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Hipólito Ruiz
Por: Hipólito Ruiz

El sembrador

La parábola bíblica podría adaptarse a lo que sucede con nuestros agricultores chaqueños, el clima y la tierra. El sembrador salió a sembrar trigo -dice la referencia-. Mientras sembraba, algunas semillas cayeron en el camino. Poco después vinieron unos pájaros y se las comieron. Otras semillas cayeron en un terreno con muchas piedras y poca tierra. Allí pronto brotaron plantas de trigo, pues la tierra era poco profunda. Pero las plantas no vivieron mucho tiempo porque no tenían buenas raíces, y se quemaron cuando salió el sol.

Otras semillas cayeron entre espinos. Cuando los espinos crecieron, apretaron las espigas de trigo y no las dejaron crecer. Pero otras semillas cayeron en tierra buena y produjeron una cosecha muy buena.

El mercado internacional, las condiciones de los consumidores del sudoeste asiático, el clima, y la incorporación de un paquete tecnológico que permitió pensar en siembras en gran escala, hicieron que -apelando a la parábola- la semilla del sembrador cayera en buena tierra y se produjeran cosechas récord en la Argentina en los últimos años, y en cuyo marco el Chaco jugó en las grandes ligas. 

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De la vieja pick up F-100, don Romildo pasó a una Hilux cuatro por cuatro. Valerio, de Bajo Hondo, de su vieja mochila pulverizadora pasó a tener un “mosquito” fumigador, y Darío, de la zona de Avia Terai, de ser acopiador de algodón pasó a prestar servicio a terceros para lo que se compró una cosechadora, una sembradora directa y un fumigador de gran porte. Muchos recuperaron sus casas en Sáenz Peña, otros se animaron e invirtieron en la construcción de departamentos para alquilar a estudiantes. Y todo porque la semilla cayó en tierra buena.

Unos sí, otros no

Sin embargo, hay quienes sembraron y sus semillas cayeron en terreno con muchas piedras y poca tierra. Las plantas crecieron rápido, pero no vivieron mucho tiempo porque al no tener buenas raíces, se quemaron cuando salió el sol. En este segmento, ubicamos a los medianos productores que no pudieron -por las más diversas razones- acceder a un paquete tecnológico para un mejor aprovechamiento de lo que tiene para producir. Muchos vendieron sus campos, compraron casas en la ciudad y ahora son “exproductores”, algunos desocupados. Unos resisten, casi estoicamente, como esperando que las cosas pasen por sí solas. Otros, como don Miguel Ruta, trata de diversificar pero no le alcanza para comprar máquinas nuevas, le cuesta el doble aplicar siembra directa, y sigue andando en la vieja pick up, ya despintada y chocada atrás.

Pero eso no es todo, hay quienes sembraron en el camino, vinieron los pájaros y se comieron las semillas. Allí ubicaríamos a los pequeños productores, a los minifundistas, a los que siembran una o cinco hectáreas de algodón, pero si no es el picudo que les destruye la esperanza de recolectar, es el clima, o los propios bajos rindes. Y en el mejor de los casos, no le alcanzaría para su propia subsistencia.

¿Quiénes serán los productores del 2020?

El sombrero grande, el cuerpo transpirado, la cara roja por el sol. Daniel, con 61 años de vida, pasa gran parte del día sobre su viejo Fiat tirando el arado que rotura la tierra. Quiere sembrar algo de sorgo forrajero para alimentar a sus 23 vacas.

¿Qué decisión tomará el Estado con este segmento de productores? ¿Intentará el asociativismo entre ellos? ¿Les buscará beneficios sociales o a través de políticas específicas, con programas coordinados entre Nación-Provincia y municipios?

Hay realidades del Chaco interior que no pasan la estación de peaje de Makallé, y por ende, solo son conocidas cuando fenómenos meteorológicos suceden y son noticias por los diarios. No decimos que no se hace nada, porque sería mentiroso. Pero mayor mentira sería ocultar que toda una generación de productores que tal vez por cuestiones de cultura laboral y porque no supo reconvertirse sigue empujando el viejo arado.

¿Quiénes serán los que produzcan la tierra en el Chaco en los próximos años? ¿Qué futuro cercano le espera a don Daniel, y a tantos otros como él, encuadrados en el segmento de pequeños y medianos productores? No pueden adquirir paquetes tecnológicos, las herramientas y máquinas se van rompiendo, y no se las puede renovar. Literalmente, están en un estado de estancamiento tecnológico, cultural y económico.

“Nosotros somos la presa de los grandes depredadores, que están agazapados, esperando el momento para que nos rindamos, y ahí vienen a ofrecer dinero por nuestros campos, y muchos terminarán vendiéndolos”, reflexionó el productor Miguel. ¿Quién sostendrá a los miles de pequeños productores? ¿Los municipios o la Provincia?

Pero, seamos optimistas: vivimos en un Chaco que puede ser rico. Es decir, una provincia potencialmente rica, porque tiene suelos, bosques, ríos, y porque tiene gente con muchas ganas de trabajar. Pero hay que ayudarlos. Hay que sostener a la gallina de los huevos de oro. A los productores marginales, organizarlos -pero en serio- con programas que los contenga para que puedan seguir produciendo con calidad. Y si tienen que dejar de sembrar algodón, que lo hagan, pero para eso tienen que aprender otras alternativas de cultivos. Un solo ejemplo: en todo el departamento Comandante Fernández que tiene como cabecera a Sáenz Peña, solo hay 25 horticultores (exalgodoneros) que abastecen al 3% del mercado local. El resto, o sea, el 97% de la lechuga, la zanahoria y los tomates, entre otras cosas, que consumen los saenzpeñenses, viene de otras provincias.