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Hipólito Ruiz
Por: Hipólito Ruiz

El gallito ciego

Los chicos corren en el patio del jardín de campo. Se sienten libres. El olor de la comida preparándose invade el sector donde están las maestras. Hoy se enseñó a los niñitos sobre la solidaridad, el valor de ayudar a los demás. Es la pequeña sala del Jardín de Infantes de la zona norte de esta ciudad.

El establecimiento está rodeado de campos. La mayoría de los padres trabaja en la zona rural, en changas y en la cría de aves y algunos animales para la subsistencia. En el patio de al lado, los más grandes juegan al “gallito ciego”. Y alguno de ellos tendrá que pagar una prenda.

“Lo que ustedes deben aprender es que deben cuidarse a no ser engañados: no sean ciegos como en el juego, el respeto a los padres, a los compañeros, el amor a la escuela, al trabajo, a la comunidad, que nunca se aparte de ustedes, pero que siempre tengan el cuidado que nos lleve a donde no hay retorno”, les dice la maestra con alguna lágrima en los ojos.

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Al campo de batalla

“Jefe, esto es increíble, hay chicos menores de edad presuntamente involucrados en el consumo de estupefacientes”, le comentó un jefe segundo a su titular en un lugar reservado de una de las fuerzas de seguridad que operan en la ciudad.

Se refería a un caso en el cual en un operativo en un barrio de Sáenz Peña pudieron detectar algunas bochitas de droga, y junto a ello varias personas que habrían estado consumiendo. Fue uno de los tantos casos en que se toma intervención en el marco de la aplicación de la Ley de Emergencia en materia de seguridad.

Hay una gran franja de la comunidad de la ciudad termal que está en situación de alto riesgo. Son vulnerables. Y son presas de esas supuestas vías de escape que la pobreza, la falta de expectativas, la promiscuidad, les ofrece.

Queda pendiente un trabajo a fondo en los barrios indígenas de la ciudad, donde el principal ingrediente utilizado sigue siendo el pegamento mezclado con algunos combustibles. La niñez, hay que decirlo, pide a los gritos ayuda.

Efecto multiplicador

Es evidente que aún no hemos tomado real dimensión del drama chaqueño de la niñez. Las crónicas policiales los mencionan con mayor insistencia. Y el trabajo que le toca hacer a la Unidad de Protección Integral es inmenso, y a veces poco reconocido. Cada caso es un complejo panorama diferente entre sí. Un informe reservado habla que en lo que va del año, de cada 10 hechos policiales, al menos 3 involucran a menores de edad.

A cualquier hora se los ve, corriendo, fumando o tomando. En los barrios el paisaje se repite con tanta insistencia que a los vecinos ya les parece “algo normal”.

El drama es que estos chicos serán padres y serán los encargados de formar o educar a sus hijos. Es decir, de la inocencia de jugar a la pelota en la canchita del barrio y llegar cansado a la noche para irse a dormir, han pasado a las noches interminables que solo se terminan cuando el sol les golpea tan fuerte en la cara.

Fortalecer las acciones

Expuesto este verdadero drama, le corresponde al gobierno establecer vínculos con las organizaciones intermedias, tanto como la Escuela y la comunidad integrada en la Iglesia tanto católica como evangélica; la Salud Pública; la Justicia; las fuerzas de Seguridad; el Deporte y los ministerios de Desarrollo Social y de la Producción, a los fines de articular objetivos a corto y mediano plazo.

Es que hay que salir a salvar a la niñez del estado en que se encuentra, que es la puerta sin trabas a cualquier ilícito o aventura peligrosa que se les ocurra incursionar. En la fábula, se cuenta que había una vez un zorro que vivía cerca de un gallinero. Allí, escondido detrás de un grueso palo ideaba un plan para engañar al gallo y comerse un pollo. El zorro invitó al gallo a que juegue a ser gallito ciego. Mientras tanto el zorro aprovechaba que el gallo tenía los ojos vendados, intentaba robarse uno a uno a los pollitos. ¿Se entiende? Ojalá la reacción comience a hacerse sentir antes de que sea demasiado tarde.