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Eduardo López
Por: Eduardo López

Aledo Luis Meloni, el José Hernández del Chaco

El jueves de esta semana, 11 de enero, se cumplirán dos años del día en el que Aledo Luis Meloni, a los 103 años de existencia, inició su viaje a las estrellas. Todos los que de alguna manera gozamos de su amistad y todos los que lo admiraron lo sienten aún presente, sobre todo si tienen la suerte de tener a mano alguno de sus libros. Sus versos de veinte, treinta o más años atrás, parecen escritos con el diario del día, por lo que reflejan una singular sabiduría, esa que sólo tienen los hombres de corazón limpio.

Cuando tenía 94 años así se describía en un reportaje realizado por el periodista Vidal Mario “Soy maestro rural, no poeta. Intento serlo, pero no lo consigo. Lo único que hago es robarles de vez en cuando un poco de fuego poético a los dioses. Antes les robaba más seguido y por mi corazón todavía joven fluían las coplas y poemas. Tanto que un día escribí: ‘Por amor y por costumbre/ llevo una copla conmigo: Primero en el corazón/ después en el bolsillo”. Conceptos, que en su humildad, creía profundamente, pero que el paso de los años lo desmintieron totalmente.

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Aquel boyerito de los campos de la Estancia Huetel en la provincia de Buenos Aires jamás imaginó que, con sus cuatro años de estudios secundarios en una escuela normal de entonces llegaría, con los años, a ser doctor honoris causa de la Universidad Nacional del Noreste, caballero de la República de Italia (patria de sus padres), ciudadano ilustre de Resistencia, faja de honor de la Sociedad Argentina de Escritores, premio Santa Clara de Asís y que por ley en el Chaco, su provincia adoptiva, el 1 de agosto día de su nacimiento, es el Día de la Poesía chaqueña. Todas distinciones que lo abrumaban y a las que no le daba más importancia del afecto que le hacían sentir.

Las coplas “enseñan a filosofar”

Los que tuvimos la bendición de compartir algunos de sus años como el trabajo en el diario Norte o por ser vecinos de su domicilio y conversar con frecuencia, somos testigos de su sincera humildad. De que nunca se la creyó, como se suele decir, y que gozaba de un altísimo sentido del humor y de la esperanza. A veces sus versos parecen cargadas de cierto pesimismo, pero siempre, siempre, concluyen con una luz de esperanza.

Otra prócer chaqueña, la profesora Martha Bardaro. escribió a modo de ensayo, una joya que denominó “Las coplas de Meloni nos enseñan a filosofar” en la que demuestra que “Con palabras sencillas que todo el mundo puede entender, Aledo Meloni, nos enseña a filosofar, es decir, a pensar en profundidad temas que, de no haberlo leído, no se nos hubieran ocurrido”.

Meloni, el José Hernández chaqueño

No tenemos autoridad para hacerlo, y quizás sea un despropósito, pero nos animamos a afirmar que así como el “Martín Fierro” de José Hernández pasó a la historia como el retrato de la filosofía profunda del argentino del siglo 19, la poesía de Meloni refleja e interpreta el quehacer y el vivir del hombre chaqueño desde la década del treinta en adelante. Meloni es para los chaqueños nuestro José Hernández y los dichos y las vicisitudes de los hacheros y de los braceros del algodón reflejan las de los gauchos y peones de estancia de Fierro.

Periodista de oficio, pero poeta de alma, le supo poner belleza y ocurrencia a los hechos políticos, haciendo poesía con las miserias de los gobernantes y los explotadores. Por eso durante más de un año publicó en Norte, en uno de los años más dolorosos de los últimos tiempos, el 2001, todos los lunes, una copla que luego reunió en un pequeño volumen que denominó “La copla del lunes”. “En este librito escribió- no hay poesía; sólo el ritmo octosílabo para expresar, con cierta armonía, lo que la gente, la calle, piensa sobre algunos temas en boga. Piensa, siente, sufre y rabia”. Esta columna ha publicado durante el año pasado muchas de esas coplas que, de no saber que fueron escritas hace 17 años, en el 2001, parecían la crónica de la semana, De ahí el atrevimiento de comparar a Meloni con José Hernández. Algo que si se lo piensa bien, no es tal. Como los buenos vinos, con el paso de los años, lo escritos de Aledo cobrarán la misma, o mayor dimensión que los del padre de Martín Fierro.

Crónica en verso

Para pasar a los hechos, vale reproducir algunos fragmentos de sus trabajos:

*Riqueza y trabajo el monte /reparte como a destajo:/ para el gringo la riqueza/ y para el criollo el trabajo.

*Qué pena, hermano, qué pena/ ver que nos dejan sin patria/ los de adentro y los de afuera./ Ver cómo a dentelladas de usura y de rapiña,/ con hambre inédita, nos la devoran impunemente/ en la orgía de la entrega /¿Qué hacen entretanto, qué hacen los que lucen charreteras,/ los que suenan las campanas,/ los que legislan la idea,/ los que celebran la rosa,/ los que saben, los que piensan?

Qué pena, hermano, qué pena/ ver que nos dejan sin patria/ los de adentro y los de afuera./ Y tan hermosa que es ella...

Y a propósito de las recientes bravuconadas de Donald Trump y de Kim Jong-un, Meloni tiene algo que decir en su poema del libro Memoria y Olvido titulado Noticia:

El señor presidente según el noticiero de las ocho, el sábado asistió, como acostumbra, a un oficio litúrgico en su templo. Necesitaba agradecer a Dios; y no era para menos.

De veintitrés misiles que habían disparado desde sus portaaviones,

sobre aquella lejana ciudad desprevenida,

veinte habían caído en el blanco preciso. Como se ve, muy buena puntería: un éxito rotundo.

Eso sí, por error, los tres restantes dejaron un tendal de muertos inocentes ...

Pero tal nimiedad al señor presidente lo tiene sin cuidado: fue un error y a otra cosa.”

 ¿Y la casa de Aledo?

A poco de fallecer Meloni se habló de que su domicilio de la calle Don Bosco al 600 se iba a convertir en un museo o lugar cultural. Sus parientes dejaron la mayoría de los muebles para que así fuera pero desde las autoridades no se supo nada. Ni de la provincia ni del municipio.

Los vecinos miran con preocupación que el tiempo vaya haciendo su trabajo y la casa se deteriore. Perdón por la comparación, pero que no pase lo del alfajor chaqueño.