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Hipólito Ruiz
Por: Hipólito Ruiz

El drama que sigue golpeando

El modo de contener el delito y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente, decía Manuel Belgrano, en un alegato más amplio de lo que implican las relaciones de común vivencia en una sociedad.

Pero cuando se trata de buscar causas que originan el actual drama de las poblaciones del interior, que se ven enfrentadas a hechos de extrema violencia, las cosas se complican aún más.

Entidades intermedias, como Padres en Ruta, que cumplió ocho años de vida, advirtieron que gran parte de estos sucesos ocurren por el alto consumo de alcohol, estupefacientes y fármacos, que al generar “un descontrol” son impulsados a no medir las consecuencias de los actos. 

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Los hechos delictivos y de violencia que involucran a menores tienen a maltraer no solo a la policía, sino también al Juzgado del Menor y la Familia, a la Unidad de Protección Integral -UPI-, a las Fiscalías pero ahonda la preocupación en la sociedad, rehén potencial del ardid de la delincuencia precoz.

A eso se suma un drama que tal vez en algunos casos sea la antesala de este estado de violencia e inseguridad: el problema de las adicciones en los menores de edad. Este es un tema que sigue generando preocupación en la sociedad, sobre todo porque cada vez son más pequeños los casos que se detectan. Y en este sentido, el Servicio Integral Amigable para Adolescentes (Siapa) registra casos de adicciones en chicos de 11 y 12 años.

El viernes último, una madre pidió contención judicial y policial para proteger a sus 8 hijos de los ataques con tumbera de otro de sus progenitores: “consume sustancias tóxicas”, dijo. Y la UPI, que lleva centenares de casos de las más diversas índoles, tendrá que intervenir por disposición del fiscal en turno.

Alto consumo de alcohol

El alcohol, en muchos casos mezclado con fármacos, golpea a nuestros jóvenes. Según los médicos que consultamos, mezclan “para ver si pega”. Pero los facultativos advierten que algunos que hacen ese cóctel pueden terminar con daños neurológicos irreversibles. Y que en el menos grave de los casos, sufren mareos o desmayos.

“La mayoría de los que vienen los fines de semana es por accidentes o peleas, no tanto por enfermedad, y lo que hay que tener en cuenta es que eso es producto del consumo de alcohol que hace que se incrementen los accidentes de tránsito y peleas durante esos días”, admiten los médicos del hospital local.

Efecto multiplicador

Lo que nos pasa, y lo que se hace, es atacar las consecuencias. Las causas siguen en mora. El Estado ha demostrado ser deficiente y la sociedad no mide las consecuencias que este estado de cosas traerá en el futuro inmediato. Esa franja de jóvenes que caen presos, roban, se pierden en el alcohol, son los futuros padres de niños que vivirán en iguales condiciones.

Se han perdido los valores, se ha perdido la familia, que es la unidad primera y básica de una sociedad. Entonces, no hay códigos. Pero no podemos luchar porque la juventud no se pierda si nosotros estamos perdidos en las discusiones estériles, en las disputas políticas y muy ajenos a las prácticas del respeto y la valoración de las personas humanas.

La pérdida de incentivos, originada por la inequidad, la injusticia de ver que hay algunos que sin el menor esfuerzo logran acumular dinero para vivir mejor que el que trabaja y hace las cosas correctamente, juegan muy fuerte en los jóvenes.

Y va rompiendo en los jóvenes valores muy fuertes como la sana ambición de luchar a costa de esfuerzo y trabajo por un futuro mejor.

En la opinión de la doctora Mustafá, son múltiples los factores que influyen en el comportamiento de los adolescentes. En la mayoría de los casos que atienden diariamente en el Siapa de Sáenz Peña, los chicos que delinquen consumen drogas, son violentos o intentan suicidarse, tienen padres con antecedentes. Entre las cuestiones que generan conflicto en la conducta adolescente se encuentran padres ausentes y familias ensambladas.

En el último año y según el informe de la policía de Sáenz Peña, sucedió una serie de casos que involucran a adolescentes. Desde robos, consumo de drogas y homicidios que envuelven a la juventud en una problemática que debería encender una alarma acerca de qué es lo que ocurre con los jóvenes.

Ya no hay dónde detenerlos

Hay un gran problema estructural en cuanto a los lugares para alojar detenidos por diferentes causas, aunque debe admitirse que la cárcel o la prisión no resuelve los problemas de inseguridad y corrige a quien delinque, salvo honrosas excepciones.

Las fiscalías de la segunda circunscripción judicial tienen centenares de causas sobre delitos de todo tipo. Y el sistema —afirman algunos observadores— solo soporta el diligenciamiento, prisión o detención de un techo de 400 causas. ¿Y el resto? ¿Quién pagará los platos rotos por la ausencia de trámites judiciales de estas características? ¿Y si se tratan de casos que al fin y al cabo pueden ser un potencial de peligrosidad para la sociedad que quiere trabajar, vivir en paz y que nadie, impunemente, ponga en riesgo sus bienes que tanto le consiguió conseguir ni mucho menos la vida misma?

Aumento del consumo

Semanas atrás, la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) presentó el Estudio de Consumo de Sustancias en población de 12 a 65 años, que contiene datos de todo el país. El uso de sustancias ilegales se duplicó entre 2010 y 2017.

El porcentaje de gente que consumió alguna droga ilícita en el último año (sin contemplar a la marihuana) pasó de 1,1% en 2010 al 2,1% en 2017. El cannabis es, por lejos, la sustancia más usada en Argentina: el número de encuestados que admitió haberla fumado al menos una vez en el último mes pasó de 2,3% a 5,4% entre 2010 y 2017. Entre los adolescentes (12 a 17 años), la suba fue del 1,3% a 2,7%.