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Claudia AraujoPor: Claudia Araujo

Afroascendencia: la identidad negada

“La Argentina no fue ni es el país blancoeuropeo que imaginaron nuestros abuelos y no carecemos de población negra, sino que no la asumimos como parte de nuestra identidad; le negamos el lugar y los méritos que le corresponden”. En esos términos el antropólogo Norberto Pablo Cirio resumía en 2015 la visibilidad que hace tiempo moviliza a argentinos afrodescendientes.

Fotos-Fabian Maldonado

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El investigador del Instituto de Musicología “Carlos Vega” volvió a plantearlo esta semana en Resistencia durante un foro provincial. Ante medio millar de docentes junto a varios investigadores de la temática habló de la importancia de que el aporte afro sea parte de los contenidos que se dan en las escuelas. La docente e integrante de Autoconvocados Afrodescendientes Chaqueños (Afroch) Claudia Margosa habla de una identidad nacional con tres grandes ‘madres’: la indígena, que habitaba el continente; la europea, de la que siempre se habló; y la africana, que está negada.

claudia margosa.jpgClaudia Margosa integra Afroch. La asociación se reúne en el Cecual, lunes y miércoles, de 20 a 22, y sábados de 17.30 a 19.30, para el programa Che Negro por radio La Alternativa (cecual.com/).

Además de marcar un arribo completamente distinto entre los que eligieron subir a los barcos y los que fueron traídos por la fuerza, las distancias en la mirada de cada cultura y en los accesos a derechos prevalecen hasta nuestros días.

Historias personales y familiares

“Los afrodescendientes no nos conocemos, viéndonos y reconociéndonos sabremos cuántos somos; reunirnos y multiplicar nuestras ideas nos fortalece”, invita Lucía Molina Sandez, de la Casa Afro Indo Americana de Santa Fe. Ella integra la Red Federal de Afrodescendientes del Tronco Colonial, un espacio que convoca a descendientes del país y también a quienes les den visibilidad.

En un primer día de largos abrazos y conmovedores testimonios, valora la necesidad de encontrarse, porque “la sensibilización es muy necesaria para la la toma de conciencia”. Margosa asiente: “El foro fue un disparador y por eso queríamos que vengan los que querían y podían”.

A la pregunta: ¿por qué hablar de negritud hoy?, la gestora de Danza Identidad responde que para muchos es muy importante indagar, reconocer orígenes de su historia personal y familiar. “Además, en un momento de democracia, de práctica de derechos, la construcción de la identidad se convierte en una necesidad”, subraya.

Así nació Afroch, un espacio que hace unos dos años reunía a un puñado de chaqueños identificados con la cultura afro o su estudio. Entre los próximos pasos para este año están la organización de talleres y conversatorios, que esperan continuar el camino abierto en el domo, solo que en una segunda etapa se propiciarían grupos más reducidos y de intercambio con participantes. Para el 25 de julio está prevista una instancia especial por el Día de la Mujer Afro y otra similar por el 8 de noviembre, fecha que conmemora a María Remedios del Valle, Madre de la Patria. Además se prevén talleres de música afrolitoraleña, que se suman a los de candombe, donde “se canta, hace música y se baila entendiendo que el toque de tambor y los movimientos de la danza no son por diversión, sino una forma de rezar y relacionarse con los ancestros”.

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La danza y los tambores acompañan la mayoría de las actividades.
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Otra esclavitud

Para Lecko Zamora, así como sucedió con la cultura wichí, qom o moqoit, la cultura afro necesita visibilizarse “porque la negritud siempre estuvo en este espacio que hoy llamamos Chaco”.

“Sabemos que hace 150 años se abolió un tipo de esclavitud, pero existe otra: la que está en la cabeza de los que se identifican sólo como descendientes de europeos y no quieren ver las realidades, ni apoyar una unidad con otras culturas”, opina.

Zamora recorrió buena parte de Latinoamérica y reconoce en estas latitudes una negritud presente en las canciones y en los cuerpos. “Ojalá que más coterráneos sean concientes de que no solo fuimos poblados por indios y gringos, necesitamos correr cortinas y darnos cuenta de quiénes somos. Y los descendientes de negros tienen que sentirse orgullosos de sus raíces, que tanto han aportado a la región, al país y al mundo”.

Convencido de que la Argentina es un país ‘duro’ a la hora de reconocer y dar participación a los pueblos indígenas y a la negritud, invita a seguir el camino de países hermanos y a continuar un proceso que abrieron afrodescendientes como el virtuoso guitarrista Oscar Aleman, que pudo sobresalir a pesar de las dificultades de su época. “Ésos son verdaderos héroes”, dice.

Todavía muchos desconocen que la

Madre de la Patria era negra

hombre afro.jpg“De Canadá a la Argentina, compartimos tres raíces culturales: pueblos originarios, europeos que llegaron al continente y africanos esclavizados”, sintetiza Carlos Lamadrid.

En las ponencias hubo testimonios conmovedores e imágenes recientes o de época, donde los rostros decían más que las palabras. También se señalaron algunas de las expresiones de uso corriente que naturalizan significados peyorativos. “Trabajo en negro”, “laburo de negro”, “se la vio venir negra”, “negro de mier…”, son algunos de los ejemplos del arraigo del descalificación de los ‘morochos’.

