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Eduardo López
Por: Eduardo López

Política vieja

En la semana anterior la Legislatura del Chaco y el mismo gobernador rindieron homenaje al ex presidente Raúl Alfonsín al cumplirse 34 años de su triunfo electoral, que marcó el regreso de la democracia, después de la noche más negra que vivimos los argentinos en el siglo 20, la dictadura militar 1976-1983. Lo hicieron con la presencia del hijo del político, Ricardo, que estuvo en la Legislatura y en la Casa de Gobierno. Como a los vinos, el paso del tiempo ha mejorado notablemente al líder y hoy nadie (o casi nadie) discute su papel fundante de una nueva era en el país.

Entre los principales pretextos de los militares y sus aliados de tantos golpes que hubo desde 1930 en adelante, estuvieron los de terminar con la corrupción de la política y el uso del estado en beneficio de los gobernantes antes que de los ciudadanos. Y sin embargo siempre cayeron en los mismos vicios, y aún peores, que aquellos con los que quisieron terminar. La llegada de Alfonsín, que ganó contra todos los pronósticos, y el cansancio de los ciudadanos, hicieron que en aquel año 1983 hubiera una especial euforia con la vuelta a las instituciones. Ese preámbulo de la Constitución nacional con que terminaba sus arengas, como una oración laica, había producido un contagio, y de veras, los que nacíamos a la vida civil en esos tiempos, creímos que por fin llegaba el esperado despegue de un país que tenía todo y vivía malgastando sus riquezas.

El fracaso de la “política”

Estos apenas 34 años que pasaron, llenos de avatares y de crisis terminales de todo tipo, nos han colocado en una situación de total descreimiento, en medio de un 30 por ciento de pobres, de una gran desocupación y de pérdidas irrecuperables en salud, educación y seguridad, todo, todo, todo, producto de la corrupción de la clase política que gobierna el Estado con sus tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Como nunca los ciudadanos hemos advertido que la corrupción enquistada en los tres poderes es el peor enemigo de todos y que ese enemigo es el que hace que se viva de una manera tan precaria, teniendo un país que podría ser líder en el concierto de las naciones.

Este ha sido el mensaje de las últimas elecciones. Los ciudadanos no quieren ya más de lo mismo. Se han dado cuenta de que así como han llegado nuevos tiempos para todos los órdenes de la vida, también tiene que haber nuevas formas para hacer política. Que así como están, los partidos políticos, algunos de ellos con una épica indiscutible, están viejos, obsoletos y son el refugio de quienes quieren salvarse ellos, sus familias y sus amigos antes que sacrificarse y trabajar por el bien de todos. Esos partidos políticos, herederos de próceres, de hombres probos con vocación democrática, han deshonrado esa herencia y han convertido al Estado en el refugio y en el padrinazgo de las peores mafias. Han sido los autores del enorme yugo impositivo que se padece y uno de los mayores del mundo, para poder solventar un aparato cada vez más grande y cada vez más ineficiente pagado con el dinero que ponen todos.

En el Chaco, igual

Los que habitamos esta tierra del algodón, que celebra como una proeza que la expectativa de siembra del textil para la nueva campaña supere las 150.000 hectáreas, cuando hubo épocas en las que se acercó al millón, hemos escuchado, desde aquel año liminar de 1983, que era la hora de “una nueva manera de hacer política”, que había que terminar con las viejas prácticas para “hacer un Estado provincial más eficiente y más federal”, todas frases muy lindas pero carentes de contenido si no se traducen en beneficios para la gente.

Los ocho turnos electorales desde el 83, algunos con características inéditas, todos comenzaron con la ambición de quedar en la historia por los cambios introducidos. El período 1991-95 tuvo la particularidad de ser encabezado por un partido nuevo, Acción Chaqueña, que se jactó ser, por fin, una alternativa al bipartidismo, pero que terminó con más de lo mismo y con la llegada al Chaco del primer gobierno radical. Un gobierno que por obra y gracia del desastre nacional y de las urgencias locales borró con el codo importantes avances y terminó haciendo su propia moneda. Completó un ciclo de 12 años con una intervención de la Corte Suprema de Justicia de la Nación pidiendo a los gobiernos nacional y provincial que no dejen morir a los pueblos aborígenes por falta de salud, de agua y de comida. Pedido que sigue vigente y recordado en estos días, cuyo cumplimiento deja mucho que desear. Luego vinieron tres períodos que encabezó el PJ y que estamos transitando. Por lo que se ve, tampoco se hizo historia como se pretendió y así estamos como estamos.

Prácticas que no sirven

En medio de este panorama las recientes elecciones nos han mostrado que la política (los partidos) ha envejecido aún más. Que sus prácticas, las recorridas con actos multitudinarios con carteles y bombos, las paredes de la ciudades llenas de gigantografías con rostros sonrientes, las páginas de los medios escritos y digitales plagadas de avisos y discursos, son recursos que apenas soportan los propios punteros y beneficiarios de las escasas limosnas que tienen el nombre de planes, becas, contratos. Y esas prácticas son la vieja política.

Bastó que desde la Nación se presentara un nuevo panorama para que hubiera reacciones para defender derechos y aunar criterios. El actual gobierno provincial convocó a una reunión de todos los sectores y pidió a sus legisladores (por ahora solo a los de su partido) que defiendan los intereses del Chaco ante la Nación. Magra cosecha les espera a los cuatro representantes, si no se suman a los tres del otro partido y a los de las provincias vecinas, que sería una manera de superar la vieja política.

Un lúcido colega del portal Chaco día por día, ante la descripción del presidente de la Nación de que el Estado está lleno de gente que sobra o que no es necesaria, hizo la siguiente reflexión para el Chaco. “Si el personal del Estado chaqueño fueran 100 personas, las mismas estarían repartidas de la siguiente manera: 56 serían del Ministerio de Educación (docentes y no docentes); 15 de Salud Pública (médicos, enfermeros, técnicos, etc.); 10 policías y 19 de otras reparticiones. Es decir que el grueso del personal estatal del Chaco está conformado por maestros, médicos y policías. Si esto hay que recortar, estamos al horno muchachos”. A esto habría que sumar que de esos docentes, personal de salud y de otras reparticiones estatales, hay muchos que todas las semanas están con paros y que los servicios se resienten.

Por suerte el jefe del gobierno chaqueño parece haber acusado el golpe y llamó al diálogo de todos los sectores, lo que abre una luz de esperanza. “Desde la política debemos hacer que el Chaco crezca con un Estado moderno”, sostuvo. Ahora habrá que demostrar que esta no es una linda frase más y que tendrá rápido su correlato en la realidad. Porque esta política está vieja y no da para más.