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Luis Darío Molodezky
Por: Luis Darío Molodezky

Eduardo Olmedo, campeón con Chaco 1967 y héroe de Malvinas

El homenaje que rindió el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco a los campeones argentinos juveniles de 1967 fue un momento lleno de emociones y reencuentros. Uno de los que volvió para recibir su medalla fue Eduardo Adolfo Olmedo, que al momento de la consagración en Posadas tenía 17 años. El destino le ofrecería luego delicados desafíos, como haber participado de la Guerra de Malvinas en 1982, como Capitán del guardacostas Río Iguazú, embarcación alcanzada por fuego enemigo que quedó en Darwin, luego de salvar la tripulación y la carga.

El testimonio deportivo y de vida de Olmedo fue de alto tono emotivo. En extenso diálogo con NORTE, el hombre de 67 años que reside en Buenos Aires nos decía: “El homenaje que hizo el Círculo de Periodistas Deportivos del Chaco a los campeones de 1967 fue extraordinario. Pasamos una jornada inolvidable, emotiva, agradable, encontrándome con compañeros que hacía más de 50 años no veía. Cuando salimos campeones en Posadas tenía 17 años, jugué con 18 el torneo siguiente en Corrientes, donde fuimos cuartos. En Misiones ganamos partidos inolvidables, y teníamos una preparación física estupenda de Marcos Goicoechea y la dirección técnica del “Negro” Víctor Romero, que nos dio fortaleza para vencer en tres suplementarios a nuestros vecinos correntinos que también tenían grandes jugadores, como el “Diablo” Benítez. 

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El Cabo José Raúl Ibáñez en posición de tiro con una de las ametralladoras Browning M2- cal. 0,50 de a bordo. Fue en las afueras de Puerto Argentino, durante una incursión aérea inglesa. Atrás, sosteniendo la cinta de alimentación de proyectiles, Jorge Bruger.

Ese fue el primer título nacional de básquetbol, logrado en la categoría juveniles. Después llegaron los campeones del ‘76, también en juveniles, y el primero de mayores, de local en 1996. Los recuerdos afloran en la palabra de Eduardo, que nos cuenta: “A los 4 años empecé a jugar al básquetbol, a los 15 debuté en primera con los monstruos de la época, como Lutringer, Dosso, Corbalán, Valussi, Sánchez, Carlen y otros más. Grandes maestros. Para mí fue un orgullo jugar y aprender de ellos”.

Su carrera deportiva no se extendió demasiado, ya que eligió una vida diferente, aunque volvió a practicar básquetbol en algunos momentos: “A los 18 decidí viajar a Buenos Aires e iniciar una nueva vida. Ingresé en la Escuela de la Prefectura Naval, donde me recibí de oficial, y tuve una carrera bastante movida. Y seguí jugando al básquet en la Escuela y me quisieron llevar a San Andrés, ya que se realizaba un torneo interfuerzas. Le ganamos después de 7 años la final a la Policía Federal, que arrasaban con los torneos de este deporte. En mi primer año en el equipo le metí 20 tantos en el primer tiempo, no me podían marcar. El entrenador de la PF era el mismo de San Andrés, y me dijo: ‘Pibe, ¿de dónde saliste vos?, Sos muy escurridizo, manejás los dos perfiles y encima zurdo, lo más complicado que puede haber’. Le expliqué venía de jugar dos Argentinos juveniles, campeón en Posadas y cuarto en Corrientes. Conmigo jugaba un pibe Tadei, de Corrientes, muy buen jugador. Con él y otros compañeros le ganamos la final a la Policía los tres años que estuve en la Escuela. El entrenador me propuso ir a San Andrés, en esa época te daban estudios, alojamiento, etc. Pero otros eran mis proyectos.  

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Así quedó el Guardacostas Río Iguazú luego de ser bombardeado en las costas de Darwin.

