Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/154694

Las estaciones de servicio sufren la caída del consumo

Las pequeñas y medianas empresas expendedoras de combustibles vienen soportando la fuerte retracción del consumo impulsada por la política económica nacional. Ni siquiera los aumentos de las naftas y el gasoil del último año, que sumaron un aumento acumulado de más del 50 por ciento, dieron respiro a un sector que tiene dificultades para mejorar su rentabilidad por el alto componente impositivo de los combustibles que les deja un escaso margen.

Es que en este rubro, la posibilidad de recuperar la rentabilidad frente al aumento de los costos a partir del aumento de los precios del principal producto que vende es prácticamente nula, debido a que buena parte de lo que los consumidores pagan por un litro de combustible se va en impuestos. En ese sentido, los responsables de estas pymes observan que con último incremento de precios, que llevó el litro de nafta a casi 20 pesos, la Argentina se convirtió en el segundo país con los combustibles más caros de la región, sólo superado por Uruguay. Si se compara con los precios que se pagan en Brasil y Chile, los precios tienen cierta similitud, pero si la comparación es con Paraguay, en Argentina se paga casi 20 centavos de dólar más.

Lo que no se entiende bien es por qué en el país sube el valor de este insumo vital para el transporte y otros sectores claves de la economía, cuando en el resto del planeta cae el precio del barril de crudo. En efecto mientras en el último año y medio los combustibles se incrementaron 51 por ciento para los bolsillos argentinos, el barril de petróleo en el mundo se abarató un 29 por ciento.

Si bien el esquema de precios durante los años que gobernó el país el kirchnerismo estuvo controlado por la Secretaría de Comercio de la Nación que estuvo en manos del polémico Guillermo Moreno, muchos sostienen que mientras en ese período los valores se mantuvieron congelados, a partir de la asunción del nuevo gobierno nacional en diciembre de 2015 y con la llegada del ex CEO de Shell y actual accionista de esa petrolera, Juan José Aranguren, al Ministerio de Energía, se puso en práctica una nueva fórmula para calcular lo que se paga el litro en surtidor, que combina el precio internacional del petróleo, el de los biocombustibles y el tipo de cambio y que dio como resultado la paradoja que en la Argentina suba el precio cuando en el mundo baja el valor del barril de crudo.

Ese ajuste de precios, que está en sintonía con la política de restricción del consumo interno, hizo caer bruscamente la demanda. La Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos advirtiió que durante el primer trimestre del año la venta descendió en promedio un 1,5 por ciento; lo que se tradujo en una brusca caída de la facturación de casi 640 millones de pesos. Según la entidad, el mayor impacto lo sufrió el gasoil común o grado 2 que cayó un 12 por ciento, mientras que subía el consumo en el sector de las naftas premium. Desde la Federación de Expendedores de Combustibles, en tanto, se alertó sobre la difícil situación que atraviesan las estaciones de servicio de todo el país que a duras penas llevan sobre sus espaldas el peso de un 70 por ciento de impuestos en la venta al público, con lo cual les queda un 30 por ciento con el que se debe afrontar el pago a las petroleras, el transporte y la logística y salarios a empleados, de manera que queda solo un margen de 3 por ciento. Distintas entidades que agrupan a estas empresas coinciden en señalar que cada vez que hay un incremento de precios en los surtidores, los clientes retraen su demanda en un 9 por ciento promedio, de acuerdo al tamaño de la empresa expendedora y de la zona del país donde opera, lo que confirma que estas pymes se convirtieron en los últimos años en el eslabón más frágil de la cadena del mercado de hidrocarburos.