Temas de hoy: Tiroteo en Texas FMI Lluvia en Resistencia Lavado de activos I Rusia 2018
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/162910
La página del lunes

Basta (de hablar) de calidad educativa

¡Basta de hablar de calidad educativa cuando ni siquiera se puede dar la mitad de los días de clases que marca el calendario escolar y en medio de un clima de desconcierto y desgano tanto de los docentes como de los alumnos!

A tres semanas exactas del día del inicio de las clases -5 de marzo- los chaqueños estamos, como hace décadas, sin saber si éstas comenzarán y hemos demostrado que no somos capaces de ocuparnos de nuestros hijos y del futuro de la sociedad.

El logro de haber terminado con las escuelas rancho (¿?) queda minimizado ante el panorama actual y de los últimos años. Las escuelas se han convertido en recintos anárquicos donde cada uno trata de salvarse como puede, a costillas de los únicos dueños verdaderos de esos recintos, los alumnos. Muy pocos creen que la educación de la niñez, la adolescencia y la juventud es “un derecho humano”, tanto o igual que el derecho a la existencia.

Y hace años se viene asistiendo a un tironeo sin sentido entre los que dicen tener vocación de servicio para mejorar la sociedad (los políticos y los gobernantes), los que dicen tener vocación de educadores y servidores públicos y los gremios que se ocupan de ellos y los padres de los alumnos que concurren a esas escuelas.

A nadie le parece preocupante -o si le parece se cruza de brazos o levanta los hombros-, que en 2017 en las escuelas del Chaco haya habido 92 días con paros y 83 días con clases. Si esto es preocuparse y tener prioridad por la Educación, a muchos debería caérsele la cara de vergüenza y deberían salir a pedir disculpas a la sociedad. Si los pueblos cuidan de su futuro según la preocupación que tienen por la Educación de sus miembros, no necesitamos ninguna otra explicación para las causas de la decadencia argentina, sin parar, desde hace más de medio siglo, cuando había una pobreza y desocupación del 5 por ciento.

Los responsables

Hay que decirlo con todas las letras: el Estado es el primer responsable de que se dicten clases, que las escuelas funcionen correctamente, que los alumnos tengan todo lo que se necesita y que los docentes encargados directos de la educación tengan un salario acorde con su responsabilidad. Deben sincerar ante toda la sociedad cuál es el salario de bolsillo de los maestros, cuál es la preocupación para que sean lo más eficientes posible y que se respeten sus derechos. Debe tener en cuenta que esto es lo principal. Están bien los edificios modernos y cómodos, pero si no tiene contenido y no hay clases, son como un cascarón vacío.

Los docentes y los gremios que los representan deben luchar para que todo lo acordado se cumpla y se respeten sus derechos, pero no deben anteponerlos a los derechos de sus alumnos, que son al fin de cuenta, la razón de su existencia. Lo que se ve desde afuera es que la mayor y casi única preocupación, sobre todo de los gremios que se atribuyen la representatividad docente, son sus salarios y que las medidas de fuerza no contemplan el respeto por los derechos de los alumnos. En estos momentos de fuerte cuestionamientos a sindicalistas parapetados en sus gremios deberían demostrar que no son como todos. Deberían buscar con imaginación y constancia nuevos caminos que no acudan al paro como una rutina y como única arma, que ya no le mueve un pelo a su empleador, el Estado.

Y la tercera pata de esta situación es la de las familias de los alumnos. Si los padres observan con pasividad lo que les pasa a sus hijos y les interesa sólo que pasen de grado, sin formarse y siendo verdaderos analfabetos, la educación no va a avanzar. Deben controlar la acción del Estado, deben vigilar lo que promueven los gremios porque la primera escuela es el hogar, pero en una sociedad como la que vivimos necesitan de uno y de los otros.

Al borde de un fracaso

Hay una cosa que es cierta: no podemos tener años escolares como el 2017, con más días de paro que de clases. Es una afrenta para todos pero que lamentablemente no la asume nadie. Hay tres semanas por delante para que alguien tome la situación en serio. Para qué mesas de diálogo SINCERO, sin segundas intenciones, sin tires y aflojes para ver quién gana, lleguen a acuerdos duraderos en beneficio de los alumnos. Todo lo demás que se diga y se haga será palabrerío al viento y discurso para la tribuna. El gobierno, los gremios, las familias tienen algo que proponer, algo que ceder y algo que ganar, para que el mayor bien lo tengan los niños y jóvenes. Todo lo demás que hagan no tendrá sentido sin que la educación se encarrile. Si no se consigue garantizar a niños y jóvenes que van a tener clase, habremos fracasado todos.