La vida en la Prefectura

En la Escuela me recibí de oficial y seguí mi carrera en la Prefectura Naval. Mi primer destino fue Rosario. Tuve muchos destinos, pero nunca paradójicamente por esta zona. Lo más cerca fue San Javier, en Misiones, y luego siempre en el Sur, y navegando. Navegué 20 años de mi carrera, hice el curso y me capacité en eso.

-¿Cuál era tu actividad como embarcado?  

-Llegué a ser capitán de varios barcos. Más chicos o más grandes de los que tiene Prefectura. Fui cinco años capitán y cuatro Jefe de la División Guardacostas de Patrullaje, que dependía de mi persona. Luego Prefecto de Zona, entre ellas en el Delta. Me capacité en navegación y tuve experiencias únicas e inolvidables. La más importante sin dudas fue la Guerra de Malvinas.

-Vamos por partes. ¿Qué significa navegar? 

-Prefectura es una fuerza de seguridad. A mí me capacitaron para salvar gente, vidas, que es la misión principal de Prefectura. La salvaguarda de la vida humana en el mar, como todos los guardacostas del mundo. Me preparan como policía, por supuesto, pero como función secundaria. Me tocó la guerra de Malvinas y fuimos con una misión distinta. Y una vez que se inició la guerra, tuvimos que combatir.

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Eduardo Adolfo Olmedo a la derecha, junto a sus eternos compañeros, compartiendo una mesa: Caeco Valussi, Potolo Sánchez, Pititi Repetto y Bucky Carlen.

Se declara la guerra

“El día 4 de abril, fui designado Comandante del guardacostas PNA GC-83 Río Iguazú, recibiendo la misión de zarpar conjuntamente con el guardacostas PNA GC-82 Islas Malvinas con destino a Puerto Argentino en la Isla Soledad.

“El martes 6 del mismo mes zarpamos de la Dársena E del puerto de Buenos Aires (Apostadero de la División Patrullaje de la Prefectura), realizando una navegación a vista de costa, ingresando en los puertos de Bahía Blanca, Madryn y Deseado para completar combustible, agua potable y víveres.

“El 11 de abril, después del mediodía, zarpamos de Puerto Deseado para cumplir la última etapa en navegación de altura. Recibimos apoyo durante la tarde de los aviones de la institución.

Peligroso cruce

“Cuando daba charlas o conferencias en diversos foros, en universidades, siempre hacía hincapié en el cruce, que con ese tipo de lanchas era muy riesgoso. En varias oportunidades estuvimos cerca de dar vuelta campana, por el estado del mar. En esa época no existía el GPS ni otros medios técnicos de posicionamiento. Navegábamos “a estima” (triangulando rumbo, tiempo y velocidad).

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De esta foto nos separan 62 años: Adela, Negrita, Mario y Eduardo Olmedo. La familia de Víctor Romero vivía en el predio del Villa. Mi casa estaba pegada sobre calle Saavedra. Fue una emoción tan grande el reencuentro, que es indescriptible. Con Marionca me imaginaba el encuentro, no así con sus hermanas. Nos criamos juntos.

El primero en llegar

“Nuestro guardacostas fue el primero en ingresar, burlando el bloqueo, a la 0.30 del día 12 de mayo. Y se preguntarán por qué lo recuerdo con tanta precisión. Nosotros navegábamos con mar muy peligroso. A la 0.20 de ese día detectamos por radar un eco, que al identificarlo comprobamos que era un buque mercante de bandera extranjera, que venía de Japón con destino a Brasil. Al informar su posición, latitud y longitud mediante su equipo de navegación Transit comprobamos que nos encontrábamos dentro de la Zona de Exclusión. Corregimos nuestra derrota al verificar un abatimiento de 70 millas en sentido N-E, debido al efecto del viento y la corriente. Les recuerdo que nuestra navegación era “a estima”, porque carecíamos de sistema de posicionamiento global. Esto nos valió para certificar que fuimos los primeros en “burlar el bloqueo”.

