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América Indígena Precolombina

Cuando los españoles llegaron a América, que aún no se llamaba así, para iniciar su conquista, el continente no se hallaba despoblado. Por el contrario, contaba con conjuntos aborígenes numerosos, algunos de los cuales habían alcanzado un alto nivel cultural dentro de sus posibilidades y otros con escaso o nulo nivel de progreso.

Dado que no existen fuentes escritas que permitan reconstruir los tiempos precolombinos de estos grupos humanos, los datos que sobre ellos tenemos corresponden a la visión de los conquistadores en un tiempo posterior o se basan en simples conjeturas o interpretaciones de restos. De ahí la diversidad que presentan las diferentes teorías en algunos aspectos. De ahí que existan muy pocas certezas sobre el tema.

¿De dónde fueron originarios? ¿Cuándo llegaron al continente o consolidaron su vida en el mismo?

Aunque para algunos autores, como el gran paleontólogo argentino Florentino Ameghino, se trata de hombres autóctonos, la mayoría de los investigadores del tema le señala un origen extracontinental. En general se habla de migraciones provenientes de Asia o de la Polinesia que llegaron al continente por el estrecho de Bering o cruzando en embarcaciones el océano Pacífico respectivamente. En relación con la fecha en que este movimiento se produjo también se formulan las más diversas hipótesis. Se habla de varios arribos producidos desde veinticinco siglos antes de nuestra era, de diez mil años y hasta de tres o cuatro mil años. Las aseveraciones más recientes, sostienen que la llegada se produjo hace aproximadamente treinta mil años, en la era cuaternaria. Todo resulta impreciso, sólo sabemos que un día, muchos siglos antes de que llegaran los españoles, estos hombres se fijaron en nuestro continente y en él permanecieron hasta identificarse con su paisaje y crear una cultura a veces asombrosa.

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El número de personas existentes a la llegada de los españoles es también variado. Investigaciones realizadas en las últimas décadas, con el objetivo de determinar el impacto de las enfermedades virósicas de transmisión respiratoria en la disminución de la población autóctona americana, sostienen que existían en ese momento ochenta millones de habitantes en México, América Central y del Sur.

Al instalarse en el continente, quedaron sujetos a la naturaleza de cuyos recursos dependieron y según los cuales variaron sus hábitos en la vida diaria y su concepción del mundo. La dureza de las condiciones ambientales constituyeron un verdadero desafío y en este caso puede haberse cumplido la ley histórica que sostiene que prosperan en mayor medida aquellos grupos humanos en que el entorno es menos propicio y exige mayor esfuerzo para alcanzar la subsistencia. El hecho de que las culturas más desarrolladas subsistieron en zonas montañosas, con escasez de tierras fértiles, así lo hace suponer. Diseñaron organizaciones sociales basadas generalmente en la idea de familia cuyos integrantes suponían ser descendientes de un antepasado común. De esa organización social se derivaba un definido sistema político, que a veces fue calificado de imperial, pero que en realidad no lo era.

Puede hablarse de extraordinarios progresos alcanzados por los aztecas en el territorio de México, los mayas asentados en la península de Yucatán, los chibchas situados en la zona de Colombia y los incas en el Perú. En territorio argentino se destacan por la importancia y el nivel cultural alcanzado, los diaguitas en la región del noroeste. Los detalles puntuales de cada una de estas culturas resultan ampliamente conocidos. Nuestro propósito es señalar algunos aspectos descollantes que indican el grado de evolución cultural que exhibían a la llegada de los conquistadores.

Así, por ejemplo, la capital azteca Tenochtitlán llegó a tener trescientos mil habitantes, número más elevado que el de la mayoría de las ciudades españolas de la época Sus edificios públicos y los de la nobleza que se situaban sobre planicies elevadas eran de piedra. Rodeada la ciudad de altas sierras tenía un aspecto sumamente interesante con abundante agua, la potable llegaba a través de un acueducto. Aunque no poseían escritura representaban objetos y jeroglíficos. Inventaron tres calendarios, uno de ellos de trescientos sesenta y cinco días.

Al igual que los mayas, civilización misteriosamente desaparecida antes de la llegada de los españoles, se caracterizaron por la monumentalidad de sus templos en forma de pirámides que aún hoy pueden apreciarse casi en sus formas originales lo que permite vincularlos con la cultura egipcia. En cuanto a arquitectura, los mayas conocieron el arco quebrado de líneas rectas. Los templos, se decoraban con tallas y estucos policromos al punto tal de que la pared está totalmente ocupada con representaciones de un arte que es sorprendente por su realismo y veracidad. Los mayas inventaron una escritura en base a glifos.

Los chibchas construyeron sus viviendas y sus templos con materiales perecederos, por ello son escasas las descripciones existentes, pero se conjetura que eran de forma circular, seguros para afrontar las inclemencias del clima y unidos por calles prolijamente delineadas.

Los incas realizaron sus construcciones en piedra con el sistema de pircas, muro conformado con piedras superpuestas unidas por su propio peso, con tanta precisión, que ni el aire ni el sol se escurrían a través de sus intersticios y desarrollaron un correcto sistema de caminos. Inventaron un sistema de escritura o numeración, los quipus, aplicado a distintos aspectos de la estadística: cereales, hacienda, vestido, armas etc.

Todos estos pueblos desarrollaron refinadas expresiones artísticas en el área de la cerámica, el tallado de piedra, el tejido ,la cestería y hasta de la orfebrería.

Aunque puede criticársele la falta de sentido del valor de la vida humana pues admitían en general los sacrificios humanos, idea vinculada con su concepción religiosa, es preciso reconocer el gran progreso logrado por estos grupos principales de la civilización aborigen americana.

¿Cómo vieron los indígenas a los conquistadores? Al parecer los recibieron con sorpresa y curiosidad no sólo por su condición de blancos, sus vestimentas, barbas y barcos de vela, sino también por la tecnología que sus enseres y armamentos representaban: cuchillos espadas de acero, cañones, arcabuces entre otros objetos desconocidos para ellos.

¿Cómo vieron los españoles a los aborígenes en sus primeros encuentros?. Existen algunos textos que nos lo explican. El propio Colón dice en una de sus cartas a los reyes de España “Son la mejor gente del mundo y sobre todo la más amable, no conocen el mal,... aman a sus vecinos y tienen la manera más dulce de hablar del mundo, siempre riendo...” Vespucio, más tarde, tuvo también expresiones benévolas hacia ellos. La situación cambió con el transcurrir de los años.

La conquista española tuvo consecuencias desastrosas para estas culturas, no solamente en el aspecto material, por la destrucción de gran parte de sus logros, sino también en la disminución del número de su población. Se estima que veinte años después del arribo de los conquistadores, la población había disminuido de ochenta a veinticinco millones, un siglo más tarde sólo quedaban poco más de un millón y medio de aborígenes.

La disminución no fue producida solamente por acciones bélicas. El estudio precedentemente mencionado estima que el noventa y cinco por ciento de dicha merma fue provocado por razones biológicas, al no tener los indígenas las defensas necesarias para rechazar el contagio de enfermedades virósicas transmitidas por vías respiratorias, sumado ello a las miserables condiciones de trabajo y subsistencia a las que fueron sometidos.

A pesar de los problemas que tuvieron Colón y algunos de los conquistadores, el sometimiento casi total se logró en poco más de cincuenta años.