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Salomón Krapivka y Martín Cortés dos hombres comprometidos con su comunidad y el desarrollo regional

El 6 de agosto, Día de la Enseñanza Agropecuaria, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) distinguirá al doctor en Ciencias Veterinarias Salomón Krapivka y al ingeniero agrónomo Martín Cortés. Los dos son profesionales de destacada trayectoria dedicados a la sanidad animal y vegetal, su comunidad y el desarrollo productivo del Chaco y la región.

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Los dos están radicados en General José de San Martín y recibirán un premio por su contribución a la preservación y mejora del estatus fitozoosanitario provincial y de la región.

Además por “trabajar al servicio de su comunidad y por ser parte de instituciones que impulsaron el crecimiento de El Zapallar”, marcó Enrique Orban, director del Centro Regional Chaco Formosa del Senasa.

Cinco materias en dos días

Haber nacido en 1942 en La Capilla, cuna del cooperativismo entrerriano, marcó la vida de Salomón Leonardo Krapivka. En la colonia Barón Hirsch entendió que vivir en comunidad es interesarse por ‘el otro’ y comprometerse con las causas colectivas. Tuvo una infancia y una adolescencia cargadas de responsabilidades. No había tiempo para los juegos, sus horas se repartían entre estudiar y trabajar en el campo con su padre, Don Simón. Ahí aprendió entre otras cosas, a arar y sembrar con caballos y arrear a pie la hacienda. En 1962 subió a un tren del Ferrocarril General Urquiza y llegó una noche de carnaval a Corrientes donde pasaría los próximos cinco años estudiando Ciencias Veterinarias en la UNNE. Cargaba una valija repleta de ilusiones y la condición de su padre de terminar a término porque la situación económica familiar era comprometida.

En el último tramo de sus estudios Salomón tuvo un gran desafío. En 1967, cuando le quedaban cinco exámenes finales se enteró que en una misma fecha debía rendir dos materias y dos días después las tres restantes. Como se inscribió, corrió rápido la voz entre profesores y alumnos que un estudiante iba a intentar la proeza. Recibió varias advertencias de académicos para no presentarse. Algunos profesores lo tomaban como una burla, pero él creía que podía hacerlo. El 30 de noviembre, luego de haber aprobado dos materias con un promedio de 9, rindió Patología Comparada y Salud Pública, Clínica de grandes animales y Clínica de pequeños animales. Sus calificaciones fueron 10, 7 y 9, respectivamente. El 3 de abril de 1968 aprobó la práctica y a cinco años de haber ingresado se recibió. El entrerriano se convirtió en leyenda y en los pasillos de Veterinaria suele escucharse que los alumnos dicen “qué te hacés el Krapivka” o “estás krapivkiando”, en alusión a seguir estudiando cuando los compañeros de grupo se van.

Un hombre afortunado

El mismo año abrió una veterinaria en San Martín y más adelante trabajó como profesor de Biología, Física y Química en los secundarios Esteban Echeverría, Comercio y Técnica N° 1. También trabajó como perito del Banco Nación de 1968 a 1980 y fue uno de los impulsores de la creación de Bromatología municipal, área en la que años más tarde fue inspector.

En la gran inundación de 1982 con otros pobladores organizó el ingreso y distribución de comida para unas 4.000 personas albergadas y en varias oportunidades acompañó gestiones para que se repavimenten las rutas 90 y 3. Krapivka tuvo una destacada contribución en varias instituciones: Cámara de Comercio, Sociedad Rural y el Hogar de Ancianos Cristo Rey, y se desempeñó como secretario de la Producción Primaria en Fechaco por tres periodos. También fue delegado de la Confederación de Comercio e Industria y presidió grupos en Cambio Rural, del INTA en Colonia Benítez y El Colorado (Formosa).

Salomón reconoce que pudo realizar un trabajo comunitario gracias al respaldo de su familia: su esposa Susana Dubcovsky e hijos Simón (también veterinario) y Adriana, más la nuera Mariela (a la que considera una hija más) y nietas Dalid y Sirel. La última de 9 meses a quien pasea varias horas en cochecito. “Sin el acompañamiento de mi familia no hubiera podido emprender ninguna actividad”, aclara.

Para quienes eligieron la profesión veterinaria aconseja que en el lugar donde les toque trabajar, no se olviden de su comunidad y que una buena manera de contribuir es en instituciones intermedias con cargos no rentables. “A los profesionales les diría que no sean tan mercantilistas. Un día mi hijo me preguntó por qué era de clase media si podría haber tenido más plata. Le respondí que seguramente a los otros no les dicen chau profe o agradecen algunos gestos. Así se compone la mayor fortuna que tengo”, resume.

Junto al algodón

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En 1973 Francisco Martín Cortés obtuvo el título de Magíster en Extensión Rural, en el INTA Castelar de la provincia de Buenos Aires.

Francisco Martín Cortés nació en Corrientes en 1932 y estudió Ingeniería Agronómica en la UNNE. En 1958 ingresó en la dependencia del INTA El Colorado y en 1962 lo nombraron jefe de agencia de la estación experimental en San Martín. Por aquellos tiempos, la mayoría de las reuniones de las instituciones se organizaban en el Instituto, espacio que desde su conformación acompañó y asesoró a los productores.

Cortés impulsó la creación de la Sociedad Rural local, cediéndoles un espacio para las reuniones en los primeros meses de funcionamiento. Llegaban cartas, notas y ahí tenían sus archivos, comenta Roberto Haedo, secretario administrativo que trabajó en la experimental. Como extensionista, el ingeniero estuvo a cargo de ensayos demostrativos de cultivos de algodón, papa y trigo. Su tarea consistía en visitar una vez por semana los lotes, aplicar productos fitosanitarios para control de plagas y enfermedades y evaluar cambios.

En 1965 gestionó la introducción de una variedad de semilla de algodón que aumentó los rindes productivos de 600 kilogramos por hectárea a 1.200. La variedad FO4, sustituyó a la Delta Pine- 15 y produjo un boom agrícola en el departamento.

Entre sus actividades más relevantes se destaca su gestión para que haya agua corriente y cloacas en la ciudad. En los 60 también participó en la creación de la Asociación de Productores Semillas Selectas de San Martín, cuando fiscalizaba la calidad de la fibra que iba a Presidencia Roque Sáenz Peña. Como presidente de la comisión de emergencia de catástrofes naturales, acompañó a los damnificados por el tornado que en octubre de 1965 arrasó San Martín. En escasos 15 minutos el fenómeno dejó un saldo de tres muertos y 40 heridos. “Las calles quedaron sembradas de trozos de ventanas, puertas, vidrios, árboles caídos, chapas y de otros elementos. Cortés trabajó junto al gobierno provincial para relevar daños en materia agropecuaria.