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Claudia Araujo
Por: Claudia Araujo
Carlos Magdalena, especialista en neuropediatría

“El cannabis medicinal supera a la discusión sobre el consumo de una sustancia prohibida”

El neuropediatra Carlos Magdalena expuso en Resistencia evidencia científica sobre el uso medicinal de cannabis en pacientes con epilepsia refractaria.

“Debemos tener un justo equilibrio para usar una sustancia válida y que merece ser utilizada con fines terapéuticos; más aún en casos severos con alto sufrimiento del paciente y gran dolor de su familia”, convocó.

Su primer contacto con el uso de la sustancia abre cada charla que lo llevó a recorrer el país.

Para él todo comenzó hace poco más de dos años con Naira, una beba de dos meses. Después de aplicársele una multiplicidad de drogas anticonvulsivas, la única forma de mantenerla estable fue induciéndola a un coma farmacológico. En esa condición estuvo internada ocho meses en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires. El diagnóstico -peritado con el área específica del Garrahan- daba una expectativa de vida muy baja: dos años.

Pese a tratarse de una encefalopatía epiléptica muy grave, al cabo de unos meses ya no necesitó respirador, se estabilizó y fue dada de alta. Para el médico la evolución ‘escapaba a los libros’ y poco después la mamá de Naira le confesó que la niña mejoró porque le daba aceite de cannabis.

La pequeña Naira falleció nueve días antes de la charla organizada por la Asociación Pensamiento Penal en Resistencia. Magdalena compartió la noticia con pesar: “Peleó hasta el final y se despidió en otra condición; en un aceptable estado de salud, con calidad de vida”.

Desde entonces defiende un tratamiento alternativo que al mejorar la calidad de vida de un niño o a un paciente adulto también lo hace para su familia. 

Por eso sostiene que el cannabis “vino a poner en discusión una cuestión de salud”, que trasciende al consumo de una sustancia prohibida.  

 

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El aceite de Charlotte es uno de los nombres de una sustancia con comprobados beneficios y aún en investigación. Conocedores advierten que se comercializan otras versiones sin propiedades fitoterapéuticas.

Coincidencias en las mediciones

En el auditorio también había mamás y papás interesados en conocer más de una práctica que la asociación Mamá Cultiva hizo florecer en al menos cuatro países latinoamericanos: Argentina, Paraguay, Perú y Chile.

El tratamiento consiste en usar una esencia con alto contenido de moléculas de cannabinol (CBD) que se conoce como aceite de Chalotte. El nombre se lo debe a Charlotte Figi, una niña estadounidense que con su uso superó las convulsiones que le producía el Síndrome de Dravet.

Magdalena expuso además un trabajo que presentó ante la Sociedad Neurológica Infantil Argentina en 2016 sobre siete pacientes con encefalopatías epilépticas graves (West, Lennox-Gastaut, y otras epilepsias refractarias).

“En nuestros modestos hallazgos tuvimos las mismas evidencias que en publicaciones extranjeras: un 60% promedio de control de crisis (epilépticas, convulsiones) y también en cuanto al efecto de mejoría general, de la calidad de vida del paciente y de su grupo familiar”, resumió.

 

Más potencialidades

Un repaso por detalles técnicos ayuda a entender lo mucho que falta investigar: se conoce en parte la acción de dos componentes activos (THC y CBD), pero existen unos cien cannabinoides y al menos 400 químicos.

El neurólogo habla de las certezas: “Hoy sabemos algo muy importante: que actúan todos los componentes de la planta y no algunos en forma aislada. Conocemos cuatro y hay 96 que no, por eso es tan importante investigar para saber qué otras aplicaciones medicinales tiene”.

La evidencia en uso y en observaciones de laboratorio muestra más variaciones cuando se modifica el proceso de elaboración del aceite, la temperatura y otras condiciones de cultivo de la planta.

Cada sistema endocannabinoide es único y algunas veces actúa con pocas dosis, otras con muchas más. Hay periodos de latencia prolongados y la ausencia de resultados inmediatos no significa que haya fallado, sino que necesita un tiempo.

“Al sistema se lo va desafiando de a poco, progresivamente. Hay que tener paciencia. Eso también lo tenemos que explicar a la familia que viene a la consulta, que se necesita tiempo”, aclara. 

 

Efectos secundarios

En estudios publicados en 2015 sobre el uso de aceite en casos de epilepsia refractaria en encefalopatías Lennox, West y maligna, con mediciones beneficiosas en todos los casos.

Una tercera investigación comparó efectos adversos de drogas de uso legal con los del tratamiento alternativo y los resultados fueron similares.

“Las consecuencias adversas del cannabis nunca superaron del 9% contra un 23 a un 60% de medicamentos de venta autorizada para terapias antiepilépticas habituales. Entre las consecuencias no deseadas están: babeo, náuseas, vómitos, diarrea, sueño, insomnio, estado confusional o hipotonía, entre otras.

 

Contra el doble discurso

En respuesta a quienes acusan a los cannábicos de ‘drogar a niños’, el médico responde con una pregunta: “¿Y el clonazepan, topiramato o fenobarbital no son drogas? Esos chicos sí que están ‘falopeados’; no podemos ser tan cínicos, ni tan caretas”.