“Toda la vida me llamaron Negro con afecto, el problema es cuando esa misma palabra contiene una carga de descalificación o discriminación”, diferencia Carlos Lamadrid. Por tradición oral sabe que su apellido proviene de un linaje que era propiedad de la familia Aráoz de Lamadrid.

Muchos libertos fueron anotados con el nombre de la familia que lo esclavizó. Así es frecuente encontrar afrodescendientes con apellidos de militares y de destacadas personalidades del virreinato del Río de La Plata.

“Sabemos que el Padre de la Patria es San Martín pero muchos desconocen que María Remedios del Valle es la Madre de la Patria y era negra”, remarca. El recuerdo a la capitana del Ejército del Norte, que Manuel Belgrano reconoció por su lealtad a la causa emancipadora y por su valentía en el campo de batalla, es parte del ejercicio de la memoria de que no todos eran libres después de 18010 y 1816.

“El maltrato de una parte de nuestros antepasados es algo que no se puede negar y sin embargo a pesar de ese maltrato ellos aportaron a la construcción de lo que hoy llamamos Argentina. Lo vemos en los esclavos que defendieron Buenos Aires durante las invasiones inglesas, en los soldados que lucharon por la independencia y en célebres exponentes de la cultura como Oscar Aleman”, ejemplifica.

El granadero que rescató a San Martín de una muerte segura durante la batalla de San Lorenzo es otro destacado personaje de la historia nacional. El sargento Juan Bautista Cabral había nacido en Corrientes, hijo de José Jacinto, indígena guaraní, y de Carmen Robledo, una esclava de origen angoleño. En los libros de historia durante mucho tiempo Cabral fue retratado como blanco. No obstante en el pasado hubo otras referencias dolorosas. El docente Ariel Andino sostiene que también habo soldados negros que lucharon contra pueblos indígenas, tanto en la campaña del desierto en la Patagonia como en la denominada conquista del Chaco salvaje.

La hermana de Carlos, María Elena, fundó en 2008 la asociación Misibamba para reconstruir esa parte de la historia familiar con otros afroporteños y contribuir a una historia colectiva aún invisibilizada.

Misibamba es una de las asociaciones del país dedicadas a difundir una cultura todavía reconocible en varios edificios y cuerpos argentinos. De los conventillos del barrio de Monserrat a casas de cartón prensado en una zona de un vertedero municipal, la marginación de la población afro se repitió en varios momentos de la historia reciente. El camino es largo y empieza por la visibilización, incluso en tierras aparentemente distantes como el Chaco.

El Norte argentino tuvo dos afluencias migratorias

chico afro.jpgAndino hizo una crítica a la organización del encuentro en Resistencia: “Se trajo a gente de Buenos Aires, cuando hay chaqueños que podían exponer”.

Ariel Andino, de Afrochaqueños Unidos, expuso sobre historia regional, como invitados en uno de los paneles. El docente sostiene que los afrodescendientes del Norte argentino tuvieron dos afluencias migratorias. Una proviene de Brasil y se estima que llegó a fines de 1850, en una fecha que no está del todo definida y coincide con la abolición real de la esclavitud en el Río de la Plata, mucho después de la proclamación de la libertad de vientres. “Llegaron en busca de su libertad; ese linaje se asentó en esta región; algunos en el Camba Cuá correntino, otros en esta orilla del Paraná”.

Otra corriente poblacional más antigua habría ingresado por Tucumán y Santiago del Estero, en los tiempos en que esa región dependía del virreinato que hoy están delimitadas como los países de Perú y Bolivia. “Esos esclavos se dedicaban a la minería. Tuvieron un gran mestizaje con las comunidades indígenas, que también eran esclavas y convivían. Provengo de ellos”, asume.

Decir que se es afro, ¿todavía es visto como algo raro?

-Sí, muchísimo. Hay personas afrodescendientes que no se reconocen y a las que tienen rasgos más visibles les suelen preguntarles de dónde son, porque se cree que en la Argentina no hay negros. En nuestro país sobrevivió una minoría después de varios exterminios que se dieron a lo largo de la historia, como sucedió con los indígenas.

Conciencia social

En la provincia los integrantes de la 8 de Noviembre también ayudar económica y socialmente a familias afrodescendientes o a personas en situación de calle. “Están excluidos del sistema y doblemente discriminados: no pueden conseguir trabajo porque son pobres y por sus rasgos”, sincera.

Además una tez oscura y la falta de escolarización relega a muchos a tareas domésticas o forzadas, peyorativamente definidas como 'trabajo de negro'. En 2016, después de una jornada de sensibilidad afro en Buenos Aires el profesor de Historia oriundo de Charata se unió al movimiento afianzado en Sáenz Peña y con integrantes de otras ciudades, incluso de Resistencia. Su búsqueda personal comenzó hace unos cuatro años. Confirmó lo que siempre supo: que pertenece a la sexta generación de descendientes de esclavos. “Hoy sigo recuperando una historia que en mi familia de origen prácticamente ya no queda nada; ni música, ni costumbres”, confiesa.