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Eduardo LópezPor: Eduardo López
La página del lunes

Mala semilla

Una de las preocupaciones fundamentales para el agricultor es la semilla que va usar en sus siembras. Debe ser la mejor para que el resultado sea satisfactorio, “treinta, sesenta, y hasta ciento por ciento” como ya lo dice la Biblia. Esto se repite en todos los ámbitos, con el entrenamiento en el deporte; con el estudio y su profundización en una carrera universitaria; con el ejercicio y la práctica en cualquier empleo.

Y esto pasa también y sobre todo en la política, la más humana de las actividades. Sus frutos se conocen por el tipo de semilla empleada en la siembra. Y si siempre se dice que “por sus frutos los conoceréis” debemos concluir que en los últimos treinta y cuatro años -desde el regreso de la democracia- los argentinos estamos usando muy mala semilla para tener la situación que hoy vivimos. De esa muy mala situación en casi todos los ámbitos son los máximos responsables los políticos, pero no son los únicos. También lo son, como lo vemos todos los días, los funcionarios de la Justicia, los legisladores, las fuerzas de seguridad y cada uno de los ciudadanos que no es responsable en el ejercicio cívico, ejercicio que no puede reducirse a poner el voto en la urna.

En esto último tienen responsabilidad los partidos políticos, que en muchos casos solo existen para los actos eleccionarios y que no desarrollan otra actividad más allá de lo que a ellos se refiere, en vez de programar una acción continua que tienda a suscitar vocaciones en beneficio del bien común. Eso, si hablamos de los partidos mayoritarios y ni qué decir de una multitud de sellos, partiditos sin destino, verdaderas minipymes de la política, que vegetan para alimentarse de los beneficios de la ley electoral.

Calidad pésima

Lo cierto es que la calidad de la semilla que se ha sembrado es pésima, porque luego de casi tres décadas y media todos los índices han decaído a límites alarmantes como lo son la indigencia, la pobreza, el poder de compra, el costo de la canasta familiar, el acceso a la medicina, el precio de los medicamentos, los índices de maternidad adolescente, de desarrollo. El fracaso de la política es tan evidente que hoy se debería poner a expertos a estudiar cómo encarar un programa de emergencia que revierta esta situación que parece no tener horizontes y que cada vez nos va dejando más a los argentinos sin ese discurso de que “tenemos todos los recursos naturales y humanos para ser un gran país, uno de los mejores del mundo”, mientras por el contrario ocupamos los primeros lugares de la corrupción, del delito, de la drogadicción.

En estos tiempos de campaña electoral -el domingo elegiremos 16 diputados provinciales- funcionarios y candidatos no cesan de hablar y decir obviedades en todos los ámbitos, con la ventaja de que los que están en el gobierno inauguran obras, o partes de ellas, algunas no tan necesarias. Siempre con una sonrisa a flor de labios, que muchas veces uno no sabe a qué se debe, porque están haciendo aquello a lo que se comprometieron y, en la mayoría de los casos, menos de lo que debería ser.

Tres muestras

En estos últimos días se conoció un informe de las Naciones Unidas que muestra otro de los liderazgos de esta provincia que tanto se publicita en los medios por lo que está haciendo. “Un informe de las Naciones Unidas ubica al Chaco entre las tres provincias menos desarrolladas” decía el título de la página 3 de este diario el miércoles 12 de este mes. Para ser más precisos el 23° lugar, entre 24. Evidentemente en este ámbito no se está usando buena semilla.

El mismo día, en la misma edición de NORTE, solo unas páginas más adelante se leyó que “Esta provincia (Chaco) lidera estadísticas nacionales sobre niñas de 14 años o menos que dan a luz”, basado en un informe de la Unicef. Allí se decía, entre otras cosas, que esto se debe a la falta de acceso a una educación sexual temprana e integral, más allá de su situación de pobreza y desamparo. Esto tiene plena vigencia, aunque según datos revelados luego por la provincia, el índice se haya reducido en 2016 en un 0,7 por mil y haya habido 42 alumbramientos menos, pasando de 270 a 228. También aquí, muy mala semilla la sembrada.

Como si lo anterior fuera poco, la desgracia o más bien tragedia de la muerte de cuatro trabajadores precarizados (¿en negro?) de Sameep puso en el tapete otra súper falencia del Estado con superpoblación de agentes, muchos en condiciones irregulares como pasa con Salud (el jueves protestaron en el Obelisco de Capital Federal) y los paros continuos. Aquí se podrán decir muchas cosas, pero nada les devolverá la vida a esos cuatro hombres jóvenes ni mitigará el dolor a sus familias. Con motivo de esto se dijo que “es necesario que el gobierno provincial priorice los gastos y no distraiga los fondos públicos en cuestiones superfluas, dejando de lado cuestiones elementales para garantizar la seguridad de la vida de quienes se desempeñan en tareas insalubres y de alto riesgo”. Es decir que en el ámbito laboral también se está usando muy mala semilla.

Todo esto indica que es urgente una acción de la política a través de los partidos para parar este descenso nefasto que se muestra en forma evidente en muchos aspectos que hacen a la vida humana en sociedad. Ocupamos el primer lugar de las falencias pero hablamos como si fuéramos una de las mejores provincias. Hay que hacer un diagnóstico descarnado de lo que nos pasa, cómo estamos, y trazar un plan de emergencia para emplear los recursos en lo que es estrictamente necesario. Hay que buscar la forma de que lo que se siembre no sea mala semilla.