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José Valentin Derewicki
Por: José Valentin Derewicki
Soja y maíz transgénico logrados en la Escuela de Jardinería

El Chaco puede mitigar daños por inundaciones y sequía como consecuencia del cambio climático

La Argentina está soportando la peor sequía del quinquenio donde los cultivos presentan daños irreversibles por lo que se estima que el país perderá alrededor de 4.500 millones de dólares por esta situación generada solamente en la zona núcleo.

A todo ese impacto negativo hay que sumar lo que sucede en otras provincias, como el Chaco, donde si bien el impacto negativo fue menor, las pérdidas para la economía fueron importantes. Esta situación es consecuencia de los que los científicos llaman cambio climático y de cuyas consecuencias, a pesar de las advertencias, poco hicieron los países para mitigar el impacto. Sin embargo, se puede hacer algo en cada región y es la biotecnología moderna la herramienta que puede utilizarse para contrarrestar los efectos no deseados. En el Chaco se han logrado importantes resultados biotecnológicos para mitigar el estrés hídrico en soja y maíz y sería conveniente que estos proyectos reciban más apoyo para alcanzar los objetivos productivos propuestos.

Cambio climático

Para ubicarnos en el tema digamos que se define cambio climático a la variación global del clima de la Tierra. Es debido a causas naturales y también a la acción del hombre y se producen a muy diversas escalas de tiempo y sobre todos los parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones, nubosidad, etcétera. El término ‘efecto de invernadero’ se refiere es la retención del calor del sol en la atmósfera terrestre por parte de una capa de gases en la atmósfera.

Sin ellos la vida tal como la conocemos no sería posible, ya que el planeta sería demasiado frío. Entre estos gases se encuentran el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano, que son liberados por la industria, la agricultura y la combustión de combustibles fósiles.

El mundo industrializado ha conseguido que la concentración de estos gases haya aumentado un 30% desde el siglo pasado, cuando, sin la actuación humana, la naturaleza se encargaba de equilibrar las emisiones.

En la actualidad existe un consenso científico, casi generalizado, en torno de la idea de que nuestro modo de producción y consumo energético está generando una alteración climática global, que provocará, a su vez, serios impactos tanto sobre la tierra como sobre los sistemas socioeconómicos.

Ya en 2001 el tercer informe de evaluación del grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC) ponía de manifiesto la evidencia proporcionada por las observaciones de los sistemas físicos y biológicos que mostraba que los cambios regionales en el clima, en concreto los aumentos de las temperaturas, estaban afectando a los diferentes sistemas y en distintas partes del globo terráqueo. Señalaba, en definitiva, que se están acumulando numerosas evidencias de la existencia del cambio climático y de los impactos que de él se derivan.

En promedio, la temperatura ha aumentado aproximadamente 0,6°C en el siglo XX. El nivel del mar ha crecido de 10 a 12 centímetros y los investigadores consideran que esto se debe a la expansión de océanos, cada vez más calientes.

El cambio climático nos afecta a todos. El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor. En definitiva, el cambio climático no es un fenómeno solo ambiental sino de profundas consecuencias económicas y sociales.

Los países más pobres, que están peor preparados para enfrentar cambios rápidos, serán los que sufrirán las peores consecuencias. Nuestro país y la provincia y, también la región del Gran Chaco Americano, con los números provenientes de las principales entidades de comercialización, grafican que estamos imbuidos en este grave panorama. En la Argentina, cabe recordarlo la tercera parte de la población es pobre y el Chaco, más aún.

¿Qué hacemos en el Chaco?

No es el apocalipsis, pero no tenemos que hacer la política del avestruz, que esconde su cabeza para no afrontar los problemas que en realidad son muy graves. Desde España acaban de predecir las consecuencias, y no solo en lo que respecta a la producción, sino también a la extinción de animales y plantas, ya que los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por el agua.

En nuestra provincia con la deforestación que realizamos en un ambiente tan delicado y donde existe uno de los únicos ‘desiertos verdes’ en el mundo sin posibilidades de recuperación; mal manejo de la tierra y de otros recursos, como el agua, que a pesar de su abundancia, la dejamos escurrir sin aprovecharla; y la falta de estrategia para definir los objetivos productivos, hacen que debamos preocuparnos por pasar a la acción para evitar males mayores en un futuro.

Nuevas variedades

Ahora sobreviene una tarea más que importante con todos los organismos de Estado, como es definir en qué variedad comercial se aplicarán estas modificaciones logradas, los ensayos a campo para determinar sus cualidades específicas, y la propiedad intelectual de las nuevas variedades alcanzadas con este mejoramiento genético.

Esta innovación biotecnológica que significa la obtención de plantas modificadas genéticamente y realizada por primera vez en el mundo en una escuela pública permitirá producir más alimentos y energía renovable en condiciones adversas.

Un ambicioso proyecto que se está concretando en la escuela de jardinería, con la aplicación de estas biotecnologías es la obtención plantas de algodón mejoradas genéticamente para obtener variedades que permitan incrementar rendimientos en condiciones extremas y colocar nuevamente a nuestra provincia en el podio nacional algodonero.

Para seguir avanzando en estos proyectos y logros muy significativos para nuestro país es necesario que el estado brinde sin retaceos su apoyo económico y financiero. Y si la provincia no cuenta con los fondos necesarios deberá concurrir al Estado nacional para plantear el tema en forma urgente debido que lo obtenido en soja y maíz se constituye en algo muy importante para los productores de nuestro país y el mundo. Por lo tanto esta innovación tecnológica no puede quedar diluida en el tiempo y el Chaco debe recibir el espaldarazo nacional que da a otros emprendimientos.  

Abrir el paraguas

¿Qué hacer? Abrir el paraguas. Y abrir el paraguas significa apoyar las investigaciones que estén relacionadas con la producción, especialmente en lo que se refiere a biotecnología moderna. En el Chaco se está trabajando silenciosamente y tal vez muchos lo desconocen, en especial en el Centro Biotecnológico Agroforestal que funciona en la Escuela de Jardinería Nº 13, en el kilómetro 12,5 de la ruta Nicolás Avellaneda.

Son diversos los logros alcanzados por este establecimiento dependiente del Ministerio de Educación del Chaco como, por ejemplo la producción de batata libre de virus, la primera clonación de algarrobo y también de eucaliptus de alto rendimiento calórico y resistentes a la avispa de las agallas (Leptocybe invasa).

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José Ruchesi con investigadores de la Escuela de Jardinería

Tal vez uno de los resultados más importantes obtenidos hasta ahora es la obtención de plantas transgénicas de soja y maíz resistente a sequía e inundaciones, logradas con personal altamente calificado de la escuela y con el apoyo de la cooperadora escolar, en un corto tiempo (menos de dos años) con investigación y desarrollo biotecnológico.

Este resultado genético obtenido en nuestra provincia, puede provocar un gran impacto positivo y una revolución productiva en diversas zonas del país y del mundo ya que los efectos no deseados del cambio climático como las sequías y las inundaciones son globales.