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Proceso por lesa humanidad en la última dictadura

Elevaron a juicio la causa de Carlos Píccoli, dirigente de las Ligas Agrarias

SAENZ PEÑA (Agencia) – El abogado Mario Píccoli, hermano de Carlos Servando, el dirigente de Ligas Agrarias asesinado durante la última dictadura militar, aseguró a NORTE que “ha llegado el momento que hemos esperado por décadas” y valoró que “a pesar de los años transcurridos la investigación haya llegado a la instancia de haber sido elevada a juicio, con los contratiempos que el paso de los años ha generado para poder reconstruir esa historia, se pueda saber lo realmente ocurrido y los responsables sean juzgados”. Recordemos recientemente la causa fue elevada a juicio por la jueza federal Zunilda Niremperger.

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Carlos Servando Píccoli, el dirigente de Ligas Agrarias asesinado durante la última dictadura. La causa por su crimen fue elevada a juicio.

Carlos Servando Píccoli fue asesinado la noche del 21 para el 22 de abril de 1979 y la familia relata que “lo engañaron, los militares le dijeron a Carlos Servando que mi madre estaba enferma: él venía en bicicleta por un caminito vecinal y allí lo ejecutaron por la espalda”.

De aquella trágica noche han pasado ya 38 años, sin dudas demasiado tiempo para armar el rompecabezas en una causa judicial, por ello Píccoli destaca “el trabajo realizado por la justicia federal de Chaco para avanzar en la compleja causa conocida como Ligas Agrarias” por la cual se investigan la muerte y desaparición de dirigentes de esa entidad ocurridas en tiempos de la dictadura.

“La verdad que la tarea realizada por la justicia federal ha sido más que destacable, con todos los inconvenientes que el paso del tiempo acarrea, armar prácticamente un rompecabezas, con testigos que ya no existen, a los que quedaron aún les quedó el temor de aquella época y ha sido una tarea difícil poder lograr que hagan su aporte, así que ha sido un trabajo paciente, que en el caso de mi hermano ha permitido llegar a esta instancia de elevación a juicio, con lo que hemos dado un paso más hacia la verdad y la recta final para hacer justicia”.

Según testimonios se probó que en el patio de la comisaria seccional primera de la ciudad de Sáenz Peña en la madrugada y en los días subsiguientes a la muerte de mi hermano, se escucharon los comentarios que hacían distintos policías: “Carlos Píccoli fue asesinado la noche del 21 al 22 de abril de 1979 por los agentes Carlos Chávez y Alcides Roberto Sanferraiter”, que integraban la brigada de Investigaciones Nº 2 con sede en la Seccional Primera de Policía de Sáenz Peña. En este operativo participaron más de 500 efectivos del ejército y la policía provincial.

Persecución permanente

Por aquella época, la de muerte de su hermano, Mario era un adolescente y recuerda que durante esos años de persecución “en forma casi cotidiana llegaba la policía o integrantes del ejército a la casa en el campo”, ubicado en Pampa Alegría, a 15 Km al Norte de la ciudad.

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Mario Píccoli, hermano de Carlos Servando, sostuvo que “este momento es el esperado durante mucho tiempo, significa un paso más en la búsqueda de la verdad y justicia”.

“Revisaban toda la casa, creaban un caos” rememora agregando “esto era en cualquier horario del día o la noche. Hicieron quemar fotos y elementos que sean de Carlos, nunca encontraban nada pero teníamos siempre miedo que nos pusieran algo”.

Ocurre que “se sabía que en la casa de numerosos productores vinculados a las ligas agrarias colocaron en bolsas de sorgo granadas o armas de fuego que después ellos mismos descubrían”.

Helicópteros en el patio

Siguiendo con el relato de aquellos años oscuros, Píccoli rememora como “particularmente aterrador” cuando “en el patio de la casa aterrizaba el helicóptero y descendían los militares con armas largas”.

“Siempre tenían una actitud amenazantes y burlona”, agrega explicando que “eso nos daba pánico y nos generaba una actitud de indefensión”.

“Yo en ese momento tenía 14 años y era el responsable, delegado por la familia de cuidar a mi madre” dice recordando que “era frecuente que estemos los dos solos en el campo y cada vez que se producía esta situación no sabíamos si íbamos a salir con vida”, reflexiona ante NORTE.

Amedrentamiento a la familia

Por ejemplo, “nos apuntaban con armas de fuego o algún militar se encerraba con ella –por la madre- en la pieza, presionándola en un continuo interrogatorio que podía durar toda la noche o el día”.

“Buscaban sacarle información de Carlos, que ella no tenía. Indagaban si sabía dónde estaba; cuándo iba a venir; si recibió mensajes”, agrega.

Cuando las “visitan” se daban en noches de invierno “uno de ellos sentado en la mesa de la cocina frente a mí me exigía cebarle mates. El modo de enseñar y exigir que los mates sean todos de la misma temperatura, sabor y espumante, según su gusto, era apuntándome a la cabeza con una pistola 9 milímetros montando y desmontando la pistola. Yo no sabía si estaba cargada”, asegura.

Por otra parte el recuerdo de esas “invasiones llevan a la memoria que “a mi padre lo llevaban a un galpón en el patio de la casa y lo sometían al mismo interrogatorio. Le decían que había amenazas de los compañeros de Carlos sobre la familia, cosa que nunca existió”.

La familia se separó

Cuenta Píccoli que a raíz de esta situación de presión ejercida por el accionar de los militares llevó a que “mi papá deje de hablar, de salir de estar con los amigos y la familia poco a poco se fue disgregando”.

“Los amigos y parientes se fueron retirando porque tenían miedo de lo que les pudiera pasar” refleja para dejar en claro el estado de sometimiento que conllevaba la actitud y el daño que se producía en las personas con ese accionar.

El corolario de todo esto fue que “de ser una familia numerosa y unida derivó en la soledad, en la difamación en el algo habrán hecho y un increíble espíritu de incomprensión”.

El intenso operativo de inteligencia que se realizaba sobre la familia por esos años terminó con el suicidio de mi padre Luis Pًíccoli el 11 de marzo de 1977.

La noche de la muerte

SAENZ PEÑA (Agencia) - “El 21 de abril mi madre estaba en casa de su hija, y fue el día que asesinaron a Carlos en la Colonia Pampa Alegría, cuando se supone que él se dirigía a verla a mamá porque ella estaba muy grave según los dichos de los militares, cosa que no era verdad”, comentó a NORTE Mario Picoli.

“Carlos venía esa noche en bicicleta hacia la casa de mi madre, los dos agentes que estaban esa noche de guardia, Chávez y Safenraiter en un camino vecinal lo acorralaron y lo mataron”.

“Era de madrugada,  ellos le dispararon a quemarropa por la espalda. Tres tiros, pateándolo y golpeándolo sin piedad, y lo dejaron abandonado en medio de una agonía. Luego regresaron y tiraron su cuerpo agonizante en la parte de atrás de una camioneta policial, llevándolo a la comisaría de Sáenz Peña”, contó.

Según el comentario de testigos habría fallecido a la altura de la ciudad de Quitilipi, cuando era trasladado en una ambulancia a Resistencia. “Durante el velatorio hubo una gran cantidad de efectivos militares y policiales que merodeaban la zona”, comentó.