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Valoración de una publicación nacional al proyecto Puerto Las Palmas

La innovadora receta de arroz con pacú se consolida en el Chaco con nuevos desafíos

Una locura productiva. Así podría calificarse lo que en su momento fue un sueño y hoy es una próspera realidad. Es que en el difícil ambiente chaqueño, los Meichtry logran 7.000 kilos por hectárea de arroz convencional y orgánico, que rotan con 3.000 kilos por hectárea de pacú que venden en locales propios y a través de distribuidores. Un círculo virtuoso, con planta para el cereal y frigorífico de pescado. NORTE Rural refleja la valoración de alcance nacional del proyecto publicada en Clarín Rural.

Y van por más. Van por la certificación de arroz orgánico. Van por alcanzar las 1.300 toneladas de pacú en el frigorífico. Van por convertir al Chaco y a Formosa como una zona núcleo de producción de arroz y piscicultura. Van por nuevos mercados y van por el objetivo de sacar el arroz por el agua, trabajando junto al gobierno provincial y nacional en el desarrollo de un puerto de aguas profundas sobre el río Paraguay. Y en eso andan, porque lo que comenzó como una locura productiva hoy es una realidad reescribiendo los libros de agronomía. Una historia familiar En una región donde la letra agronómica fría dictamina que por clima y suelo se puede hacer apenas una ganadería extensiva de 60 kilos de carne por hectárea, la familia Meichtry logra 7.000 kilos por hectárea de arroz convencional y orgánico, que rotan con 3.000 kilos por hectárea de pacú que venden en locales propios y a través de distribuidores. Además, trabajan junto al gobierno para la construcción de un puerto que les permitiría exportar arroz directamente sin pasar por los molinos entrerrianos ni el puerto de Buenos Aires.

Todo empezó cuando Eduardo Meichtry recogió el guante de lo que había hecho su padre, Natalio Meichtry, toda la vida: producir arroz en Entre Ríos, publica Clarín Rural. Cuando se recibió en 1978 decidió apostar también al arroz, pero en La Leonesa, en el este de la provincia de Chaco. Arrancó alquilando 100 hectáreas con un amigo. En 2007 compraron 1.300 hectáreas y nació Arrocera San Carlos.

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Los peces se “cosechan” con redes y se venden bajo la marca Pacú Teco.

Años más tarde, ya con sus hijos en la empresa y en sociedad con Horacio Bianchi, un conocedor del arroz, compraron otro campo de 3.200 hectáreas con 1.700 hectáreas ya sistematizadas para producir arroz. “Ese campo tenía 800 hectáreas usurpadas y subalquiladas para hacer ganadería”, relató Martín Meichtry, uno de los tres hijos que Eduardo ya tiene trabajando en la empresa (también están Eugenia en administración y Marcos en el frigorífico piscícola). Y agregó: “Cuando las compramos arreglamos con el usurpador pero no con el que alquilaba, que tenía un discurso muy sesgado en contra de la producción de arroz”.

“Teníamos todos los estudios de impacto ambiental hechos por universidades públicas y cuando drenábamos el agua del río Paraguay para cosechar el arroz siempre quedaban cientos de peces de los que se alimentaban pájaros, yacarés y zorritos, pero siempre se encontraba la forma de desacreditarnos”, explicó. Fue entonces que se les ocurrió aprovechar la oportunidad de aquella problemática. Podían incorporar la piscicultura a los campos de arroz para demostrar que producían en un ecosistema sustentable. Así llegaron hasta Néstor Gromenida, un piscicultor de Clorinda (Formosa), a 300 kilómetros de La Leonesa.

La reconversión en siete años

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Estas son las piletas en las que se rota el cereal con los peces. Se obtienen unos 3.500 kilos de pacú por hectárea (Foto Clarín).

En 2010 hicieron las primeras 80 hectáreas de pacú sobre piletas de arroz. Actualmente alcanzaron las 850. Hay otras 3.700 hectáreas de arroz convencional en campo propio y otras 2.300 de arroz en campo alquilado.

En septiembre en una pileta recién armada, se siembra arroz en forma convencional, en seco como cualquier cultivo, ese arroz se cosecha en marzo, momento en el que se inunda con 80 centímetros de agua y se siembran los juveniles de pacú de 200 gramos.