“Llegamos el martes 13. Para los navegantes somos supersticiosos, no era lo mejor, le comentaba al otro capitán del Guardacostas Islas Malvinas. Malvinas tiene una Bahía exterior y una interior, y es muy parecida al Beagle por ejemplo, donde hay una profundidad de 40 metros y enseguida una piedra, por lo que se torna muy peligroso. Cuando estábamos por entrar, ya no teníamos combustible. Con el movimiento del barco se tapaban los filtros y se paraban los motores.

Al otro guardacostas se le pararon los motores y se iba contra las piedras. Le alcanzamos a tirar un calabrote desde nuestro barco, para que se haga firme en una vita, para que pudieran limpiar los filtros y poner nuevamente en marcha los motores. Todo eso nos llevó más de una hora, y por eso entramos el 13 y no el 12, como teníamos previsto. Así arribamos a puerto Argentino.

“En un momento el otro guardacostas entró en combate con un helicóptero Sea King inglés. Tuvieron un herido, pero no bajas. El martes 13 de abril a las 0.30 arribamos a Puerto Argentino, navegando durante el cruce un total de 450 millas náuticas (830 km), afrontar un mar 8 de la Escala Beaufort (vientos de 62 a 74 km/h), situación peligrosa que afrontamos en varias oportunidades teniendo en cuenta las características de estos guardacostas.

A partir de esa fecha se hicieron algunas reparaciones, acondicionamiento para las misiones a emprender (camuflaje), reconocimiento de la zona, practicaje a los buques mercantes que ingresaban a Puerto Argentino, aprovisionamiento de víveres y armamento a las bases en las islas etc.

De Puerto Argentino a Darwin

“El 22 de mayo me dieron directivas de trasladar dos cañones de tres toneladas (105 mm) de Puerto Argentino a Goose Green. Ya eran los últimos días, los ingleses habían desembarcado. Salimos a navegar de noche, y a las 8 de la mañana, cuando estábamos a 12 millas (unos 20 km) de Darwin, vimos unos aviones que sobrevolaban y atacaban el lugar. Cuando nos vieron, dos de los tres aviones se tiraron en picada para atacarnos. Tuvimos muchas averías y fue el momento más crítico y difícil que vivimos todos. Estos aviones el armamento más liviano que tenían eran cañones de 30 mm. Nosotros contábamos con ametralladoras emplazadas en popa, que sólo tenían cierto ángulo de tiro.

-¿Tenían armamento como para defenderse?  

-Dos ametralladoras de 12,7 de la segunda guerra mundial, y a pesar de que el barco se me estaba hundiendo, logramos derribar a uno de esos aviones. Yo estaba como capitán, y el maquinista que estaba de guardia me llama y me dice el barco se está hundiendo. Eran una tras otra las pasadas de los aviones descargando toda su artillería, a 30 o 40 metros de altura. Y por supuesto que hacían blanco. Me indicó que las bombas de achique no daban abasto. Di la orden de abandonar la sala de máquinas y que se deje funcionando todo. Cuando sale a cubierta, se encuentra con que ninguna de las dos ametralladoras estaba operando. Julio Omar Benítez, que era uno de los operadores, estaba muerto abrazado a una de ellas: recibió una ráfaga de 30 mm. Y Juan Vaccaro, que era el contramaestre que operaba la otra ametralladora, también se estaba desangrando en cubierta. El abastecedor de municiones de las dos piezas de artillería, que era el cabo Carlos Bengoechea, también se estaba muriendo.

“Al salir ve que no había defensa, ve a lo lejos que viene un Sea Harrier de popa a proa. Entonces José Raúl Ibáñez lo sacó a Benítez, que todavía tenía activada la ametralladora, y tiró una ráfaga contra la máquina. El avión venía tan bajo que se chupó toda la descarga. Salió humo del fuselaje, buscó altura para eyectarse, y desapareció. Después se supo que era el capitán Batt, y la historia indica que había desaparecido.

