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Claudia Araujo
Por: Claudia Araujo

Emaús, una comunidad que revaloriza el concepto de lucha

Trabajo, comunidad, servicio, acogida y lucha son las palabras que Rodolfo Martínez elige para definir la obra de Emaús, fundada desde 1984 en la provincia. Él es uno de los 18 voluntarios locales de un movimiento mundial que reúne a 400 grupos en cuatro continentes: América, Asia, África y Europa.

Fotos: Hugo Escobar y Fabián Maldonado 

“Es un lugar que propicia el encuentro, porque conocer al otro enriquece”, invita. En los papeles son asociaciones civiles sin fines de lucro sin embargo para los integrantes es pertenecer a una comunidad de vida y de trabajo. En contacto con personas en situación de calle que ellos prefieren llamar ‘alegres compañeros de la noche’ reciclan material de descarte, distribuyen raciones de alimento y promueven una economía social solidaria.

“Obramos donde el gobierno no está, no cooptamos a nadie, sino que alentamos a organizarse y ser libres; queremos gente loca y libre, que diga lo que se siente en el corazón y que lo transforme en acción”, -define-“A la bronca hay que convertirla en acción para transformar la realidad”. Con una mirada amplia e inclusiva la comunidad defiende un principio cristiano: que todas las personas tengan una segunda oportunidad. Por eso se remarca: “Equivocarse es parte de la vida, hay personas fabulosas que necesitan un medio para desarrollarse y todos tenemos la capacidad de acoger y ayudar sin juzgar”.

Alimento y acogida

Rodolfo compara el presente con la década del 60 cuando se defendía la teoría del derrame económico, que generaría bienestar para todos y sin embargo no se dio: “Ahora se dice lo mismo, se alientan esperanzas pero con otras palabras; el Indec dice que tenemos más indigentes y pobres, es una situación escandalosa”.

Menciona los más de 200 barrios y 140 asentamientos de Resistencia en los que vive una parte de la población sin cloacas, ni agua de red, en condiciones indignas para cualquier ser humano. A una parte de esa realidad la casa de Fortín Los Pozos 845 ofrece alimento. Personas que viven en situación de calle acceden a un plato de comida gracias a las donaciones de particulares y empresas.

La ayuda alcanza a satisfacer otras necesidades de familias del barrio en ejercicio de la reciprocidad, “una capacidad que solíamos tener como provincianos, sin un individualismo destructor”, apunta el fundador local.

Generadores de sus propios recursos

Los hogares Emaús prescinden de los subsidios gubernamentales, sea nacional, provincial o municipal. Se sostienen con los recursos que ellos mismos producen, venden (ropa, dulces artesanales, por ejemplo) o recuperan de donaciones. “Las acciones dependen de nuestro trabajo”, defienden. Este mes invitan a quienes puedan contribuir a incrementar el bazar: “A veces en la casa hay cosas sin uso como vasos, platos, cubiertos, tazas, ollas, accesorios y juguetes”, ejemplifica Isabel Aquino, una de las voluntarias. Un emprendimiento que se analiza es intervenir frascos o envases de vidrio. El bazar abre los miércoles de 17 a 19 y genera un espacio que busca propiciar un encuentro entre las personas que van, la mayoría mujeres. “Algunas solamente vienen a compartir, a veces alguien trae una torta y os sentamos a charlar”, comenta. En el mismo sitio la atención de concentra los martes de 16.30 a 19.

 Rodolfo interviene para señalar la visión de género presente en las acciones de la comunidad. “Lo importante es complementarse y no competir. Por más que se avanzó la mujer sigue siendo invisible y no se le da la importancia que tiene. Son el 51% del país, lo que significa que en la misma proporción participan de su construcción”.

Recepcionista de locos

Contra las categorías sociales que estigmatizan Rodolfo cita a un amigo, Paulo, que aconsejaba: ‘nadie enseña a nadie, todos aprendemos en comunidad’. El símbolo del frente del local lo pintó una chica de 18 años, es la mano paloma que reúne dos símbolos: el trabajo pacífico y la vida enriquecida en una diversidad de colores.

