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La hipertensión arterial, una enfermedad silenciosa

Un estudio epidemiológico realizado por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial en centros de salud públicos y privados de los principales centros urbanos del país reveló que uno de cada cuatro argentinos que son hipertensos no sabe que padece esta enfermedad que se caracteriza por ser silenciosa, pero también por ser el primer factor de riesgo que predispone a un infarto de miocardio y a un accidente cerebrovascular.

A partir de este relevamiento, se supo que en el país la hipertensión afecta al 36,3 por ciento de la población, pero por falta de una adecuada información sobre la enfermedad muchas personas no saben que la padecen. Para dar una respuesta a este problema, la Sociedad Argentina de Hipertensión y la Sociedad Internacional de Hipertensión lanzaron una campaña para crear conciencia sobre la importancia de adoptar medidas que permitan reducir los riesgos de sufrir este mal.

La hipertensión arterial es el aumento de la presión arterial de forma crónica. Por lo general, las personas que lo padecen (y que no se controlan) no se enteran del problema porque es una enfermedad que no presenta síntomas durante mucho tiempo, pero si no es tratada convenientemente puede actuar como disparador de otras complicaciones más graves como un infarto de miocardio, una hemorragia o trombosis cerebral. La buena noticia es que todo esto se puede evitar si se realizan los controles médicos periódicos, que es la única manera de detectarla en forma temprana. Algunos pacientes, por ejemplo, pueden tener la presión arterial elevada durante muchos años sin saberlo, de ahí la importancia de realizarse un control en forma periódica. Los profesionales de la salud explican que las primeras consecuencias de la hipertensión se manifiestan sobre las arterias, que sufren un endurecimiento a medida que soportan la presión arterial alta de forma continua, se hacen más gruesas y puede verse dificultado al paso de sangre a su través. Es lo que se conoce con el nombre de arterosclerosis.

A través de distintos estudios los investigadores de esta enfermedad llegaron a la conclusión de que está relacionada con una serie de factores que están presentes en la mayoría de las personas que la sufren: la sensibilidad al sodio, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol y un estilo de vida muy sedentario. Si bien la presión arterial es variable, para ser considerada dentro de los parámetros aceptables que no pongan en riesgo la salud debe ubicarse por debajo de los 140 mmHg para la presión sistólica o máxima y 90 mmHg. La hipertensión no puede curarse en la mayoría de los casos, pero pueden minimizarse los riesgos si se realizan los controles médicos correspondientes. Si se la detecta, el paciente debe seguir un tratamiento regular de por vida para bajar la presión y mantenerla estable. Cabe aclarar que los fármacos que recetan los médicos son sólo parte del tratamiento de la hipertensión, por eso es de vital importancia que la persona adopte hábitos saludables evitando el consumo de tabaco y alcohol, y en lo posible complementando esas medidas con actividad física regular y una alimentación saludable que implica la reducción del consumo de sal. El Ministerio de Salud de la Nación aconseja a los pacientes con hipertensión evitar el consumo de alimentos con alto contenido en sodio, como fiambres, embutidos, aderezos y quesos, entre otros; además de moderar el tamaño de las porciones de los alimentos que se ingieren, de modo tal de evitar el sobrepeso. Se recomienda, además, cocinar sin agregar sal, para lo cual se sugiere reemplazarla con condimentos como perejil, albahaca, tomillo y romero, entre otros. También ayuda a reducir los riesgos realizar todos los días al menos media hora de actividad física y el consumo de alimentos ricos en potasio, como legumbres, frutas y verduras.

Debe tenerse en cuenta que la hipertensión arterial puede no parecer muy peligrosa, pero está comprobado que está en el origen de muchas enfermedades cardiovasculares, y puede derivar en complicaciones más graves como infartos o hemorragias cerebrales si no se controla en forma adecuada.