio en una hora donde los bares despiden fuertes aromas de comida. Cerca de la antigua terminal de Resistencia, el olor a milanesa frita se intensifica. Sin embargo aquí hay mbaipy con el que nos deleitamos. “Mi arte es el dibujo”, insiste y el silencio se lleva con bocados largos y miradas profundas. El bullicio del bar se apaga mientras nos vamos sumergiendo en la charla.

“Hace unos años hice una muestra individual con trabajos que rozan la introspección. Me gusta y estoy muy encarnizada con el trabajo de género. Hace un tiempo inicié unas obras sobre la idea de las amenazas, la idea del cuerpo, las sutilezas. Es difícil explicar, son dibujos eróticos pero son sutilezas. No son de figura humana completa sino partes, son lenguas, pezones, penes, mezclados con los elementos de la naturaleza que también tiene que ver con mi entorno. En estas obras uso espinas de vinal, flores de acá de la zona, la espina uso como amenaza. Hice 4 o 5 exposiciones con estas obras. La última fue en una muestra individual en Corrientes”.

En estas obras individuales y de retrospección se pueden palpar con los ojos  las amenazas y los miedos que están ahí en los dibujos. “Las espinas de vinal son típica del monte chaqueño, del tronco le salen tronco ramas con espinas, estas espinas son largas. Es en realidad un árbol de espinas. Para mí el dolor y el placer son intrínsecos. No hay dolor sin placer y no hay placer sin dolor”, afirma y vuelve a una pausa.

Además de las fotos disponibles en redes sociales Licha llegó a la charla con varios álbumes. Fotos de 15 x 20 donde los recuerdos y las obras salen al encuentro, vuelan entre nosotros y son motivos de charla encendidas, recuerdos vivos de murales y retrospección.

“Estoy considerada como artista de género porque toda mi obra la asocio a la condición de mujer. Eso está ahí palpable, el placer, la sexualidad, el erotismo. El dolor de las relaciones también está presente. Soy profunda en la vida y en el arte, si te quiero te quiero y si te odia te odio, soy extrema y esas cosas las llevo al arte”, advierte.

¿Qué te movilizan estos trabajos? 

-Evidentemente cuando se está feliz la creación no fluye tanto como en otras etapas de la vida. La creación parte de la crisis, uno cuando atraviesa una crisis está creciendo, entonces te movés para arriba, para abajo, para el costado, para donde sea, pero te movés y es movilizador.  Recuerdo que Antoni Tàpies, a principio de siglo, decía que la imagen tiene que ser movilizadora y provocadora. Esa es la base del arte contemporáneo. En alguna medida es obligar a pensar, sacarlo del mero espectador y ponerlo al otro en partícipe. Que la obra se termine de completar en la cabeza del otro. Por eso mi obra no tiene título, no le puedo poner y me encanta que la gente vea lo que quiera ver, no puedo encasillar, porque yo lo hice bajo un contexto. Creo que no hacemos un mensaje sino que arrojamos una idea. Después el espectador la completa.

Volviendo a los murales, ¿hay algunos porque el que sientas mayor cariño? 

-De toda mi obra no podría elegir una en particular. Me gustan muchas e incluso siento afección por aquellos primeros trabajos que fueron parte del largo camino de aprendizaje. Además se sigue aprendiendo de los colegas, de la mirada de los amigos, de la mirada de los referentes sobre mí arte. Sigue aprendiendo de una reflexión constante.

 

Un trazo límpido

Por Alejandra Muñoz

La obra de Licha Bernal (Resistencia, Chaco, 1967) gira invariablemente alrededor de las mismas figuras: flores, espinas, lenguas, sexos, sangre. Sus recursos son asimismo limitados: dibujo en grafito sobre papel blanco, algunos toques de lápiz rojo, un par de espinas vegetales levantándose de la superficie. Sus obras no tienen nombre, apenas podemos distinguir los momentos de su producción de acuerdo a ciertos elementos que en algunas series se repiten más a menudo.

Entonces, ¿cómo este breve repertorio puede llegar a espacios tan diversos de nuestra fantasía?

Creo que una clave para entender y valorar su obra es el preciosismo del trabajo manual. Un dibujo preciso, impecable, un tipo de trazo tan límpido que evidencia que el borrador ni siquiera es parte del cajón de herramientas de la artista. En un momento de la historia donde el arte y el diseño a veces se vuelven indistinguibles, la maestría de la mano humana sigue atrapando.

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Otro factor que vuelve la obra de Licha Bernal tan seductora es el delicado equilibro de placer y dolor que aparece representado, el deseo empuja a uno a transformarse en el otro. Siempre las figuras aparecen como en una instantánea, en el momento previo al choque final, en el que se consumará el deseo y tal vez el dolor que produzca valga la pena. La delicadeza del trazo no oculta que ese choque entre elementos, que se atraen de modo irresistible, acabará por concretarse.

Las figuras vegetales de flores, ramas y espinas; se confunden con lenguas, penes, vaginas y clítoris. Este proceso de isomorfismo es permanente, pero no se produce de modo brusco, sino casi deslizante: una figura vegetal se metamorfosea en una animal, sin que sorprenda. Esa relación de contigüidad de las formas es parte de la atracción de la obra.

Sin duda hay una exploración del tema del deseo sexual y sus diversas concreciones, en las que la naturaleza aparece en primer plano: en este terreno precultural tan atractivo como temible, nuestros deseos se expresan con otros códigos. ¿Puedo desear que las flores acaricien mi clítoris hasta sangrar? ¿Puedo desear ser penetrar una vagina dentada? ¿Quiero apoyar mis pechos en una cama de espinas?  Sí, en este campo donde humano, animal y vegetal se confunden, sí.

Sin rostros, sin cuerpos enteros, sin línea de horizonte, sin color casi: el minimalismo de recursos maximiza el poder del ícono, y nos invita a sumergirnos en la fantasía.

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