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El alto consumo de azúcares bajo la lupa

El alto consumo de bebidas azucaradas que aportan importantes cantidades de calorías vacías al organismo humano es perjudicial para la salud. El mal hábito de buena parte de la población de reemplazar el agua por este tipo de bebidas aumenta el riesgo de sufrir enfermedades como la obesidad y la diabetes.

Por esta razón en casi todo el mundo las autoridades sanitarias recomiendan reducir el consumo de estas bebidas e hidratarse con agua. En nuestra región, donde en esta época del año con altas temperaturas obligan a consumir mucho líquido debe tenerse muy en cuenta este consejo. Cabe recordar que según datos de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada por el Ministerio de Salud de la Nación, el 35,4 por ciento de la población adulta en nuestro país padece sobrepeso y el 18 por ciento obesidad, entre otras causas, debido al consumo excesivo de bebidas azucaradas, que proporcionan grandes cantidades de calorías vacías que no aportan nutrientes. En diciembre del año pasado se debatió a nivel nacional la necesidad de aplicar mayores impuestos a las bebidas con alto contenido de azúcar, e incluso el Ejecutivo nacional avanzó con la idea de incrementar el tributo a esos productos y fijar una alícuota del 17 por ciento. Sin embargo, los planteos realizados por la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol y también por el Centro Azucarero de Tucumán lograron que se deje sin efecto esa iniciativa oficial. Pero, más allá de la coyuntura política, el problema sigue vigente porque el alto consumo de azúcares representa un serio problema para el sistema sanitario ya que ese hábito está asociado, como se dijo, a una mayor incidencia de enfermedades como el sobrepeso y la obesidad.

Expertos de distintos países advierten que existe suficiente evidencia científica que demuestra que estas bebidas no producen saciedad, por lo que su alto consumo no disminuye la ingesta de otros alimentos y, además, se incorporan calorías vacías que no aportan nutrientes. Por otra parte, observan también que el consumo excesivo de bebidas azucaradas tiene relación directa con un incremento del riesgo de padecer enfermedades como la diabetes. De acuerdo con datos de la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), América Latina es la región que más azúcar consume, al duplicar el promedio mundial (49 kilos). Según esta fuente, si se comparan los consumos en la región, Brasil es el que mayor azúcar consume, con 67 kilos al año por persona, seguido por Chile (47,6 kilos por año) y por Argentina (44,1 kilos por año) que de esta manera supera a la media mundial y a las cantidades ingeridas en los países desarrollados que conforman la OCDE (35 kilos).

Chile fue uno de los primeros países en aprobar un impuesto del 10 por ciento para las bebidas azucaradas. México también apeló al aumento de impuestos en estos productos como una forma de reducir el impacto del alto consumo de azúcares en la salud de la población y logró reducirlo en un 25 por ciento en dos años. La recomendación establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto al consumo de azúcares agregados indica que su ingesta no debe superar el 10 por ciento de la incorporación total de energía en la alimentación de una persona, lo que equivale a 50 gramos diarios para una dieta promedio de 2000 calorías. Los nutricionistas advierten que 600 mililitros de gaseosa contienen 14 cucharaditas de azúcar, superando la cantidad máxima recomendada para todo el día, que es de 10 cucharaditas de 5 gramos promedio cada una.

Si se tiene en cuenta que Argentina es uno de los países que lidera el consumo mundial de gaseosas en el comercio minorista, es decir en supermercados, almacenes y kioscos, es necesario que la población tome conciencia del impacto que tiene en la salud el mal hábito de reemplazar el agua por las bebidas azucaradas para el consumo humano. También es necesario que las autoridades sanitarias hagan hincapié en las campañas de prevención para garantizar el cuidado de la salud pública.