El discurso prohibicionista para algunas sustancias y tolerante para otras atravesó buena parte de los intercambios con el director del área Drogas de APP, Mariano Fusero, y la legisladora chaqueña Lucila Massin.

En contra de los prejuicios que refuerzan la peligrosidad del uso de derivados del cannabis y que autorizan hábitos mucho más dañinos cita el caso de la cultura de consumo del alcohol, que en el país es la primera causa de muerte en siniestros viales.

 

Otro concepto 

El uso del aceite de cannabis -a diferencia de la farmacología- se origina en la fitoterapia, una forma de terapia natural que aprovecha sustancias de origen vegetal para prevenir o aliviar síntomas y enfermedades.

“Sabemos que muchos de nuestros pacientes no se van a curar, pero las condiciones de vida que transiten con su consumo van a ser distintas”, agrega el médico.

La otra cara de los estudios es el 13% de los pacientes que no mostró respuesta a los componentes alternativos. “No decirlo sería poco riguroso, además esto no es la panacea de nada; no le mentimos a nadie. Lo que manejamos son conceptos medicinales científicos”, subrayó.  

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Al ver los efectos beneficiosos, Carlos Magdalena se interesó por estudiarlos. Hoy está comprometido con nuevas respuestas a dolencias devastadoras para pacientes y su familia.

 

La relación médico - paciente

Carlos Magdalena asegura que en un tratamiento cannábico los médicos también son interpelados por familiares y pacientes que saben más que ellos; una situación en la que se replantea la forma de trabajar y la relación médico-paciente.

“Aprendemos a ponerle la oreja a la gente que convive con el dolor. Soy muy crítico con el sistema sanitario. El cannabis no es solamente su utilidad benéfica, los médicos tenemos que escuchar, dar tiempo y si no pensamos hacerlo, mejor no empecemos a dedicarnos a esto”, aconseja.

 

 

Un modelo solidario 

Mientras la Argentina aún transita la reglamentación del cannabis medicinal, lo único formalmente aprobado es la importación del aceite de Charlotte.

La ley sancionada por el Congreso en marzo autoriza a comprarlo a un productor estadounidense a través de un permiso especial.

El producto utilizado en tratamientos de epilepsia refractaria y como analgésico para dolores corporales intensos generó más de cien consultas en mayo.

Hasta la reglamentación normativa la compra era posible sólo a través de un permiso especial expedido por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, para 'uso compasivo'.

Federalmed es una droguería argentina que, entre otros productos, desarrolla una línea de alimentos para pacientes con epilepsia refractaria. Unos días antes de la sanción de la ley firmó un acuerdo con CW Hemp para ser sus primeros y únicos representantes en el país.

La compañía estadounidense es la única proveedora.

El neurólogo Carlos Magdalena afirma que esa autorización es muy limitada, porque también se podría importar de Gran Bretaña, que también ofrece otros aceites muy parecidos. Además habla de una efectividad también muy limitada, de un 13% a un 20% para epilepsias refractarias exclusivamente.

“¿Qué hacemos con los demás pacientes?, ¿cuál es la respuesta que tenemos ante semejante cantidad de evidencia médica sobre mejoría en la salud? No hay una respuesta a eso, la respuesta que podemos tener es con autocultivo”, propone.

La idea que cobra adeptos porque en la práctica se viene haciendo hace tiempo: un cannabicultor solidario cuida varias plantas para obtener el aceite que proveerá a las familias que lo demanden.

“No hay otra manera. La ley contempla que los laboratorios puedan producirlo, pero mientras tanto van a pasar diez años o más”, plantea.

Con una regulación del Estado las expectativas son de un mayor control en la producción de plantas, de seguridad en el proceso de elaboración y de excelencia en el producto final.

“Muchas madres están reclamando que los aceites sean regulados y controlados, ¿qué más va a pedir una madre que lo que está dando a su hijo es seguro y bueno?”.  

Para ayudar a ocho pacientes en tratamiento se necesitan unas 80 plantas y cultivarlas se consideraría hoy ser un narcotraficante. A una de las productoras de aceite cannábico -Adriana Funaro- la detuvieron por y sigue procesada por cultivar 40 plantas para cuatro pacientes. Magdalena es contundente: “¿Vamos a seguir criminalizando esto?, ¿o vamos a regular y controlar para que se produzca en las condiciones que corresponden?”. 

 

Esa causa llamada Mamá Cultiva

 

Mamá Cultiva es una fundación sin fines de lucro que nació en Chile con el objeto de agrupar a madres de niños con epilepsia refractaria, cáncer y otras patologías sin alcanzar una mejoría en la medicina tradicional.

En varias presentaciones y formas medicinales -resina, aceite, macerados, tinturas, pomadas- encontraron resultados esperados en la terapia cannábica.

Mamá Cultiva está vinculada a Fundación Daya, promueve el autocultivo y no comercializa ningún derivado o extracto proveniente de cannabis.

Dado el gran interés y necesidad existentes por usar y conocer los beneficios promueve la creación de redes de apoyo y contención en Latinoamérica.

Más información en: https://www.facebook.com/mamacultiva/

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Que una familia pueda volver a compartir una comida con todos sus integrantes o ir al cine alguna vez, es parte de la calidad de vida defendida por Mamá Cultiva. Foto de adherentes en Paraguay.