Así menciona la elección de una profesión diferente a la que pretendían los padres de una persona para señalar coincidencias en el sentido de la comunidad Emaús: “El trabajo social se asemeja eso; hay jóvenes que se relacionan de una manera que sus padres no comprenden; además cada generación tiene sus códigos y formas. Desde mi perspectiva sería bueno que las personas tengan la capacidad de comprender y si no, alentar a hacer lo que a un joven le gusta y a hacerlo bien”.

 

Rodolfo fue periodista de NORTE de la sección de Policiales, en los tiempos en que el diario funcionaba por Yrigoyen. También fue corresponsal de guerra para el diario El Mundo y además trabajó en el Banco del Chaco. Hablar con él es repasar citas y visiones de filósofos, pensadores, líderes mundiales. El espacio de Villa Libertad es literalmente su casa, la diseñó su amigo el arquitecto Cayo Andrade, a quien recuerda con profundo respeto. “Todos los días digo: Señor mandame locos, no quiero cuerdos; porque para estar en Emaús hay que ser loco, es una opción de vida”, sonríe.

Las luchas

“En un espacio psicosocial negado por la sociedad, por la familia o una empresa, un niño, joven, adulto o anciano puede construir sus propias formas de organización, ejercer el compañerismo y la solidaridad con libertad y creatividad, para participar en las luchas por una sociedad más humana”, es la aspiración de las comunidades Emaús.

Consciente de que lucha es una palabra que puede sonar fuerte en un país con una historia de dictaduras militares en la que murieron tantas personas valiosas, Rodolfo sostiene que su batalla es contra las causas estructurales de la pobreza. “En este momento no vemos que se esté luchando contra las causas estructurales porque a la renta financiera no se la toca, como tampoco se la tocó antes”, desliza.

Un plazo

La Asamblea Mundial Jesolo Italia definió en 2016 líneas de lucha para las comunidades Emaús en un plazo de cuatro años.

1) Luchar por una economía que realmente garantice el acceso a los derechos fundamentales

2) Poner en práctica la justicia social y ambiental para crear un mundo que ofrezca un lugar a cada persona incluyendo a los más pobres y me respete el medio ambiente

3) Construir un mundo sostenible para las generaciones futuras un mundo pacífico y abierto que ofrezca libertad de circulación a todas las personas basado en la ciudadanía universal y el respeto al ambiente

4) Dar prioridad a los más débiles

5) Promover la democracia y la defensa de la diversidad

6) Educar y concienciar

Recuperadores ambientales

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Las casas Emaús pretenden ser un espacio de vida, agradable y sanador: de ayuda a los pobres, no con la limosna de los ricos, sino con el trabajo de ellos mismos.

El movimiento fundado en Francia por el sacerdote Abbé Pierre tuvo dos puntos de partida. En 1947, con la reconstrucción de una casa de las afueras de París para albergar a jóvenes, como símbolo de esperanza renovada.

Un segundo comienzo se dio en 1949, con la incorporación de Georges Legay (que había intentado suicidarse) y se dedicó a construir alojamientos para familias sin techo.

“Todo tiene que ver con la acogida, que el otro se sienta recibido, de recibir bien al que llega, sin hacer diferencias de ninguna naturaleza”, apunta Rodolfo. Aunque Emaús fue creado por un sacerdote católico desde su origen se plantea como un movimiento que acoge a personas de todas las nacionalidades y sin distinción política o religiosa.

En sus comienzos, la casa francesa Emaús se financiaba con el sueldo de Abbé Pierre, pero a partir de 1951 cuando comenzó a mendigar los demás miembros del grupo propusieron que todos se dediquen a buscar en la basura, para recuperar y vender todo aquello que sirva. “Somos recuperadores ambientales porque trabajamos la basura”, se presentan.

Con las donaciones de envases plásticos, botellas de vidrio, cartón, y todo lo que se pueda reciclar reorganizan usos y fuentes de ingreso. Los archivos en los que guardan sus registros, por ejemplo, pertenecen a la Bancaria, que cuando se mudó a un local mejor y renovó mobiliario se los dejó.