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Eduardo López
Por: Eduardo López

Ilustres desconocidos

En dos semanas los chaqueños, como todos los argentinos, iremos a las urnas para elegir diputados nacionales. Para nosotros será la cuarta vez en pocos meses que cumpliremos con el deber democrático del voto. Según el criterio de muchos —que compartimos—, esta elección debería haberse hecho en conjunto con la de la provincia. El domingo 22 de este mes, 912.052 ciudadanos están en condiciones de ir a las urnas para elegir ¡cuatro! diputados nacionales, un gasto de movilización como si hubiera para tirar manteca al techo.

Los chaqueños-ñas que resulten elegidos integrarán el Congreso de la Nación que hoy tiene 329 miembros: 257 diputados y 72 senadores. El Chaco, tiene tres senadores (como todas las provincias) y siete diputados (de acuerdo a la cantidad de habitantes). En esta oportunidad elige sólo cuatro diputados por terminación de mandato. De esos cuatro, son tres por el Partido Justicialista, Sandra Mendoza, Juan Manuel Pedrini (ya electo diputado provincial 2017-2021), Gustavo Martínez Campos (candidato a ser reelegido en tercer lugar en estos comicios) y una de la Coalición Cívica, Alicia Terada (candidata a reelección).

En estos días se han intensificado las campañas, que, dicho sea de paso, son seguidas con bastante desinterés por la gente. Y es porque, además, los diputados nacionales son para la mayor parte de la ciudadanía ilustres desconocidos, que no influyen para nada en su vida diaria. De hecho si se hiciera una pregunta de golpe, sobrarían los dedos de la mano para contar quiénes saben los apellidos de esos siete diputados que dicen representarnos en un cuerpo de 257 miembros, es decir algo menos del tres por ciento del total.

Solos en la multitud

Al menos por lo que sucede hasta ahora se trata más de un cargo honorífico que otra cosa, y que responde mucho más a los dictados partidarios que a las reales necesidades de la provincia. Los discursos que se escuchan en la campaña no pasan de generalidades como “defenderemos el federalismo frente a los propósitos de la Nación”.

“Tendremos puesta la camiseta del Chaco para hacer frente a los avances del gobierno nacional”. “No permitiremos que nos despojen de los derechos y de los beneficios ya logrados”. “Tenemos que seguir avanzando todos juntos”. Seguro que nadie puede estar en desacuerdo con esos propósitos. Pero ¿qué significan de hecho? ¿Cómo van a hacer esa defensa? Más si se tiene en cuenta que son sólo siete entre 257 (una multitud) y que, para colmo hoy cinco responden a un signo partidario y dos a otro y que, por lo que se ha visto hasta ahora, los mandatos partidarios priman por sobre los derechos de los ciudadanos.

Más allá de los privilegios que se logran al alcanzar una banca como un salario de bolsillo de alrededor de 100.000 pesos y prerrogativas para viajes y bonificaciones “por desarraigo”, a nadie tienen que responder sobre sus responsabilidades, poco y nada se sabe de su trabajo en comisiones, de sus propuestas e intervenciones, de su asistencia a las sesiones ordinarias. Y además no se conoce que de alguna manera rindan cuenta al pueblo y al gobierno al que se deben. Son muy pocas, por no decir inexistentes, sus reuniones con las autoridades provinciales, menos si no son de su partido, con sus representados provinciales a todo nivel.

Bloques regionales

En el supuesto caso de que los siete chaqueños se pongan de acuerdo para llevar adelante una iniciativa, tienen una ardua tarea por delante para convencer al resto del cuerpo, por lo que se necesita la búsqueda de alianzas y acuerdos con sus pares de la región. Hace tiempo que no se conoce la formación de bloques para la presentación de proyectos que beneficien a la región noreste con la participación de legisladores de todas las provincias. Diputados de Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Santiago del Estero, norte de Santa Fe pueden unirse formando una fuerza representativa para impulsar iniciativas que favorezcan la producción, la salud, la educación, el bienestar social y tantos otros aspectos de casi un tercio del país, sin importar a qué partido pertenecen, ni tener que pedir permiso a sus autoridades partidarias.

Esto hace mucho que no se ve y no se hace. Claro, implica salirse de la rutina de un cómodo despacho en la Capital Federal y moverse en todo sentido, utilizando para eso de las franquicias que se le ofrecen (pasajes). Además deben hacerse conocer por sus mandantes y estar en su provincia y recorrerla, auscultando las voces y las necesidades. Hoy, lo repetimos porque es así, son ilustres desconocidos, becados de privilegio a mil kilómetros de su lugar de origen que individualmente no cuentan y que necesitan moverse como cuerpo. Se desconoce cuál es su actividad específica, sólo ocasionalmente se conoce alguna de sus acciones por declaraciones de circunstancia.

Hoy ser diputado nacional es más un cargo honorífico y bien rentado que una acción de servicio como debería ser. Y eso debería tenerse en cuenta por parte de los votantes a la hora de concurrir a las urnas. Cuando vienen a pedir el voto hay que exigirles que luego sean la voz de su gente y que rindan cuenta del mandato recibido.