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A cincuenta años de la muerte del Che

La razón de vivir la vida

Durante muchos años, a través de esta columna, hemos dedicado muchos relatos, a describir la vida, la acción, itinerario y muerte de Ernesto Che Guevara. Nos parece pertinente, al cumplirse este 9 de octubre los cincuenta años de su fusilamiento, dejar plasmados algunos de sus pensamientos, cuya lectura sea tal vez la forma más directa de conocer a este líder guerrillero argentino.

Por Eduardo Barreto 

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Él sabía en 1965 que Rusia era el salvavidas económico de Cuba, luego del bloqueo contra la isla dispuesto por los EEUU. Se diferenció de Fidel Castro al sostener que Rusia asfixiaría a Cuba y que prefería buscar aliados en China. Diplomáticamente sostuvo en varios discursos, cuál era el papel de los países socialistas: “El desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación, debe costar a los países socialistas. Creemos que con este espíritu debe afrontarse la posibilidad de ayuda a los países dependientes, y que no debe hablarse más de desarrollar un comercio de beneficio mutuo, basado en los precios que la ley del valor y las relaciones internacionales de intercambio desigual… Debemos convenir que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial” (E. Guevara: 2º Seminario de Solidaridad Afroasiática).

“Vienes quemando la brisa Con soles de primavera Para plantar la bandera Con la luz de tu sonrisa”. Carlos Puebla, Hasta Siempre…

El guerrillero rosarino, que había acompañado a las tropas cubanas en la lucha contra el dictador Batista en Sierra Maestra, cristalizó su triunfo, ingresando el 1 de enero de 1959, a La Habana, en la caravana del pueblo en armas. Pero allí recién comenzaba la lucha: “El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas (…) en nuestra ambición de revolucionarios tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa, y que ésta sólo podrá avanzar más rápido, si la alentamos con nuestro ejemplo” (E. Guevara; El socialismo y el Hombre en Cuba).

“La muerte es un acto más de la vida” 

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Sabía el Che que sus días en Cuba estaban contados, y que otros cielos lo esperaban para librar la lucha contra el imperialismo y sus socios locales. Eligió primero El Congo, donde fracasó. A su regreso a Cuba, entregó una carta a Fidel para que la leyese cuando él ya estuviese muerto: “Fidel: Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte, y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera) Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío (…) Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti” (E. Guevara; carta de despedida a Fidel Castro).

También el Che se despedía de sus hijos: “Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto; si alguna vez tienen que leer esta carta será porque yo ya no estaré entre Uds. Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y seguro ha sido leal a sus convicciones. Crezcan como buenos revolucionarios; acuérdense que la Revolución es lo más importante y que cada de uno de nosotros, solo, no vale nada. Sean siempre capaces de sentir en los más hondo, cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario. Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía” (E. Guevara, carta de despedida a sus hijos, marzo /65)

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Siendo ministro de Industrias de la Revolución Cubana abandonó la isla para ir a luchar a Bolivia. Sabía que la jugada era extremadamente peligrosa, pero obstinado hombre de no dejarse vencer por las adversidades, escribió este párrafo, donde sintetiza la razón de su vida: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta algún oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria” (E. Guevara, Mensaje a los Pueblos del mundo, abril de 1967).

La muerte lo sorprendió en la Quebrada de Yuro (Bolivia). Ya su grupo guerrillero venía diezmado. El 8 de octubre lo toman prisionero, y lo trasladan a la escuela de un pueblo llamado La Higuera donde sería fusilado al día siguiente por el Sargento Mario Teherán. Sobre su muerte ha dicho Fidel Castro: “Che no cayó defendiendo otra causa que la cusa de los pobres y de los humildes de esta tierra. Y la forma ejemplar y el desinterés con que defendió esa causa, no osan siquiera discutirlo sus más encarnizados enemigos” (Fidel Castro, 18 de octubre de 1967).

Eduardo Galeano reflexiona acerca de la vigencia de su lucha: “¿Por qué será que el Che, tiene esa peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuando más lo insultan, lo manipulan, lo traicionan, más nace. Es el más nacedor de todos” (E. Galeano, Uruguay, 1980).