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La página del lunes

El eterno retorno (siempre lo mismo)

Lo que pasó en los recientes comicios nos hizo acordar, a los que ya tenemos algunos años y algunas elecciones encima, aquello de la teoría filosófica denominada del “eterno retorno”, es decir de que “todo vuelve” y que “no hay nada nuevo bajo sol”. El Chaco, como la Argentina es una prueba de que ese “eterno retorno” existe.

En esta nueva provincia nacida en 1951, recién hubo un gobernador que pudo terminar su mandato de cuatro años, treinta y seis años después, en diciembre de 1987, fue el abogado saenzpeñense Florencio Tenev con el regreso de la Democracia, tras la noche negra de la dictadura militar. Eso no lo habían podido lograr Felipe Gallardo (1953-55); Anselmo Zoilo Duca (1958 62); Deolindo Felipe Bittel (1963 66 y 1973-76). A partir de entonces hubo tres ciclos de doce años cada uno, hasta hoy, con programas y eslóganes parecidos.

Tras dos períodos liderados por justicialistas, Florencio Tenev y Danilo Luis Baroni, en 1991 llegó al poder un partido de reciente creación, Acción Chaqueña, que se presentaba como una moderna alternativa al bipartidismo del que habían hecho gala, hasta entonces entre el peronismo y el radicalismo y que no habían logrado hacer salir a la provincia de su atraso en el ranking nacional con elevadísimos índices de pobreza, desnutrición, mortalidad infantil y analfabetismo, entre otras necesidades insatisfechas.

La simultaneidad con el gobierno nacional de Carlos Menem y su era privatizadora hizo que lo que se había presentado como una esperanza, fuera una de las mayores defraudaciones al electorado chaqueño lo que produjo que lo que se había presentado como algo que “había llegado para quedarse”, se diluyera en poco tiempo, al punto que hace ya casi dos décadas que Acción Chaqueña es apenas un sello que tiene un puñado de adeptos que se asocia a los gobernantes de turno.

El segundo ciclo

Tras ese ciclo de doce años, llegó otro de igual duración confiado al radicalismo. En 1995 tras la aplicación, por primera vez, de la reforma constitucional de 1994, y en segunda vuelta, se instauró en la provincia el primer gobierno radical de la historia. Llegó a gobernador Ángel Rozas con el lema de “un nuevo modo de hacer política”, aludiendo con ello a necesidad de terminar con los viejos vicios de la corrupción y de las promesas sin cumplimiento. Hubo acciones que abrieron en muchos la esperanza de nuevos caminos. Hubo lucha seria contra la desnutrición, la mortalidad infantil y el analfabetismo. Se intensificó la construcción de viviendas y se puso en marcha el programa AIPO, destinado a las personas de menores recursos. Esto, a tal punto, que en las primeras elecciones de medio término y luego en las de finalización de mandato, el gobernador fue reelecto con un amplio margen, tuvo quórum propio en la Legislatura y hubo una explícita aspiración a llegar al nivel nacional.

Sin embargo la ambición de poder antes que el servicio se subió a la cabeza de muchos, más los nefastos avatares del gobierno nacional de Fernando De la Rúa y hasta la creación de un moneda propia como el Quebracho, hicieron que se ganara una tercera elección por efecto del envión anterior, para completar este segundo ciclo de 12 años con la gobernación de Roy Abelardo Nikisch, que pasó con más pena que gloria, y que aprovechó para viajes al exterior, al punto que fue predecesor de los viajes a Angola, adonde se logró enviar un contenedor con palos de escoba y hasta una impensada excursión a las Islas Azores.

Tercer ciclo

Estaba cantado que la administración radical se había agotado y se inició en 2007 un nuevo período que el electorado, cansado de lo anterior, confió al justicialismo, cuando un político economista joven como Jorge Milton Capitanich derrotó, en un traumático escrutinio, a la UCR. Se volvió a hablar de “un nuevo modo de hacer política” y de “terminar con la ineficiencia”. Se quiso hacer historia, sobre todo en la obra pública. Se alternaron buenas y malas y tras los primeros cuatro años el electorado dio amplio apoyo a una reelección, confiado en que la sintonía con el gobierno nacional iba ayudar a esta provincia, que seguía, a pesar de todo, sumida en los últimos puestos de todos los indicadores sociales. Esta vez, también el envión alcanzó para un amplio triunfo de un tercer mandato con la llegada de Domingo Peppo al poder, aunque no fuera el favorito del antecesor. Los resultados de las elecciones del domingo anticipan que, si todo sigue así, los dos años que siguen terminarán inexorablemente con este nuevo período de doce años porque el electorado quiere algo nuevo. La gente parece haber captado que las continuas inauguraciones son casi todas apenas un maquillaje de lo que ya existe y muy pocas son inversiones y los institucionalizados paros en la docencia, la salud y los más imprescindibles servicios del Estado no condicen con la tarea de quienes deben ocuparse de servir al pueblo y no servirse de él.

Este recuento de nuestros últimos 36 años de historia hacen pensar en lo del “eterno retorno” y de que después de tantos avatares estamos “como cuando vinimos de España” aunque todos los que nos gobernaron nos hayan dicho que “hicieron historia”, que “hemos avanzado mucho”, que “se atacaron y superaron los problemas más graves” y que “seguiremos luchando para no perder las conquistas logradas”.

Y sin embargo los que en estos años hemos sido simples ciudadanos preocupados por la vida de todos los días y por el crecimiento de la provincia, volvemos a escuchar problemas y programas que se repiten año a año, como el cultivo del algodón, un distintivo del Chaco, que fue bandera y que hoy está en su mínima expresión, más allá de la convocatoria de este congreso que terminó el viernes y que se verá si no fue una reunión más. Y a todos los hemos escuchado hablar de la reactivación del puerto de Barranqueras, y todo sigue igual. Y de la construcción del segundo puente y del segundo acueducto. Y de la industrialización de la materia prima en origen. Y de las prioridades de la Educación y de la salud. Y de la lucha contra el analfabetismo, la pobreza y el hambreà Es decir el eterno retorno. Nos falta lograr que se tenga alguna vez un Estado eficiente y al servicio de todos, con sólo los empleados necesarios y sin ñoquis amigos y sin dinastías en organismos públicos.

Por lo visto, por los resultados, se ha comprobado que los políticos de hoy atrasan. Aparecen para las campañas electorales con discursos antiguos, con las promesas de siempre, alejados de la gente durante la gestión, con legisladores que no cumplen con su cometido, con justicia sólo para los pudientes. Es decir que el “eterno retorno” está vivito y coleando y que la descripción de Enrique Santos Díscepolo en 1926, tiene urgente actualidad: “Pero no ves, gilito embanderado,/ que la razón la tiene el de más guita./ Que la honradez la venden al contado./ Y a la moral la dan por moneditas./ Que no hay ninguna verdad que se resista/ frente a dos pesos moneda nacional. /Vos resultás, -haciendo el moralista-, /un disfrazao, sin carnaval”.