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La página del Lunes

Ciento veinte por ciento

Los argentinos parecemos estar en guerra continua. Cuando aparece un tema controvertido, el otro pasa al olvido. Los últimos fueron Maldonado, los Mapuches, el submarino San Juan y en estos días la reforma previsional. Las escenas vistas fuera y ¡dentro! del “Lamentable” Congreso de la Nación fueron verdaderas batallas. Batallas con el pretexto de defender a los jubilados. Todos de boca para afuera. En nombre de los “viejitos”, de los “abuelos” se trenzaron incivilizadamente en insultos y trompadas por un lado, y a palazos y golpes por otro.

Esos “viejitos y abuelos” de los que hablan diputados y políticos con muy buenos sueldos y gremialistas con haberes de privilegio como los camioneros y bancarios, por citar sólo dos ejemplos, no aparecieron en esas batallas. En una palabra, para un lado y para el otro la llamada reforma previsional fue un motivo para enfrentarse en nombre de terceros. Es increíble que la casa donde deben deliberar los representantes del pueblo para sancionar las leyes deba estar vallada y defendida por guerreros armados hasta los dientes. Y es increíble, también, que los encapuchados con piedras y palos e incendiando vehículos sean los “abuelos” a los que se les baja la jubilación.

¿Se necesita una reforma previsional? ¡Claro que se necesita! No ha sido, ni es suficiente la mentada “reparación histórica” que está todavía con una enorme deuda. Pero para hacer esa reforma se necesitan urgentes y rápidos pasos para que no se sigan muriendo los muchos que ya lo han hecho sin una pizca de justicia. Además empezar una reforma para perjudicar a los que menos ganan es un pésimo comienzo. Es como empezar una batalla enviando al frente a los reclutas.

¡82%, no: el 120%!

Más del cincuenta por ciento de los jubilados “viejitos y abuelos queridos” cobran el mínimo que hoy alcanza para la mitad de la canasta básica y un cuarto de la canasta de medicinas y prácticas médicas. Si se tomó como una gran conquista de la humanidad pagarle el 82 por ciento de lo que gana un activo, debería revisarse ese concepto. Alguna vez con una ingenua utopía insinuamos que ganar el 82 por ciento cuando uno ya no tiene ni las fuerzas, ni la salud, ni el ánimo de cuando era un trabajador activo, era una injusticia. Ganar hoy el 82 por ciento cuando sus necesidades de salud, de alimentación se han modificado y se debe gastar mucho más, no es velar por la vida de un jubilado, es condenarlo a una muerte casi inmediata. Si se fuera consecuente, a más necesidades, la jubilación debería ser por lo menos del 120 por ciento.

Se habla de este tema desde la sensibilidad y de lo que debería ser justo, y para poner en juego y en limpio esos conceptos están los técnicos, los asesores y los que deciden, que son los diputados y senadores, que ya tienen asegurada para su futuro una muy buena jubilación, aunque ahora sean jóvenes y hasta se hagan liquidar los pasajes gratis en avión y ómnibus que perciben por mes, y que por ese sólo concepto resultan casi diez jubilaciones mínimas por cabeza.

Se habla de una reforma previsional y ella debería contemplar la existencia de jubilaciones escandalosas, de 300.000 y más pesos mensuales, cuando no existen ese tipo de salarios en los que están en actividad. Si se gana más que eso es porque hay o hubo trampas en el momento de otorgar el beneficio. Reforma implicaría, a modo de lección justiciera, que un senador potentado, terrateniente y que fue bochornosamente presidente por unos días, no cobre una pensión como primer mandatario.

El gran esfuerzo

El gran esfuerzo que debe realizarse y la gran reparación histórica es lograr que los salarios mínimos alcancen las canastas básicas de alimentos y medicinas, aún para aquellos que trabajaron toda su vida en negro y hoy padecen más que nadie. Sin permitir por supuesto, que esto sea un nuevo nicho para que muchos avivados lucren sin que les corresponda el beneficio. Todo esto que se habla y se discute se refiere a las jubilaciones nacionales. El Chaco, que no ha transferido su sistema previsional y tiene autonomía sobre sus jubilados, también debería aplicar una reforma que contemple mejorar los mínimos para que “los viejitos” y “los abuelos” no pasen tantos sobresaltos en su alimentación. Aquí la reparación histórica incluye además una revisión de los jubilados con privilegios. Pero de esto, por ahora no se habla. Sería un problema más a los muchos que existen. Pero qué sería que como regalo para estas navidades y fin de año que con la nueva composición se busquen salidas y no se tiren los problemas para adelante, para no solucionarlos nunca.