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La lucha contra la esclavitud moderna

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que alrededor de 21 millones de personas en todo el mundo son víctimas del trabajo forzoso y calcula que esta actividad criminal que somete a los más vulnerables genera aproximadamente 150.000 millones de dólares en ganancias ilícitas por año. Según el organismo internacional, las víctimas son sometidas a explotación en diversos sectores de la economía, como la agricultura, la pesca, el trabajo doméstico, la construcción, la industria y la minería.

Un informe publicado por la OIT explica que el trabajo forzoso se manifiesta de diversas formas, que van de la explotación sexual a la servidumbre por deudas, así como la trata de personas y la esclavitud; y por eso, frente a la gravedad de este flagelo el organismo puso en marcha su campaña “50 for Freedom” para ayudar en todo el mundo a millones de mujeres, hombres y niños a recuperar su libertad y su dignidad. Los expertos de la OIT que trabajan esta temática denuncian que la esclavitud moderna es un gran negocio y que las millonarias ganancias anuales que dejan estas actividades que se desarrollan al margen de la ley equivalen a la suma de las ganancias de las cuatro empresas más rentables del mundo.

Para luchar contra el trabajo forzoso y en el marco de la campaña “50 for Freedom”, la OIT redactó un Protocolo que es instrumento jurídico vinculante que requiere que los gobiernos de los distintos países adopten medidas para luchar contra la esclavitud moderna en todas sus formas. Como se trata de un tratado internacional, fue necesario que los países lo ratifiquen para que entrara en vigor. A partir de la ratificación, los países están obligados a informar regularmente sobre las medidas concretas que adoptan para poner fin a este flagelo. Argentina ratificó el año pasado este instrumento de la OIT para la lucha contra la forma más denigrante de la condición humana, convirtiéndose así en el noveno país que asume el compromiso para erradicar estas prácticas. Mediante esta ratificación, nuestro país asumió formalmente el compromiso de aplicar el Protocolo contra el trabajo forzoso, dando así un nuevo impulso a la lucha contra el trabajo forzoso en todas sus formas, incluida la trata de personas.

Según explican los expertos de la OIT, el Protocolo requiere que los países garanticen la liberación, la recuperación y la readaptación de las víctimas de la esclavitud moderna. Este instrumento legal también protege a las víctimas de las sanciones ante cualquier actividad ilícita que hayan sido obligadas a cometer cuando estaban en esclavitud.

Quienes trabajan para combatir este delito observan que, en rigor, la esclavitud moderna está presente en sus distintas formas en todas partes, pero lamentablemente pasa desapercibida para la mayoría de las personas, por eso es importante el compromiso de toda la comunidad para hacer más visible este grave problema que está emparentado con las viejas formas de esclavitud, pero que en los últimos cien años ha tomado formas diferentes, como la trata de personas, la servidumbre por deudas o el trabajo doméstico forzoso, por citar sólo unos pocos ejemplos. Pero esto no significa que es inevitable. La OIT asegura que en la actualidad hay más personas en situación de esclavitud que en cualquier otro período de la historia, y estima que cerca de 21 millones de mujeres, hombres y niños viven en condiciones de esclavitud en el mundo. Para que la gente tenga una idea aproximada de la magnitud del drama, los expertos observan que si todos ellos viviesen en la misma ciudad, sería la cuarta ciudad más grande del mundo después de Pekín. Según la publicación titulada “Estimaciones mundiales de la esclavitud moderna de 2017”, editada por la OIT, la mayoría de las personas víctimas de la esclavitud moderna trabajan en industrias como la agricultura, la pesca, la construcción, la manufactura, la minería, los servicios y el trabajo doméstico. El mismo documento señala que alrededor de una de cada cinco es víctima de la explotación sexual.

Estas nuevas formas de esclavitud son tan denigrantes e inaceptables como las practicadas por las potencias coloniales en otros siglos. Es de esperar que gobiernos de todo el mundo y los ciudadanos se sumen a la iniciativa de la OIT para poner fin a estas prácticas que atentan contra la dignidad humana.