Estos juveniles aprovechan una alimentación natural de lo que queda de arroz y los rebrotes, algas y caracoles. Además, se suplementa con balanceado. Para marzo-abril está el pez terminado con 1,8 kilos promedio. Una vez que está cosechado se puede volver a poner pacú o levantar la producción de pescado unos meses más tarde y en septiembre sembrar arroz en el barro, sin malezas.

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Marcos (desde la izquierda), Eduardo y Martín Meichtry, el equipo que gerencia una empresa diversificada y con alto valor agregado (Foto Clarín).

Esta rotación tiene beneficios ecológicos y económicos. “El arroz deja un ambiente que permite sembrar pacú sin el uso de antibióticos ni promotores de crecimiento u hormonas con lo cual, ahí tenés un menor costo, pero, además, al producir de esta manera el pacú se lo puede vender a un precio superior por ser orgánico”, destacó Meichtry.

Con una densidad de 2.000 peces sembrados por hectárea se logra una producción de entre 3.000 y 3.500 kilos de pacú por hectárea. “Es todavía una producción baja si lo comparás con las acuiculturas tradicionales por eso todavía vemos un potencial para seguir creciendo”, reconoció.

La meta de 1.300 toneladas

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En la actualidad, llegan al frigorífico entre 700 y 800 toneladas de pacú pero aspiran alcanzar las 1.300 toneladas. ¿Cómo? Sistematizando algunas hectáreas más pero también mejorando la eficiencia productiva por hectárea.

En el frigorífico piscícola producen más de 12 productos derivados del pacú bajo la marca Pacú Teko. Desde lo más simple, el pacú entero, pasando por tres tipos de filete sin espinas y productos más elaborados como milanesas, medallones, nuggets, lonjitas de lomo, costillas de pacú y hamburguesas.

Llegan unas 800 toneladas brutas que elaboradas son unas 450 toneladas. “Todo es para el mercado interno, donde podríamos seguir creciendo porque hay mucha demanda insatisfecha”, contó Meichtry. También trabajaron mucho para ir abriendo nuevos mercados. Hoy distribuyen en toda la provincia de Chaco, con puntos de venta propios en Resistencia y en La Leonesa, otro en Clorinda (Formosa, donde está Gromenida) y tienen distribuidores en Entre Ríos, Salta, Rosario, Misiones y Corrientes.

Procesamiento del arroz

En lo que respecta al procesamiento del arroz, tienen una planta sobre el río Paraguay con capacidad de 600 toneladas diarias de secado y 12.000 de almacenamiento. “Esto nos permite tener al menos la mitad de lo que producimos esperando el mejor momento para vender”, explicó. Sin embargo, un problema logístico y de costos relevante es que mucho de lo que se gana en eficiencia se pierde en el traslado a los molinos del sur correntino o de Entre Ríos o al puerto de Buenos Aires.

Lo que viene: certificar arroz orgánico

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En la producción convencional de arroz el costo se paga con un rinde de indiferencia de entre 5,5 toneladas de arroz por hectárea cuando la media de rendimiento de la zona es de 6,5 a 7 toneladas del cereal por hectárea. Pero en el sistema arroz-pacú, esas 5,5 toneladas bajan a 2 toneladas de costo por hectárea. Y el rendimiento sigue siendo el mismo. “Y aparte lográs un precio diferencial por ser un arroz orgánico, o sea, ponés menos y ganás más”, resumió Martín Meichtry.

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Un lote de arroz ya cerca del final del ciclo del cultivo.

Lo único que les falta para certificar arroz orgánico (que dicen se pagaría un 50% más que el arroz común) es que el alimento balanceado que le dan al pacú no tenga soja transgénica. Argentina consume 30% del arroz que produce (unas 1,2 millones de toneladas) y exporta el resto. Al no cotizar en pizarra, el devenir de los productores depende de los precios que pacten los molinos más grandes del país y de lo que ocurra con la cosecha brasileña. “Los últimos años se están abriendo algunos mercados más en países como Bolivia, Chile y Perú, de manera de poder amortiguar mejor los vaivenes de Brasil”, explicó Meichtry.