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La vida es un cuento

Hagamos un trato

¿Si en vez de competir, compartimos? Ganás vos, gano yo.

Hace poco hice arreglar mi vehículo que estaba bastante chocado, con el mecánico de la esquina de casa, llegamos al acuerdo de que me haría de a poco lo encomendado, para que yo pueda seguir disponiendo de mi medio de movilidad todos los días. 

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Nunca había hecho un trabajo con él, solo confié que lo haría excelentemente, como me lo manifestó en un momento de palabra. El inconveniente que tenía era que la única manera de pagarle era hacerlo en dos veces, nos pasamos la mano, cerrando así el trato.

Pasó el tiempo y mi auto quedó como nuevo, (como soy detallista) lo miré desde todos los ángulos posibles, sin poder descubrir ‘la falla’, quedó impecable. Contenta con su labor le dije que le mandaría algún día gente.

Él, agradeció contestando que es lo que sabe hacer, y que estaba a mi disposición. Ayer, en el gimnasio, unas señoras hablaban sobre que necesitaban, una de ellas a un mecánico y la otra un chapista.

A lo que respondí, que yo tenía uno excelente para recomendarles, les pasé el teléfono de Vicente, el señor en cuestión, me preguntaron dirección y otros detalles, convencidas de llamarlo. Cuando vuelvo a mi casa, él se encontraba afuera, me bajo, como de costumbre nos pasamos la mano afectuosamente, comentándole que seguramente dos personas se comunicarían. A lo que me dice: ¡Gracias por recomendarme!, cuando tengas un tiempito déjame tu auto te lo voy a lustrar. Lo miro con mis ojos grandes… asombrada.

¡Mirá que no tengo un peso!, le dije. No te voy a cobrar, vos traélo, de paso te arreglo este rayón. Cuando mi hijo Leo juega al fútbol y lo voy a alentar, celebro sus ‘pases’ a los compañeros, diciéndole que eso que hace, es más importante que hacer un gol, compartir y divertirse aunque se pierda.

Sueño con una sociedad en la que todos podamos ayudarnos, interrelacionados invisiblemente en redes amorosas de contención y resolución simple y ágil de las situaciones que se nos van presentando en nuestras vidas. Soy partícipe de lo que pregono, y sé que al ser ejemplo lo contagio, ya está sucediendo.

Si sabés hacer algo bien, lo ofrecés, alguien más tendrá algo que necesitás y tomarás su labor, como él la tuya. Es muy probable que no sea la misma persona con la que vamos a intercambiar, ahí está el encanto. Y como todo empieza en casa, hacerlo con nuestros hijos y familiares es la base para ensayar e inculcar estos hábitos.

Materializándolos después hacia afuera: con desconocidos en nuestra comunidad. Mis padres me enseñaron sobre la empatía, el ayudar, para ir juntos en cooperación, me siento una persona más sensible a medida que lo aplico.

No soy ni mejor ni peor que nadie, ni más linda, ni más inteligente, ni más rica o pobre, simplemente soy YO MISMA, única e irrepetible como vos. Si te contagié una pizquita, te invito a llevarlo a la acción: ¿Con quién vas a empezar? ¿Qué vas a hacer? (Si necesitas un buen mecánico o chapista, escribime tengo uno para aconsejarte).

Facebook: La Vida es un Cuento Corina Schaefer- Coach