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Domingo Faustino Sarmiento

Soldado, escritor, filósofo, periodista, valiente campeón de la libertad y de la democracia, hábil estadista, profundo pensador y apóstol de la educación, no halló espacio suficiente para desarrollar su acción a la par de su pensamiento, a pesar del inmenso escenario de su múltiple actuación.

De inteligencia superior y de actividad extraordinaria, trabaja sin descansar, analiza las cuestiones más arduas del gobierno y del Estado, las simplifica, resuelve y agrega victoriosamente a las conquistas de su constante estudio, de su incesante investigación. 

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Luchador tenaz e infatigable, conspira con ruda e inquebrantable energía contra la ignorancia, que degrada y anula, y contra la tiranía, que humilla y mata. San Martín abrió con su espada los cimientos de las repúblicas sudamericanas, Rivadavia trazó con su genio los grandes lineamientos sobre los cuales debía desarrollarse el progreso nacional; Alberdi señaló con tino patriótico los rumbos y tendió las bases de nuestra constitución política.

Pero Sarmiento, como lo observa el doctor Wilde, con su actividad siempre fecunda, engendró un conjunto más trascendental, más valioso, puesto que no hay institución, reforma ni accidente de la vida democrática que no contenga rasgos de su genial talento y de su incansable energía. 

Pobre y humilde, por su esfuerzo rudo alzó tan alto el luchador su vuelo, que fue gloria, blasón, bandera, escudo bajo la curva de su patrio cielo. Inspira un alto y sin igual respeto su fe sincera y su saber profundo, lo mismo cuando enseña el alfabeto que cuando escribe su genial Facundo. De pie, fuerte y viril, firme y constante nunca pidió cuartel, paz, ni sosiego; nada logra abatir a aquel gigante pecho de bronce y corazón de fuego. Si no hubiera más glorias en su vida, brillará por su acción independiente: que es Sarmiento una antorcha suspendida sobre un siglo, una raza, un continente. Natalio A. Vadell

El hombre que realiza estos portentos se coloca por encima de los juicios humanos, y su apoteosis se abre espontánea entre los resplandores de la gloria. La vida de Sarmiento es una cadena cuyos eslabones comienzan y terminan en el infinito.

Por eso nadie le escribirá y nadie la conocerá con verdadera exactitud. Sarmiento ha sido el genio más grande de nuestra patria y el soldado más heroico de nuestra civilización y progreso. En todas partes intervenían o se sentían su consejo, su opinión, su autoridad y esa voluntad de hierro, decidido a realizarlo todo, a embellecerlo todo, “cual si se sintiera con el deber de dar satisfacción al pueblo, de los largos años que estuvo humillado, ultrajado y ensangrentado bajo el dominio de la tiranía”.

Se ha dicho que Homero fue el más grande de los genios, y Virgilio el mejor de los artistas; pero, en el uno, sólo se admira al hombre y en el otro el trabajo, mientras que en Sarmiento, se admira genio, arte, hombre y trabajo.

Desconocido al principio, perdido como átomo imperceptible en el infinito, apareció de improviso con todo el brillo, con toda la grandeza y esplendor de esos astros errantes que van a través de la luz, del calor y de la fuerza, para renovarlos en el eterno movimiento de los mundos.

Carmelo B. Valdés.

Carmelo B. Valdés: Escritor argentino contemporáneo, especializado en temas históricos. El fragmento es de su libro D.F. Sarmiento. (Ed Candioti, Buenos Aires, 1909).