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La página del lunes

Por las dudas, El Impenetrable queda en el Chaco

Días pasados el diario La Nación publicó un informe denominado “Doloroso viaje a la tierra olvidada de El Impenetrable” firmado por la periodista Micaela Urdínez, tras tres días de convivencia en esa zona. Quizás tenga la frescura y la sorpresa de quien visita por primera vez un lugar así, lo que no deja de ser una ventaja ya que quienes lo conocen de hace tiempo confunden lo que allí pasa con el mismo paisaje, pasando a ser algo que ya no les llama la atención.

Hay que decir que no deja de sorprender la crudeza de algunas expresiones, reflejo de lo que se ve y de la desolación que ello implica. Las fotos son más que elocuentes. En ellas se pueden ver “las caras más dolorosas del país y desentrañar en sus expresiones el alcance de la pobreza extrema”. En esos tres días -confiesa- “ninguna de las más de 50 personas en los diez parajes visitados sonrió, comió o tomó siquiera un vaso de agua”. Vale reproducir algunos párrafos más, para tomar conciencia de lo que pasa cerca de nosotros, mientras se somete a la justicia a funcionarios que se apoderaban de los bienes de todos para su fortuna personal.

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Sin futuro

“Isabel Cabana (38), con su panza de ocho meses, está sentada a la sombra. Espera su noveno hijo. La mayoría son de diferentes padres; algunos, resultado de la violencia de género. Es moneda corriente en estas tierras. Los brazos como alfileres y los pómulos que ocupan toda su cara son signos de su serio grado de desnutrición. Es probable que Isabel no resista el parto. Tiene prendido un fuego con un resto de tela de ropa, pero no hay nada para poner encima. Cobra la pensión por madre con Chagas -firma con su huella dactilar porque es analfabeta-, pero dice que no le alcanza. Su casa muestra un estado de abandono absoluto.

El informe periodístico afirma que “no se sabe exactamente ni cuántos ni quiénes son los que están instalados en ese enorme bosque. El último dato oficial del censo de 2010 es que, en los municipios de Castelli, Miraflores, El Sauzalito, Villa Río Bermejito, Misión Nueva Pompeya, Fuerte Esperanza y sus áreas rurales viven cerca de 67.000 personas”.

“Esta es la pobreza extrema total. No tienen futuro, ni comida, ni esperanza. Todos son chagásicos”, dice Jerónimo Chemes, fundador de La Chata Solidaria, una ONG que hace 10 años viaja a los parajes para llevarles donaciones, atención médica y ayuda a las escuelas. Pero más importante que eso, humanizan a cada persona asistida con una mirada, una palabra o un abrazo. Según otro de los pobladores la necesidad más grave de la zona es la falta de salud. “Acá lo más peligroso es la víbora. Necesitamos remedios. Los chicos también tienen problemas en las muelas. La salita en Miraflores o de Las Hacheras nos queda muy lejos y cuando llegás, tardan tres horas en atenderte. Si les reclamás te dicen que sos nervioso y que hay que esperar”, se queja.

Sólo sobrevivir

La periodista resume lo que vio: “Los pobladores no sonríen. Los chicos tampoco, nunca. No tienen motivos. La falta de todo -una vivienda digna, educación, salud, trabajo- los arrastra a una apatía desgarradora. Ya no esperan nada; sólo sobrevivir un día más. Porque allá los miedos son otros: morir desnutridos, que los coma un animal o los pique una culebra. Sus únicos ingresos son por la venta de algún animal, alguna changa o los planes sociales: la Asignación Universal por Hijo (AUH), la pensión por Chagas o la pensión por madre de siete hijos. Son los olvidados del mapa. Tanto que ni siquiera ellos mismos saben cómo se llaman, cuántos años tienen ni cuántos hijos. Porque a la falta de nutrientes que tuvieron desde la panza, y durante toda su vida, hay que sumarle una educación precaria. Eso hace que a duras penas pueden comunicarse. Son todos analfabetos funcionales y viven en un estado de vulneración total. Son esclavos de los planes sociales. La falta de instituciones es total. Es otro mundo. La gente está estructuralmente peor que hace unos años. Es un infierno que viven con resignación, con la certeza de que están condenados a un sufrimiento interminable. Sin tener nada, siempre abren los brazos para recibir al que llega a sus casas. La hospitalidad corre por sus venas. Siempre sacan unas sillas para ofrecer un lugar para sentarse. “Por eso la gente agradece que vengamos a verlos, porque somos su última opción. Nunca nadie los visita. Y estar acá y mirarlos a los ojos, los hace sentir que existen”.

¿Peor que antes?

Este análisis de la periodista nos hizo recordar que el 29 de agosto de 2007 el Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, presentó ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación una demanda contra la Provincia del Chaco y el Estado Nacional en la que solicitó que se detenga el exterminio de comunidades aborígenes que habitan en la provincia. Advirtió que “si no se realizan acciones inmediatas las poblaciones aborígenes tenderán a desaparecer y ordenó medidas para evitar esta situación ya que se están violando los derechos humanos incluidos en la Constitución”.

Esta acción tuvo numerosas intervenciones, como la del 18 de septiembre de ese año en la que la Corte Suprema ordenó a los gobiernos del Chaco y de la Nación que informaran sobre la situación de comunidades indígenas que estén en situación de indigencia extrema con necesidades básicas y elementales insatisfechas.

El 6 de noviembre de 2007, en una audiencia histórica de la Corte con los representantes de la Nación, de la Provincia y del Instituto del Aborigen Chaqueño (Idach), escuchó el alegato de estos últimos representados por Orlando Charole y Egidio García e insistió en reclamar acciones concretas y no intenciones. En otra audiencia, del 5 de marzo de 2008 la Corte pidió la búsqueda de soluciones efectivas. Los días 1, 2 y 3 de abril de 2009 visitó El Impenetrable el miembro de la Corte Raúl Zafaroni para verificar cómo se cumplía la orden de asistencia a las comunidades aborígenes. Junto al gobernador estuvo en Comandancia Frías, El Sauzalito, El Espinillo, Pozo de la China, Paso Sosa, El Colchón, Paraje La Sirena y en Castelli en la construcción del nuevo Hospital. Siete años después, el 5 de noviembre de 2014, el secretario general a cargo de la Defensoría del Pueblo de la Nación, Carlos Haquim, llegó al Chaco para visitar las comunidades indígenas y constatar las falencias. Explicó que el equipo de la Defensoría hizo una recorrida por las comunidades que están en el marco de la acordada y la cautelar de la Suprema Corte de Justicia. “A 7 años de dictada la cautelar podemos decir que hubo avances en lo que son obras de infraestructura y mejores condiciones para las comunidades, pero hay que decir que hoy en día algunos aspectos, sobre todo en el tema del agua y la alimentación, estamos con falencias”, indicó.

“Hay lugares sin provisión de agua, familias que toman agua de charcos y tienen que caminar hasta tres kilómetros para acceder a ella. En caso de los alimentos, consideramos que la bancarización realizada en la provincia (tarjeta alimentaria) perjudicó a distintas comunidades, porque en definitiva el monto que les habilitan lo terminan gastando en transporte”. Todo esto hace que la nota de La Nación nos llame a la realidad y nos obligue a decirle a los funcionarios, tan ocupados en mostrar la transparencia  y demostrar honestidad, que no se olviden de que El Impenetrable queda en el Chaco, ese Chaco por el que tanto dicen que trabajan.