Desde lo más profundo de su memoria emergen los recuerdos y nos cuenta: “Percibí que el barco se hundía. Ordené todo a estribor, buscamos la costa y encallamos, que fue la fórmula para no morir todos. En esas latitudes si uno cae al mar, se muere en pocos minutos. Decidí embicar (inclinar la proa hacia el cuadrante de donde viene el viento, n. de la r.) en la costa para salvar a la tripulación. Tampoco sabía si había más heridos o muertos, porque llevábamos los hombres del Ejército en una bodega.

“Tengo dos cumpleaños: uno el 7 de julio, cuando nací, y el otro el 22 de mayo, cuando entramos en combate. Es una situación agridulce, porque si bien salí con vida, tuve un muerto y tres heridos en mi embarcación. Y por otro lado empecé a vivir de nuevo. Se da esa ambivalencia, preguntándome qué es lo que estoy festejando. Y bueno, festejamos la vida”.

El final: Malvinas y el continente

“Yo no quedé detenido al final de la guerra, porque a mí me mandaron a cumplir otra misión al continente el primer día de junio. Ya no volví, y mi tripulación quedó en Malvinas. Pedí autorización para volver con mi gente, pero no me permitieron porque el desenlace era inminente. Aparte, a esa altura, los aviones argentinos ya no volaban a Malvinas. Ya en tierra, en Río Grande, pasé a Río Gallegos. Ahí llegó un director general que me ordenó ir a Buenos Aires. Allí terminó mi misión. Costó el rescate de nuestra gente, porque Puerto Argentino estaba en combate permanente, Darwin también recibía ataques aéreos día y noche, además del bombardeo naval. Con la llegada del primer helicóptero evacuamos a los heridos, mientras que Benítez fue enterrado y está identificado en el cementerio de Darwin. En aquel momento hicimos una ceremonia religiosa para sepultar sus restos. Logramos llegar a Puerto Argentino y a mí me asignaron la otra misión al continente. Era llevar otros dos guardacostas a las Malvinas, pero el desenlace era inminente y no se pudo cumplir.

“Después seguí la carrera. Primero pensé que no iba a navegar más con esa experiencia, pero después me recuperé. Son límites de vida, que te pasan, y donde estás al filo de la muerte. Era casado, tenía 32 años y dos hijos. Después seguí. Fui a España a buscar los guardacostas más grandes que tiene Prefectura, que son de mil toneladas. Fui escalando todos los cargos, hasta llegar a ser Capitán de Guardacostas. Estuve cinco años en Capital Federal, dos en Bahía Blanca, y tres en Buenos Aires. De ahí pase a ser el Jefe de Guardacostas.

Dolor de difícil superación

“He dado muchas conferencias contando detalles de esta experiencia, pero finalmente el médico me las prohibió, porque emotivamente me levanta la presión y es peligroso para mi salud. No es fácil. El médico me explicó que nuestro cerebro es lo más perfecto que hay y que ningún hacker puede meterse en él, como lo podrían hacer en las computadores más sofisticadas. Pero el único que puede entrar en tu cerebro, hacer aflorar esos recuerdos, sos vos. Esos recuerdos cuando uno estuvo al límite de la vida están muy profundos. Por eso ya no doy charlas, porque me hace mal a la salud. Sin embargo ahora hago una excepción, porque es una oportunidad para transmitir estas experiencias a mis comprovincianos. Mi padre fue una persona muy reconocida acá, como secretario del Consejo de Educación. Él fue el que hizo el Estatuto del docente en la Provincia del Chaco. Con la caída del peronismo fue desplazado de su cargo y tuvo que dedicarse al comercio. Mi madre, también docente, tuvo una activa militancia. Mis hermanas también son docentes, y yo mismo hice la Escuela Normal antes de tomar el nuevo camino.

Nosotros entramos en combate el 22 de mayo, con dos aviones Sea Harrier.