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Un rasgo generacional

Jóvenes le dan poca importancia al alcohol al conducir

Los más jóvenes no asimilan los riesgos que entraña el alcohol a la hora de conducir según la agencia de seguridad vial.

El Observatorio Vial, departamento de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), publicó una investigación que procuró establecer un “análisis del sistema de creencias que motiva las conductas de riesgo de los jóvenes en relación al consumo de alcohol y la seguridad vial en Argentina”. La conclusión del relevamiento entrega un escenario de alarma: “El problema del alcohol al volante no aparece espontáneamente como una preocupación de los jóvenes en el país”. 

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El estudio sociocultural apunta que los actores más jóvenes de la sociedad no conciben que la gente pueda conducir mal o de manera imprudente por la intervención del alcohol. El 50% de los encuestados confiesa que sus amigos podrían conducir un vehículo después de ingerir bebidas con alcohol, a pesar de ser conscientes del aumento de riesgo de muerte ante un eventual accidente de tránsito.

El 93% de las personas de entre 16 y 29 años sabe que beber alcohol y manejar multiplica las chances de participar de un siniestro vial. Pero esa falta de reconocimiento a los peligros de conducir alcoholizado obedece a tres razones: el sentimiento individual de excepción (“a mí no me va a pasar”) reforzado por la creencia de saber controlar los efectos; el rol preponderante del alcohol en su vida social y la nula percepción del miedo a la sanción y al control vial de conducir alcoholizado que no ataca su consumo ni despierta su prevención.

SABER Y NO HACER NADA

Desde la Agencia Nacional de Seguridad Vial consideran que los jóvenes conocen el riesgo, pero el hábito persiste. La investigación se realizó sobre doce grupos focales a personas de ambos sexos y de diferentes escalas socioeconómicas. Se adoptaron metodologías cualitativas en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Jujuy, Córdoba, Comodoro Rivadavia, Corrientes y Mendoza.

El hecho de tomar alcohol y conducir representa -según las conclusiones del trabajo- una actitud que genera beneficios a bajo costo. Ambas actividades se asocian con sensaciones positivas, porque son percibidas como un rito de iniciación a la adultez y porque recrean una situación de empoderamiento, liberación, desinhibidor y posibilitador social.

El siniestro vial es la principal causa de muerte en los jóvenes en todo el mundo. En la Argentina, según la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, seis personas de entre 15 y 34 años mueren cada día en un accidente vial ocurrido en el territorio nacional.

La estadística anual se extiende a cerca de siete mil decesos, en un genocidio por goteo que se mantiene estable desde la década del noventa. El Sedronar publicó el año pasado un informe en el que estima que el 18% (14,3 mil personas) de las muertes anuales de una población entre 15 y 64 años tiene relación directa o indirecta con el consumo de sustancias psicoactivas, como el alcohol y el tabaco, las sustancias de mayor alcance poblacional.

El 27% de los jóvenes consultados declaró haber conducido un auto bajo los efectos del alcohol en el último año, y el 29% dijo haber manejado una moto en las mismas condiciones. El Sedronar en 2013 realizó un relevamiento en las guardias de hospitales públicos donde encontró que el 28% de las personas de entre 15 y 34 años que ingresaron con una lesión de tránsito confesaron haber consumido alcohol horas antes del siniestro.

De marzo a noviembre de 2017, se realizaron en el país controles de alcoholemia a 21.500 conductores en catorce municipios de ocho provincias. Los jóvenes, científicamente más impulsivos y experimentales, presentaron un 58% más de alcoholemia positiva que los adultos, lo que explica su predisposición a exponerse a los riesgos de conducir alcoholizado. Un mal que preocupa y no cambia.